Conocer es hacer algo que aquieta lo que somos.
Descansar no siempre es detener el cuerpo, muchas veces es aquietar el alma. Es recordar que no todo depende de nuestras fuerzas y que Dios sigue siendo Dios mientras nosotros reposamos.
Vivimos en una época en la que al descanso le hemos puesto nombres de viaje, de plan o de cambio de actividad. Lo programamos en la agenda, lo reservamos con anticipación y contamos los días para que llegue. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente descansar.
Porque lo que para mí puede ser descanso, para otra persona puede resultar algo angustiante. Quedarse quieto, contemplar la naturaleza, permanecer en silencio y/o desconectarse de las redes sociales puede sentirse como un regalo para algunos y como una pérdida de tiempo para otros. Hay quienes experimentan la sensación de estar perdiéndose de algo cuando dejan de hacer lo cotidiano.
Y puede que sea cierto, pero no es relevante. Alguna vez escuché decir que descansar es cambiar de actividad, porque el cerebro se renueva y la rutina encuentra nuevos caminos. Y aunque creo que hay algo de verdad en ello, también pienso que el descanso es mucho más profundo que solo el cambio de actividad.
Al principio de todo Dios mismo contempló el descanso. Después de crear los cielos, la tierra y todo cuanto existe, apartó el séptimo día, ese último día para descansar. No porque estuviera cansado, sino porque se detuvo a contemplar. A sentir orgullo de su creación. Y para enseñarnos que el descanso es algo de nosotros no solo para ver, sentir o creer, sino para decir que es bueno hacer pausas.
Si nos preguntamos qué significa descansar desde nuestros distintos roles —como hijos, hermanos, amigos, profesionales, padres, esposos, creyentes o ciudadanos— probablemente encontraríamos respuestas muy distintas. Incluso desde lo político y social pareciera que no podemos descansar. Vivimos tiempos tan ocupados que dejar de opinar, de publicar o de reaccionar en redes puede sentirse como una forma de ausencia, de vacío o de que algo nos hace falta.
Pero pienso que descansar también es detenerse un momento cualquiera para reconocer cuánto hemos aportado a la vida que tenemos y, al mismo tiempo, reconocer que nada de ello lo hemos construido solos. Ya que la otredad es importante tanto para nuestro desarrollo cognitivo como para nuestro relacionamiento social. Entonces por ello puedo insistir que descansar también es una forma de agradecer a ti mismo por haber permanecido firme cuando las circunstancias fueron difíciles.
Así mismo es agradecerle a tu cuerpo por sostenerte durante jornadas interminables frente a una pantalla. Porque, incluso cuando olvidas cuidarlo, al caminar, al tomar aguita, y aun al comer saludable, el cuerpo encuentra la manera de seguir funcionando.
De eso se trata entender el descanso, descansar también es agradecer a los demás. Es decir, “gracias por estar cuando todo parecía derrumbarse”. Es reconocer a quienes han caminado contigo o aquellos que hoy siguen a tu lado cuando el camino se volvió más difícil.Descansar es contemplarte. Es mirar con honestidad todo lo que has recorrido y todo lo que has alcanzado hasta hoy.
Así mismo qué diferente sería cada noche si, antes de dormir, en lugar de repasar la lista interminable de lo que nos falta, pudiéramos decir “hoy logré esto. Gracias, Dios, por lo que alcancé. Gracias porque hasta aquí me has traído y has guardado a quienes me rodean”. Ahí entonces tal vez el descanso verdadero comienza a surtir efecto y no solo cuando dejemos de obsesionarnos con lo que aún no tenemos y aprendemos a valorar lo que ya hemos recibido.
¿Por qué descansar? en el fondo es reconocer que no tenemos el control absoluto de nuestra vidas. Es aceptar que hay cosas que no dependen de nosotros. Y que mientras no las soltamos, nuestra mente seguirá trabajando incluso cuando nuestro cuerpo esté inmóvil. Por eso hoy te dejo un verso que resuenan con tanta fuerza en mi mente y este está en el Salmo 46:10 que dice“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”.
Ahora, ¿Qué difícil resulta estar quietos en una cultura que nos empuja constantemente a producir, responder, opinar y demostrar? Sin embargo, el descanso comienza precisamente cuando dejamos de ocupar el lugar que le corresponde a Dios y recordamos que Él sigue sosteniendo el mundo aun cuando nosotros nos detenemos. Sabemos que vivimos bajo una cultura que nos exige producir constantemente. Eres parte del club de las 5 am, Si no madrugas, si no trasnochas, si no haces ejercicio, si no cumples una lista interminable de tareas o si no publicas cada logro, pareciera que el día fue desperdiciado.
Pero quizá no solo es la cultura sino que el cuerpo te está diciendo algo distinto y a este debemos escuchar ya que “hasta aquí te he traído. Dame un momento para respirar y así poder continuar”. Y tal vez de eso también se trata la vida. De hacernos preguntas que parecen sencillas, pero que cuando su respuesta llega esta nos transforma. Preguntas que nos recuerdan que no todo depende de nuestras fuerzas. Y ahí podemos entender lo que Jesús dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” Mt 11:28, Él no estaba ofreciendo simplemente una pausa física. Estaba invitándonos a depositar nuestras cargas en Él. A reconocer que no fuimos creados para llevar solos el peso de todas las preocupaciones, responsabilidades y afanes de la vida.
Ya que sí Dios decidió descansar siendo todopoderoso, ¿por qué nosotros creemos que no podemos hacerlo? Por eso, date un tiempo. No sé si será para viajar, para comer un helado, para caminar, para leer un libro, para contemplar un atardecer, para quedarte en casa o simplemente para dormir. Lo único que sé es que vale la pena detenerse.
–Detenerse para agradecer –Detenerse para contemplar. –Detenerse para reconocer que has llegado hasta aquí. Y agradecerte por permanecer, por persistir y por insistir, incluso en los días en los que parecía imposible seguir adelante.
Entonces cuando llegues esta noche, antes de cerrar los ojos, quizás puedas hacer una pausa y recordar que el descanso también es un acto de confianza. Una declaración silenciosa de que Dios seguirá obrando mientras tú duermes. Como escribió el salmista: “en paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. Sal 4:8. –Porque al final, descansar no es rendirse. Es confiar.
For: Gladys Angarita Verdugo.
Deja un comentario