Hemos aprendido a ser déspotas y peyorativos con el mundo, esté grita igualdad.
Creer en la igualdad, es posiblemente saber que esta es una utopía, tanto en lo que buscamos como en lo que deseamos para todos. Verla es como caminar hacia el horizonte, inalcanzable, inexistente, es como caminar diez pasos al frente, y es ver como esta se aleja diez pasos.
A veces es tan grande que no cabe en una sola palabra o en miles de razones para explicar que hay detrás de ella, esta es una palabrería que entra como nueva posibilidad para nosotros dentro del tiempo que tenemos. Ya que en este luchamos para no callar lo que es la verdad desde las condiciones sociales y culturales que transforman la vida que tenemos.
Todos lo intentamos, todos nos formamos, todos decidimos cual es el mejor camino para avanzar, creer y crecer con otros. Por ello la equidad es una causa y una consecuencia de NO aprender a superar lo que somos y nos quedamos con los discursos de antaño.
El hombre y la mujer somos distintos. Tanto en formas, pensamientos, costumbres, creencias y aun como nos cuestionamos el mundo. Desde esa premisa podemos avanzar a un lugar más equitativo para todos. Donde el reconocernos y aceptarnos desde las diferencias es aprender a construir la realidad.
Esta realidad es el espacio lírico para que podamos decidir como queremos ser. Exitosos, frustrados, alegres, deprimidos, profesionales, especialistas, técnicos, empíricos, creyentes, devotos, gentiles… Esta es una decisión que debemos aprender a tomar, asumir y a compartir con el mundo.
Ya que no somos quienes, pueden juzgar a otros en el cómo deciden enfrentar el mundo. Ya que las razones personales son la consecuencia de nosotros mismos ante la realidad. Hoy logramos un peldaño, mañana nos caemos de este. Pero cómo decidimos levantarnos así viviremos.
La equidad sería más que un trabajo, sería una discusión, una conversación amplia con quienes nos rodean, una reflexión teórica, social, económica, espiritual, cultural, sería ese punto de inflexión a nuestras causas éticas y políticas. La equidad sería un movimiento que costaría la vida misma, superando las dificultades existentes y sería el construir los cambios acertados para que esta generación como las siguientes vivan en un mundo justo y bueno.
Equidad es ser parte del cambio, es la promoción de un diálogo amplio, de la resolución de conflictos, del reconocimiento de las diferencias y de liderar acciones concretas dentro de las estructuras políticas, económicas y culturales de nuestro mundo, donde la visión o las doctrinas dominantes se quiebren y nos den una esperanza tardía para nuestra sociedad.
Hemos de soñar tan alto que ni siquiera nuestras alas logran volar hasta allá. Ya que de eso se trata la sociedad, las relaciones y la tranquilidad que nos inunda. Es poder ver lo que no hemos visto como si ya fuese y no perder las fuerzas para decirle al mundo que este es un lugar donde caben muchos mundos.
Comencemos de una vez, a unir las palabras, las voces, los distintos rostros y aun esas realidades que creemos que no tienen nada en común para decir que este movimiento ha comenzado a trabajar por una cultura que brota identidad, esfuerzos y rastros de tierra en toda su silueta.
Hablemos de los caminantes, de los migrantes y de los extranjeros que viven con nosotros, de los artesanos, los campesinos, los negros, los palenqueros, los Room… reconozcamos las distintas voces para hacer de nuestra realidad el sueño que no se ha dejado de soñar. Siendo este el reconocimiento de la victoria sobre la muerte, el abrazo fraterno, el amor eficaz y el compartir la mesa. Demos con generosidad que al final llegará lo que nos corresponde. Aún si en el camino conocemos en ocasiones el dolor y el sufrimiento.
Por eso usemos nuestros recuerdos para superar nuestras propias limitaciones, unamos el tono de la voz fuerte, para ayudar, servir, curar y ser lo que otros no son. Ya que la historia no solo se escribe desde hoy, sino que ha comenzado con aquellos que ya no están con nosotros y nos han dejado una camino que trazar.
A lo cual No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos si no desfallecemos. Es por ello que cuando hablamos de equidad sabemos que hablamos de consciencia, resistencia y lucha desde las palabras y las acciones que traen transformación.
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