Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

La ruta de todo contexto es caminar sin buscar la gloria propia.

Es la multiplicidad de hechos lo que se demuestra es lo que está dentro de nosotros sea la grandeza o la ruina, la pobreza o la generosidad, estos son productos de la misma idea. Perseveras o dejas de hacerlo. Vives o sobrevives. Reflexionas o te dejas llevar por la corriente. Todo lo que hacemos tiene una causa y una consecuencia y sin importar donde estemos debemos aprender de las secuencias.

Estas son una serie de elementos, hechos, números o acciones ordenadas que guardan una relación lógica o progresiva entre sí. Implican una continuación o seguimiento, donde el orden y la posición de cada elemento son importantes para entender el conjunto.

Es decir, es nuestra receta propia para la vida, para el amor, para las creencias, para el olvido y por qué no para el luto, la derrota, el fracaso y aun la certeza de que vivimos en contextos ajenos a nosotros y a otros desde lo que hacemos. Ya que aprender a meditar, a reír, a llorar es en múltiples ocasiones no saber qué hacer con todo lo que tenemos por delante dejando lo que hay detrás. 

Por ello, que la secuencia de lo que hagamos nos lleve a poder vivir como deseamos, en cada espacio o en cada lugar conmemorativo que demuestre los años que tenemos y los que ya se han avanzado en estos que muestren la añoranza de sus historias, porque de ellas podemos aprender lo que nos falta para vivir. 

Ya que la profundidad de la vida lo que debemos aprender es a cuidar lo que muchos han hecho en sus caminos para desarrollar nuestra propia identidad raizal, que da consigo la cultura, la identidad y el rescatar, preservar y conservar lo que somos de los tiempos modernos.

Porque hoy estamos en la atadura del algoritmo, de las noticias faltas y aun de la comida rápida, y si nos adentramos en lo que da valor al ser humano, hemos descuidado las relaciones sociales, sentimentales y aun nuestras creencias espirituales. Ya que hoy por hoy todo lo que la sociedad del siglo XXI nos da se convierte en líquido, ya sea porque caemos en la inmediatez o porque hemos perdido de vista lo que es esencial a los ojos y esto da fallas en el amor, la identidad, las preferencias y aun hasta nuestros propios postulados.

No hay discusiones sin objetivos claros, ni apoyo cuando las iniciativas son faltantes de dirección, bien dice el proverbio (29:18) ‘Sin visión profética el pueblo perecerá; mas el que guarda la ley es bienaventurado’, emprendamos una conversación amplia, constante y apoyemos al más cercano para entender que la suma de todas las acciones son necesarias para transformar la realidad.

Hablamos de un relacionarnos los unos con los otros, de reconocer la diferencias, de construir equipos, de procurar la paz y la libertad de hacer de nuestros días un quehacer cercano y constante con lo que soñamos ya que desde ahí se desprende la fe y la confianza en lo que no vemos.

Todos poseemos dones, talentos, habilidades y/o cualidades, nuestra tarea es descubrirlos. Ya que muchos de ellos se convierten en habilidades naturales, constantes, personales y colectivas que deben sumar a muchos otros para así alimentarlas para que nuestro espíritu crezca, y así emprender desde ese saber que es coexistencia.

El cual va en dirección al ambiente, a las causas sociales, culturales y de afinidades políticas que buscan la justicia y equidad. Ya que es difícil ver cómo muchos no poseen secuencias en sus vidas y van en la corriente del mundo que satura, abruma y desesperanza con tanta información y relativizan la verdad y comienzan a llamar malo a lo bueno y bueno a lo malo.

Por eso nuestro deseo hoy es poder construir secuencias que cambien la vida. Que nos lleven a tener conversaciones amplias, reflexiones profundas, sentidos de pertenencia a nuestra cultura, a nuestra identidad raizal y a romper el molde con el amor eficaz y las acción éticas en un mundo moralista. Ya que conoceremos la verdad y esta nos liberará (jn 8:32).

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