El peor error del hombre es tener fanatismos. No cuestionar lo que ve y poseer oídos sordos a la realidad.
Todo lo que somos, se reduce en lo que creemos y poseemos, de eso se trata pensar, imaginar, reflexionar y tener la certeza de que nuestras acciones nos están llevando a lo que no conocemos pero sabemos que nos aguarda.
Ya que de eso se trata caminar, de abrir pasos, reconocer lugares y establecer nuevas metas para avanzar. Ya que cada historia que tenemos es un cúmulo de emociones, sensaciones y percepciones de la realidad que nos hacen discutir.
Hoy es un buen día para que discutamos, para que aprendamos con otros lo que es la vida, la realidad y aun las relaciones sociales que nos representan. Todo lo que ocurre fuera de nosotros nos da un argumento, una pregunta o una conclusión de lo que debe ser mejor.
Argumentar no solo es repetir información, es analizar, meditar y ampliar la perspectiva de lo que ocurre con lo que otros dicen, por ello escuchar es el primer paso para avanzar a todo lo que nos costará tanto en tiempo, como en esfuerzo.
Ahora, preguntar es cuestionar el orden, la realidad, las creencias y tomar decisiones para que estas sean coherentes y consecuentes con lo que somos. Ya que muchos no ven o si lo ven se hacen que no es con ellos. Que lo que se profesa va seguido con las acciones y en otras palabras “Más alguno dirá: Tú tienes la fe, y yo tengo las obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” Stgo 2:18.
Ahora llegar a las conclusiones no es decir que ya damos por terminado todo, más bien es aprender a cerrar los ciclos, a cerrar esos procesos que nos condicionan, que nos llevan de un lado a otro sin poder avanzar. Para así ampliar, crecer, entender y saber que la vida no solo es una construcción personal y colectiva, es un desarrollo constante que debemos enfrentar para seguir esta conversación amplia.
Por eso, cuando discutamos escuchemos, meditemos y reflexionemos lo que ocurre con quienes están a nuestro lado. Todos los temas son importantes conversarlos, argumentarlos, cuestionarlos y concluimos para ir en pos de lo que no se ve.
Y esta es la invitación para hablar de todos los temas que son polémicos, como la política, ¿es bueno ser de izquierda o derecha?, la economía, ¿somos capitalistas o estamos destinados al socialismo o comunismo?, las creencias espirituales, ¿somos cristianos (ortodoxos, catolicos, evangelicos, protestantes…), hinduistas, musulmanes, nueva era?, la sexualidad entre hombres, mujeres, la educación pública o privada, la corrupción, el engaño, la traición, la guerra de mediano oriente ¿será que nos alcanzará?, los bloqueos económicos, la historia…
También tengamos presente que nuestras ocurrencias suma al entendimiento de lo que vivimos y hacemos de nuevo, de eso se trata, de que entremos en choques personales, y colectivos para comprender a mayor escala los que a todos nos afectan. Pero cuidémonos de caer en banalidades, porque en ocasiones es mejor una amonestación que una alabanza. “Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece” Pro 27:6.
Las reglas del juego no están predestinadas aún, sabemos que debemos cambiar, transformar, evolucionar y ser útiles para lo que viene, avancemos con paso firme y rompamos toda argumentación vieja que nos separa de nuestros pares, ya se decía con anterioridad en la teología de liberación y en el Amor Eficaz, “insistamos en lo que nos une, y prescindamos de lo que nos separa” C.T.R.
Discutamos es hacer parte de una visión mayor a la que conocemos, no es política, historia, economía… La discusión es un buen ejemplo de que nos conocerán por nuestras obras, las cuales nos dan el poder para hablar, expresar, exhortar y corregir las enseñanzas que son perversión. Por lo demás que de nosotros salga todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto ejercitados.
Para que el mundo de hoy sea lo que no merecemos recorrer, desafiando a no llegar primero sino a llegar a la meta con muchos otros, porque el verdadero cambio se da desde adentro hacia afuera. Cuidando con perseverancia lo fundamental, lo esencial y nuestras relaciones con los otros.
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