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Son nuestros pensamientos los que hacen el mundo ¿pero cuando cambiamos la realidad?

El mundo es distinto desde la pandemia del Covid-19, pero si lo miramos más atrás este ha cambiado desde los 2000 y sus avances en la internet y la tecnología, si seguimos la línea podemos decir que el siglo XIX fue de cambios políticos, sociales, económicos, culturales y tecnológicos, recordemos las revoluciones, industrial, liberales, nacionalismo, la abolición de la esclvaitud, la llegada de la imprenta, el desarrollo de teorías científicas, como la importancia de la comunicación y el transporte, y así podríamos irnos hasta el comienzo de la historia de la humanidad para encontrar esa constante y es la renovación.

Por ello hablar de la renovación es aprender de todo lo que ocurre, de las tendencias, de los fracasos, de los retos y aun esos desafíos que tenemos como sociedad. ¿Será que es suficiente lo que hoy tenemos o necesitamos más libertades? Y acá es importante no caer en el libertinaje, sino más bien hablar de las responsabilidades que tenemos como ciudadanos en la sociedad. Ya que debemos ver en nuestras acciones el desarrollo de nuestra comunidad. No entrando en la dicotomía de agradar a unos y desagradar a otros por entrar en el juego de la cultura pop.

Hoy la cultura marca caminos, tendencias y exige más de lo que creemos. Por eso verla es saber que si queremos un cambio, una renovación o una transformación debemos darle en el punto para que esto haga eco a nivel generacional. Las modas pasan, los artistas igual, los políticos quieren ser virales, pero nosotros ¿dónde quedamos? en el ojo del huracán, o en las posiciones que compartimos con nuestros allegados y desde ahí en la generación de discusiones sin sentido o como otros conoces en obras muertas. 

Todos queremos ser relevantes, importantes y ser el punto de comparación. Pero al que mucho quiere mucho se le exige (Lc 12.42). Como al que se ama mucho, mucho se le perdona (Lc 7.47). Y este es un principio de corresponsabilidad. Nos preparamos para este tiempo, para este futuro, para esta realidad. Y cada esfuerzo que hagamos es respuesta a esa renovación. Los cambios se dan desde nuestro interior día a día aun cuando nuestro exterior se desgasta (2 Co 4.16). 

Por eso nuestro mayor acto es cuidar nuestro corazón porque de mana la vida (Pr. 4.23). Para cada instante, para cada momento, para cada circunstancia y para cada idea que viene a nosotros de la vida que compartimos. Ya que somos distintos en cualquier momento del día.

Renovación es aprender a elegir lo que vemos, lo que escuchamos y lo que decimos para que la realidad sea nuestra mayor causa. No somos perfectos ni lo lograremos. Es más es romper lo que somos para seguir adelante, en una causa, una creencia, una fe o aun nuestras propias ideas que levanten a muchos otros. Ya que renovar es aprender a ser distintos desde lo sencillo aun cuando esto nos de rechazo.

Es aprender a ver más allá, es servir a otros desde lo que somos y desde lo que aprendemos, es caminar con errores y con victorias, es responder de otra manera no desde la tradicionalidad sino desde lo inesperado. Es llevar la carga una milla más, es perdonar en tiempos de odio y es soltar todo aquello que nos ata. 

Son nuestros pensamientos, son nuestras acciones, son nuestras emociones las que debemos renovar día a día. Porque estas son bombardeadas para que sean como las de todo el mundo. ¿Somos iguales? No, todos somos distintos al otro y desde esa diferencia podemos encontrar el respeto y la verdad para ser unidad. 

Es a esto entonces que la renovación nos lleva a buscar la victoria en cada una de nuestras áreas personales para decir que esta es tan cierta como lo que nuestros ojos pueden ver, y que no existe un lugar mayor para pensar en lo que nos falta conquistar que una caminata cotidiana y una conversación sincera con quienes nos pertenecen.

Es decir que nuestra declaración sea fortaleza para otros, y que está siempre venga de lo Alto para dar vida a nuestros huesos y a nuestro espíritu, porque ahí es donde está nuestra confianza. Que el hoy, el mañana sea nuestra mejor actuación, nuestra mayor perseverancia y aun nuestra mejor lucha para saber que todo es bueno y justo cuando se busca la paz. 

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