Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros; entonces entenderás el temor del SEÑOR, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el SEÑOR da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Prov 2:4-6
Cuando pensamos en la palabra buscar, que se nos viene a la mente, que algo se nos ha perdido, o que hay una recomendación sobre lo que necesitamos, e intrínsecamente decimos que esta es buena. Y nos ponemos a la tarea de encontrar lo que se nos ha dicho.
Es por ello que lo intentamos una y otra vez hasta verlo de nuevo o sentir la percepción que se nos ha dicho. Y quizás de eso se trata, de traer lo oculto a la luz y que muchos sientan la claridad de lo que es verdad. Porque la verdad nos hará libres.
Por eso una clara imagen de buscar es el papel que juegan los Mineros. Personas que buscan, se esfuerzan y en ocasiones ponen en riesgo su propia vida para encontrar cualquier metal o recurso precioso que está en las profundidades de la tierra o de la mar.
Pero si lo llevamos a un plano más de ciudad, más de escuela, o de la cotidianidad de niños, jóvenes, adultos, todos estamos en la búsqueda permanente de la sabiduría. Ya sea en libros, revistas, charlas, comentarios, podcast, videos, todo lo que consumimos nos da un poco de conocimiento, pero ¿la sabiduría entonces que es?
Algunos dicen que es el cúmulo de saberes, otros dictan que son las experiencias, pero otros dicen que es la relación del conocimiento, la experiencia, y el buen juicio razonado sobre las circunstancias que están al servicio de muchos.
Es decir, ser sabios es escuchar, es actuar, pero también es alentar a que muchos otros sean la mejor versión de ellos. No en los estándares del mundo, sino en sus propias capacidades.
Y quizás ese puede ser nuestro comienzo, entender que el mundo está lleno de información, datos, referencias y aun de esas historias que nos asemejan los unos con los otros. Mostrando así no sólo nuestra condición como humanidad, sino que todos tenemos un comienzo, un desarrollo y una despedida.
Siendo el desarrollo a lo que más le apostamos, con la educación, las inversiones o esas experiencias que caen en nuestras manos y deseamos revivir una y otra vez. Ahora, cuando llega la despedida hacemos un recuento rápido de todo lo que hemos vivido y a sabiendas que nuestro tiempo ya se está agotando intentamos una vez más dejar lo mejor de nosotros para que otros sean y no repitan lo que nos tocó vivir.
Y es por ello que la sabiduría hoy nos visita, hoy está a la puerta de nuestra vida y nos insiste en que la sigamos buscando. En que todo lo que somos se puede transformar, puede tomar otro rumbo y así mismo encontrar la plenitud de todo lo que hacemos. Por eso, podemos decir que la sabiduría es la búsqueda de todo lo que el ser humano quiere cuando en su corazón está romper el molde establecido.
Es decir, todo aquel que cuestiona el status quo, el que posee una visión crítica de lo que ocurre, pero también el que actúa de forma consciente y consecuente con todo lo que lo rodea. Reconociendo, respetando y aún alentando a que otros sean como deben ser. Está en esa búsqueda de la sabiduría.
Ya lo decía Pinedo (2001) en su texto “La sabiduría y su ubicación en la pirámide epistemológica” La sabiduría es el pinar más alto de la pirámide, seguido del entendimiento, como del conocimiento, la información, los datos, los bytes y en su base los bits. Este último como las unidades más pequeñas del bytes. Que al acumular muchas pueden superar lo programado, lo establecido o lo ya escrito para nosotros.
Ya lo decía Salomón: Yo, la sabiduría convivo con la prudencia y poseo conocimiento y discreción. Míos son el consejo y el buen juicio, míos son el entendimiento y el poder, por mi promulgan leyes justas los gobernantes. Aborrezco el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso. A los que me aman les correspondo y a los que me buscan me doy a conocer. Conmigo están la riqueza y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos.
Conserva el buen juicio y no pierdas de vista la discreción, te serán fuente de vida, te adornarán como un collar. Podrás recorrer tranquilo tu camino y tus pies no tropezarán. Al acostarte no tendrás temor alguno, te acostarás y dormirás tranquilo. No niegues un favor a quien te lo pida si en tus manos está el hacerlo. Nunca digas a una persona vuelve más tarde, te ayudaré mañana si hoy tienes con que ayudarlo.
No urdas el mal contra quien ha puesto en ti su confianza, no entres en pleito con nadie que no te haya hecho ningún daño, no envidies a los violentos ni optes por andar en sus caminos. No desprecies a Dios porque de él proviene la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus palabras. Voy por el camino de la rectitud por los senderos de la justicia, enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros.
Es decir la sabiduría da perseverancia y está compromiso, siendo así una convicción mayor a lo que otros dan. Por eso el proceso de buscar conocimiento es de paciencia, dedicación y sobre todo saber interpretar. Pero aún es mayor, cuando reconocemos que necesitamos de Dios en todas las áreas de nuestras vidas.
Porque podemos ganar el mundo, tener todo el conocimiento, la fama y la riqueza, pero ¿para cuando el temor de Dios?, esa es una pregunta que debemos contestar en intimidad, en el nosotros mismos y verlo más allá de una visión religiosa, más bien como una relación, que nos da lo que hemos de necesitar más no lo que queremos. Porque engañoso es nuestro corazón.
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