Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Es la intriga el mejor campo de batalla que podemos tener para seguir, perseverar e insistir.

Cada acto de la vida nos lleva a nuevos horizontes, estos nos retan no solo a ser mejores cada mañana, sino a creer en lo que no hemos visto y forjar el carácter que hoy tenemos.

Este carácter es el cúmulo de muchos aprendizajes, de muchas reflexiones pero sobre todo de muchas decisiones que hemos aprendido a superar de lo bueno y lo malo. Al final solo son decisiones que nos llevan a caminar, a parar o a volver a tomar impulso.  

Así es como la vida nos acerca a lo que en verdad debemos aprender, ya que cada historia que se nos cuenta o que nos atraviesa es poseer algo distintivo de otros. Lo cual es la consecuencia de nuestras reflexiones convertidas en actos y pensamientos. 

Ya que hoy lo que debe brillar en nosotros es esa renovación de los pensamientos, los sentimientos no amoldados a lo que dicta el mundo “Y no os conforméis a este siglo; más transformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentes cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2.

Todo lo hemos de enfrentar, las relaciones, los fracasos, la soledad de nuestro medio, los nuevos contextos y porque no, las diferencias que tenemos los unos con los otros, ¡esto es una certeza!

¿Pero cómo la afrontamos? Ahí está el detalle, a veces con una actitud positiva en otras ocasiones con una actitud negativa y por qué no desde una visión realista. Esta última nos llevará a la verdad de lo que sucederá nuevamente. Parece un ciclo sin final, pero podemos saber que el tiempo es solo eso, un condicionante que nos lleva a pensar en el ayer, en el ahora y en el mañana. 

Por eso, si lo afrontamos con fuerza seremos más fuertes, pero si es con debilidad, todo se convertirá en un trauma, y hoy jocosamente se habla de los traumas que cada acción tiene nombre nosotros, sin dimensionar que lo que estamos haciendo es evitando todo lo que nos rode, dándonos a entender que lo que ocurre es «difícil de superar».

Pero ¿qué queda después de la intriga? nuevos sueños, más anhelos, y porqué no un nuevo ánimo, de esos que nos reta a ser distintos, a crear nuevos caminos y a perseguir nuevos movimientos para nosotros y la sociedad. 

Debemos morir al yo para ver la grandeza de la comunidad. Debemos en todo tiempo servir para saber que hay otros que necesitan más de lo que nosotros tenemos. Debemos creer más para forjar en nosotros el carácter de la perseverancia. Debemos trabajar más para ocupar nuestra mente y saber que la paciencia es una virtud que desarrollamos en las distintas pruebas. Debemos amar sin condición, respetando al otro y sabiendo que cada uno tiene luchas por superar.

Debemos aprender más de lo que creemos, de lo que tenemos para ser como niños en todo momento y en todo contexto, donde éste aprende, se divierte y se asombra con lo que ocurre en el contexto. 

Por ello, después de la intriga viene ese aprendizaje de que la fortaleza viene de los montes y es el socorro para los necesitados. La vida es una intriga y ser parte de ella no significa tener temor, ni susto. Sino la esperanza para cambiar la realidad la cual es nuestra constante construcción con otros.

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