Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Todo es lícito pero no todo nos conviene.

Las glorias pasadas han sido buenas, estas cuentan el proceso que hemos construido hasta hoy. Todo lo que hemos vivido hace parte de ese caminar que nos ha construido y nos ha formado en lo que somos. Hombres, mujeres con identidad, gustos, pasiones y uno que otro cuestionamiento.

De la realidad, de donde estamos, para dónde vamos y quizás esos nuevos horizontes que debemos considerar para entender que el pasado es esa parte de nuestra historia que debemos aceptar, para contar de ella lo que ha transcurrido, y saber que no debemos volver a repetir.

Ya que al repetir una y otra vez no lograremos cambio alguno, más bien, en el ejercicio repetitivo debemos analizar si hemos comenzado a interiorizar lo que nos ha costado, ya que esta interiorización nos puede llevar a un nuevo pensamiento y así cambiarlo por algo más práctico, más diligente y más motivador de lo que somos hoy en día. 

Hablemos de las acciones a futuro, estas requieren de nosotros fuerza, recursos y sobre todo pensamientos realistas más que positivistas en el tiempo. Bien dice el Salmo 90: 10 que “los días de nuestra edad son setenta años; y de los más valientes, ochenta años, y su fortaleza es molestia y trabajo; porque es cortado presto, y volamos”. Entender esto, no es buscar los quince minutos de fama, o los miles de seguidores en nuestras redes sociales, es saber que cada día que vivimos es una correspondencia a las glorias posteriores. Por ello no hay razón para desfallecer en el intento.

Tenemos por delante tiempo, y si lo trabajamos, y nos angustiamos –meditamos- podremos llegar a más, no antes, ni después, el Cielo sabe cuánto tiempo nos resta para hacer todo lo que creemos. Por eso, cada uno de nosotros debe meditar en su corazón lo que es correcto y lo que no. 

El mundo nos ofrece excesos, metas comparativas, riqueza que se hace de la noche a la mañana, leyes que se violentan una y otra vez, y ¿dónde queda el “guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse”? Isa 56:1.

Ahí es donde podemos cuestionar lo que nos es bueno y lo que no, no como acto ético, ni moral, sino para descubrir qué es lo que nos motiva a hacer cada mañana.  El sistema que tenemos nos gobierna, nos esclaviza, y dicta el “futuro” para cada uno de nosotros, y nos mete a todos en la misma bolsa (no importa tu origen, tu credo, tu visión de la realidad) para el sistema somos peones en su juego. 

Todos entramos a la carrera de ratas. Aquella estrategia del mercado que nos promete libertad financiera. Trabajar por dinero, para pagar hasta quedarnos sin dinero y volver a trabajar. Pero ¿la alcanzamos? o hoy por hoy ¿hay muchos mostrando el camino a la riqueza? y no nos damos cuenta que vamos en ese camino y no nos sentimos satisfechos. Porque no solo es el dinero, son los viajes, las comidas, la vida de ensueño. Mecanismos de control que nos drenan una y otra vez. Olvidando lo que en verdad podemos hacer si es en lo que creemos. 

Acá te pregunto, ¿cómo van tus sueños de niño? Se han cumplido, total, parcialmente o hemos recalculado una y otra vez, olvidando lo que en verdad mueve nuestro corazón. Todos debemos hacer una pausa en el tiempo que nos rodea, aprender a ver por la ventana, salir a caminar o correr para descansar la mente y volver a centrarnos, a encontrarnos con nosotros mismos, con nuestro creador y aun con los que nos pertenecen para volver a vivir. 

Miremos a la naturaleza, ella es sabia cuando nos muestra las estaciones, los ciclos que posee para levantarse una y otra vez más fuerte. O acaso no has visto el pasto -las flores- salir del asfalto. Ella pese a la injerencia de lo humano, siempre busca el camino para dar fruto -brillar-. Ya bien lo dice la parábola del sembrador. 

“Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron. Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra; más saliendo el sol, se quemó; y se secó, porque no tenía raíz. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto: uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. Quien tiene oídos para oír, oiga“. Mateo 13:4-9. 

Esta parábola muestra que las circunstancias pueden ser más grandes en algunos momentos de la vida (aves, piedras, sol, espinos). Pero llegará el tiempo donde cada uno de nosotros dará su fruto al treinta, al sesenta y al cien por ciento. Por ello seguir al corazón es entender que no debemos ir tras lo que nos dicta el mundo. Más bien volvamos a esos sueños de pequeños y persigamos lo que es más real, más sensato. Más de nosotros. Una vida justa, donde podamos servir a muchos y donde podamos ver la meta cumplida en otros. 

Estos tiempos son de tener el ánimo suficiente para engrandecer al cielo, a otros lo que han sido con nosotros, de renovar las fuerzas y saber que si no las tenemos aun es tiempo para prepararnos. Ya que ser fuertes es también ser frágiles no como el darwinismo social (que el más fuerte es quien se adapta), sino para ser más fuertes debemos ser débiles.

Que este sea nuestro ejercicio constante, hacer todo lo que creemos, resistentes, resilientes para confrontar todo ambiente. Creer es crecer, y este crecimiento va para nuestro carácter, como para aquellos que tenemos a nuestro alrededor. Ya que ahí se cumple no en llegar a la meta, sino en ir más lejos. Hacer, reflexionar y volver a hacer para cambiar el mundo.

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