Todo lo que ocurre es parte del proceso que descubrimos al caminar.
La vida tiene distintos matices, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, pero si los vemos de otra forma en algunos momentos encontramos la alegría, en otros conocemos la tristeza, la nostalgia nos abruma cuando extrañamos algo o alguien, pero la incertidumbre llega cuando meditamos una y otra vez en lo que ha ocurrido y no encontramos solución aparente a lo que estamos viviendo.
Por ello, ver cada uno de estos espacios en nosotros es entender que estamos llenos de circunstancias, que son nuestro pan de cada día, las trabajamos una y otra vez, pero que en momentos específicos nos toman por sorpresa y ahí es donde erramos en nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y emociones.
Si, cada uno de nosotros asumimos la vida como la hemos aprendido a entender, con riesgos, con prudencia, con pasos ágiles, o con pasos cortos para llegar al destino, a esa meta que cada año pensamos que será diferente. Y ¿ha sido diferente? te pregunto amigo lector o solo es la repetición de lo que hemos hecho con anterioridad y creemos que es lo oportuno para nosotros pensando no en proyección -Visión. Sino más bien desde nuestra comodidad.
Y la comodidad es buena, aunque muchos digan que no, pero el reto no es a quedarnos tanto tiempo en ella, sino más bien ir ampliando nuestra zona de confort y así avanzar en la vida, en los retos, en los sueños o en esas decisiones que debemos asumir con diligencia, verdad y justicia.
Por qué son estos hechos los que forjaron en nosotros el carácter que hoy tenemos y es en ocasiones difícil de definir, ya que este es un conjunto de valores, creencias, convicciones y posiciones que nos hacen ser diligentes y conscientes en lo que nos rodea. Como en la relación con los nuestros, y con el contexto que nos ayudan a enfocarnos para decir que el camino que hoy trazamos es el nuestro y es seguro.
Ya que con cada incierto vamos arreglando la ruta. Mejorando lo que somos desde lo pequeño y especializándonos en lo grande. Por ello ver las circunstancias en cada momento de nuestro día es entender que estas forjan en nosotros algo distinto. Conociendo así la fidelidad, la tristeza, la angustia, el remordimiento y aun la nostalgia que dice que todo momento suma a nuestra experiencia y que todo compromiso que vamos adquiriendo es la perseverancia con fe en lo que salta en nuestro corazón.
Ya que como lo hemos dicho con anterioridad, la fe no solo es la convicción de lo que no vemos, sino la disposición de creer en nosotros, en Dios y en otros para así avanzar en todo lo que soñamos. Ya que en nosotros yace un poder inmenso que determina lo que ocurre y lo que no.
Y estas son las palabras, porque nosotros producimos palabras de vida o de muerte, de queja o de agradecimiento. Y aunque no entendamos lo que pasa, actuemos con fe para ver lo invisible en mundo visible. Ya proverbios 18: 20-21 dice:
“Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos”.
En nosotros está la sentencia, No hay promesa sin cumplimiento, no hay palabra rota, sólo son nuestras fuerzas no renovadas las que nos hacen desfallecer. Por ello, que el hoy sea de circunstancias, de momentos íntimos, como de otros por compartir, pero que estos siempre nos lleven a movernos y a volver a comenzar. Ya que en cada final hay un comienzo y este se da desde una nueva perspectiva. La cual la alimentamos con información veraz, con conversaciones amenas, y con realidad por transformar. Ya que podemos decir “personifica los problemas sociales y se parte de la solución”.
Poseamos ánimo y mucho más ánimo, para ver el final desde el comienzo y ser la mejor historia que podemos conectar, escribir y ser con otros. Ya que no debemos cansarnos de hacer el bien porque a su debido tiempo cosecharemos si no desfallecemos.
Deja un comentario