Estamos demasiado saturados de sueños, de ideas, de expectativas. Pero ¿será que no tenemos espacio para recibir algo diferente, nuevo o mejor?
Hace apenas unos días estábamos celebrando con mi esposo un año desde que dijimos Sí ante el notario, y entonces vinieron a mi cabeza las siguientes preguntas, ¿Qué fue lo que hice? o ¿qué dejé de hacer? para que algo tan anhelado llegará a hacerse realidad.
Lo primero sería decir que, antes de la idea del amor romántico, del príncipe azul y de la boda soñada, debería existir ese pequeño escáner de ¿cómo estoy yo? y ¿por qué lo digo? Porque deseamos con fervor un viaje, un trabajo, una pareja, etc., pero muy pocas veces nos preguntamos si estamos listos en la vida, o ¿sí tenemos espacio en la maleta para recibir ese regalo?
Creo que una parte de celebrar esta hermosa fecha es entender que aquello que un día me dolió tanto hoy me demuestra que mi maleta estaba cargada; de miedos, de engaños, de dudas, de deudas, de personas que ya no debían estar ahí, de sueños que no eran míos, de faltas de perdón y, finalmente, de decisiones.
Entonces, este es el segundo punto: la maleta nunca dejaría de pesar 80 kilos —y yo, midiendo 1.50, la sentía como una sobrecarga inmensa— si no decidía sacar lo que sabía que era basura y renunciar a la mentira de lo que sabía que no era real, pero que aún no estaba lista para soltar.
Por más esfuerzo que hiciera para avanzar, nunca sería suficiente, porque no estaba siendo honesta conmigo misma. Después de esa decisión, quedó el espacio. Una maleta tan estirada, vacía y desfigurada que necesitaba volver a encauzarse, quizás cocerse, pero nunca cambiar de empaque. Porque sin ella, no sería quien soy hoy.
Lo bueno y lo malo me han traído hasta este “ahora”, y no puedo negarlo.Fue entonces cuando pensé: “No, cometí un error. Mejor voy a la basura, recojo lo que encuentre y así no pierdo tanto”. Y es que no te negaré que los actos de valentía son esos momentos pequeños y fugaces donde estás a punto de perder todo el esfuerzo y vivir igualó arriesgarte con todo y miedo.
Y aquí comienza la respuesta a lo que hice, Empecé a perdonar, a perdonarme, a ser más coherente con las personas que me rodeaban. Pero, aun así, mi corazón seguía sintiéndose vacío. Entonces entendí que Dios era quien debía llenar mi corazón, mi mente y mi maleta con lo correcto. Claro, hay momentos en los que vuelve la duda —qué sí, qué no—, pero Él sigue ahí, guiando cada elección.
Y entonces te diré: casada, con hijos, con trabajo, con todos los sueños en la maleta todo eso puede fallar. Pero el único que va a amar tu maleta rota, grande, pequeña, perdida o sin norte, es Dios.
Solo Él estará siempre ahí, y será cuando pongas tu mirada en Él que todo, sin dudarlo, llegará porque como dice Mateo 6:33 “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten”.
Y hoy espero que, en algún tiempo, puedas comentar este escrito contándome que así fue.Porque no hay sueño más grande que vivir una vida al lado de quien hace los sueños posibles.
Así que hoy te invito a abrir espacio para lo nuevo. Dolerá, claro, pero valdrá la pena. Anda, si dudas, hazlo. Porque así conocerás una libertad verdadera que te mostrará todo lo que está por delante para avanzar.
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