Comenzar es difícil, pero en todo momento hacemos algo distinto para sobresalir en la vida. Por ello nos preguntamos para obtener respuestas.
Se nos ha dicho que cada comienzo siempre es un nuevo origen, es un trayecto a lo desconocido, es quizás los pasos de fe que debemos aprender a dar y en ocasiones son las decisiones las que nos llevan a ello, a un deseo profundo o sólo a un cambio momentáneo de lo que somos.
¿Qué debemos cambiar? la sociedad, la humanidad, lo que hay dentro de nosotros. Porque del corazón mana la vida y en ocasiones nuestro corazón no tiene las mejores intenciones ni para nosotros ni para el mundo fuera de lo que somos. Por ello, examinar nuestro corazón es comenzar a saber que la vida o la muerte nacen de él.
Llegar a un nuevo lugar es en ocasiones significa renunciar a lo que más deseamos, a nuestro estilo de vida, a nuestros pensamientos más arraigados e incluso a intentar negar nuestros procesos de racialización. Cosas y sentidos que nos dan identidad al vivir.
Por ello, en nosotros siempre hay una esperanzan, que se convierte en motivación para creer que lo que hoy queremos es mejor a lo que quizás ya hemos conquistado, por eso cambiar, transformar es un sinónimo a aprender a descubrir y adaptarnos a lo desconocido.
Se dice en la sociedad que “el que sobrevive en un proceso de evolución es el más fuerte”, pero qué tan errados estamos al creer que es esto. Ya que en verdad quien se adapta a este proceso de evolución es el más débil, no el más fuerte. Porque el fuerte sufre en el proceso adaptativo, porque al intentar adaptarse debe renunciar a todo su estilo de vida natural y materialista. Perdiendo todo para volver a comenzar. Y ahí está el punto de nuestra reflexión ¿debemos adaptarnos?
En ocasiones sí, y en otras ocasiones no. Ya que cada uno de nosotros tiene un sentido identitario, nacionalista y de creencias (espirituales, econocmias, políticas, sociales…). Y este aflora cuando vienen cambios voluntarios a nosotros, tanto desde las racionalidades o los entendimientos de la proyección de la vida, la cual configuran la visión de la realidad que hoy tenemos de forma individual y colectiva (ya que esta última se da desde la visión que compartimos con las cinco personas con quienes más nos relacionamos). Es decir ya que este es el proceso de aprender a decidir, asumir, reflexionar y volver a accionar. Esto se podría llamar adaptarnos.
Ahora cuando hablamos de los cambios forzados es decir de los externos no ocurre la magia. Más bien ahí da fruto las crisis, las hambrunas, los conflictos que no podemos controlar y esto nos destruye poco a poco hasta acabar con nosotros y en ocasiones nos lleva hasta el final de nuestra existencia.
Si nos adaptamos, resistimos, cambiamos y evolucionamos, o bueno en nosotros existe una revolución que comienza a cobrar sentido. Aprendemos a creer en lo que no vemos, meditamos en todos los sucesos que nos alcanzan y damos sentido al recordar con nostalgia lo que hemos llevado al límite y damos pie a reconocer nuestros errores.
Tomemos un tiempo para nosotros y para los que nos rodean, preguntémonos junto con ellos si este ha sido un nuevo tiempo o si seguimos repitiendo lo que no hemos superado. Ya que en la multitud de consejos descubrimos la sabiduría, el conocimiento y el discernimiento.
Creamos en los errores, e intentemos no volver a cometerlos, pero si los hacemos aprendamos nuevamente de ellos. Estos tienen algo singular en el tiempo y es que nos hacen volver a la fragilidad, a restaurar la confianza y a ver que si necesitamos del otro para vivir, para sanar y para escribir la historia que aún nos falta contemplar en nosotros y en el mundo que decimos habitar.
Debemos adaptarnos sí, para volver a confiar, para esperar en el tiempo y para volver a comenzar. Ya que de eso se trata la vida, las relaciones, las creencias, las virtudes y la visión que tenemos del mundo hoy. Ya lo dijo C.S. Lewis:
«Nunca se es demasiado viejo para marcarte un nuevo objetivo o para tener un nuevo sueño».
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