A veces corremos para alcanzar lo que le dejamos a la suerte, pero lo que aprendemos de ella, es que todo lo que construimos es por un bien mayor.
En nuestra naturaleza está construir, y en ocasiones destruir lo construido, amar y en otras formas odiar a lo que le hemos dado de nosotros, por ello, hemos de ver que todo lo que hacemos en la vida tiene un tiempo, y este en ocasiones es reducido debajo del sol y con los pies en la tierra.
Firmamos compromisos con muchos, eso lo sabemos, pero ¿con nosotros mismos? una pregunta que es nuestro primer pendiente, la sociedad nos lleva a su ritmo y nos hace olvidar lo esencial de la vida y es vernos a nosotros en otros, ayudando de forma desinteresada, y como se dice, todo acto de bondad hoy es inteligente y revolucionario.
Sí, cada uno de nosotros vive una revolución interna, a nuestros principios, a nuestros valores y aun a esas costumbres que debemos cambiar “ya que sí estamos condenados a repetir la misma historia” no hemos aprendido nada. Por ello que la revolución sea nuestro segundo pendiente, y esta nos hace pensar en que estamos haciendo en nuestro diario vivir. ¿Anhelamos o construimos? ¿Cuidamos o descuidamos? ¿Aprendemos o dejamos de aprender? ¿Reímos o lloramos? Este es el tiempo para ver con visión porque sino la escribimos nos perdemos.
¿Qué tal si vemos el sistema, lo que nos gobierna o lo que nos domina? perdemos tiempo en distracciones o volvemos a lo que es real, a lo que nos lleva a interpretar y a razonar lo que hacemos, ya que desde la pregunta que tengamos hoy, podemos comenzar a mejorar lo que ya somos.
El sistema no puede condicionar lo que soñamos, más bien avancemos en entender que todos tenemos sueños similares, un buen amor, relaciones estables y duraderas, una vida de viajes, un trabajo ideal, o esa conquista académica, todos podemos decir que es lo que soñamos, pero si vamos más allá podemos ver que algo nos falta y es ese carácter diferenciador de todo lo que queremos, ya que nosotros somos los que nos esforzamos por alcanzar la verdad que yace dentro de nosotros. Y nadie debe condicionar lo que somos.
Ya bien lo decía Steve Jobs “Aquellos lo suficientemente locos son los que cambian el mundo” ¿somos nosotros esos locos? O más bien somos los que dejan que el mundo escriba en nosotros su historia como lo decía Karl Marx. Claro, somos hojas en blanco en una sociedad que escribe sus líneas, pero cuando asumimos nuestro rol, nuestra identidad, nuestras decisiones y nuestras acciones es cuando comenzamos a cambiar esas líneas ya escritas.
Por eso nuestro tercer pendiente es ¿somos los que escribimos la historia, los que persiguen sus propios sueños, los que ayudan a que otros puedan llegar primero a la meta? Quizás si, quizás no, quizás no lo hemos pensado y está bien. Porque con pendientes estamos hoy acá en la realidad, en la vida compartida, y aun en el tiempo de la memoria pasada en un presente que puede cambiar.
Todos nosotros tenemos que asumir nuestra vida, ya que nadie vendrá a hacer lo que nos corresponde. Por eso, direccionar hacia donde sea más oportuno y caminar con la frente en alto para avanzar en lo que no vemos, es tener visión, y esta se construye desde el saber que tenemos dentro y que hay afuera que no nos permite ver con claridad lo que ya hemos hecho.
Las ideas llegan en cada momento, en cada duda, en cada pregunta, en cada razonamiento y aun en cada conversación con otros. Nosotros somos los que ponemos el esfuerzo para verlas desarrolladas, o así mismo rechazadas.
Estos son nuestros pendientes, son muchos, con el viento, con nosotros mismos y aún con aquellos que no pudimos volver a ver. Caímos para aprender a levantarnos, leemos para no estar solos, y el propósito de todo esto es vivir o sobrevivir. Nuestras diferencias son sencillas, y por eso trabajamos más en lo que nos une que en lo que nos separa, ya que el que vive es solidario y todas las causas son justas porque conoce la necesidad, el que sobrevive es egoísta, y solo cree en lo que la vida de hoy le pide, apariencias y espejismos.
Pendientes son nuestras palabras, nuestros afectos y aun esas creencias que nadie más posee, hemos luchado sin cesar, esperando aceptación, reconocimiento pero hoy podemos decir que no es por aceptación o agrado. Es por ser nosotros en un mundo hostil, brillemos y agradezcamos por lo que tenemos, ya que por ello hemos de comenzar nuevamente, no de la misma forma, sino desde lo que ya somos, más fuertes, más esforzados, más valientes, más solidarios, más de nosotros para el mundo y menos del mundo en nosotros. Todos somos la canción que no se ha terminado de escribir y es por eso tenemos pendientes. ¡Qué resolver!
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