Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

En nosotros hay expresiones que no sabemos dar, pero que cuando ocurren tan natural todo cambia.

Existen muchas preguntas en nosotros, en otros y aun en nuestra realidad. Todas estas tienen un fundamento, y este es conocer lo que no es visible. Por eso hemos de caminar tanto las preguntas como las experiencias para saber que somos. Hagamos una pausa, respiremos profundo, visualicemos nuestros anhelos y aprendamos de lo que nos rodea ya que todo esto tiene un mensaje para nosotros. 

Conversemos un poco sobre ese líquido vital que producimos. Todos lo tenemos, es nuestro y sale de nosotros cuando nuestras emociones están a flor de piel. Nos trae bienestar y salud. Por ello conocerlas, es vivirlas, compartirlas es decir que algo nos importa y aun cuando no podemos expresar con palabras estas son la esencia misma de gran valor. 

Si, hablamos de las lágrimas y hay tres tipos de estas, Lágrimas Basales: Son las que producimos constantemente para mantener los ojos lubricados y protegidos. Lágrimas Reflejas: Se producen en respuesta a irritantes externos a nosotros tales como el polvo, el humo o las cebollas. Y Lágrimas Emocionales: Se producen en respuesta a emociones intensas. Aunque su composición es similar a las lágrimas reflejas, se cree que contienen hormonas y otras sustancias relacionadas con el estrés. 

Es decir, las lágrimas son de nuestra naturaleza, a estas las podemos llamar como regocijo, queja, amargura, felicidad, nostalgia, extrañes, victoria o derrota. Somos los que le damos un sentido a estas. ¿Las vivimos? ¿Las compartimos? quizás, estos son esos interrogantes que hoy por hoy debemos vivir. Ya que podemos tenerlo en cualquier momento y así crear conjuntamente espacios para darlas al mundo.

Ahora vayamos un poco más allá. Las lágrimas podemos decir que son esas semillas que nacen desde nuestro interior, son la razón de sufrir en silencio y de soltar en público. Cada acto, cada momento, cada lugar y aun cada persona que pasa a nuestro alrededor, deben contener miles y millones de estas. Que al momento de salir, son millares de historias y reflexiones personales que deben ser contadas para generar un eco lo suficientemente grande para cambiar el sentido de lo que vivimos y hacemos para ser. Por ello, al verlas, abracemos lo desconocido y creamos en lo nuevo. 

Cuando más derramamos lágrimas, es cuando más nos hacemos conscientes de lo que la vida nos ha enseñado. Es desde ellas cuando en verdad conocemos el alma del otro. Lugar que es necesario cuidar para así poder perdurar. Ahora debemos entender que este no es un tiempo para ser simpáticos, sino empáticos, y lograr colocarnos en los zapatos del otro para saber que sus circunstancias son tan necesarias como las nuestras. Ya que el mayor acto revolucionario de nuestros tiempos modernos es vernos a los ojos y decir que estamos contigo. Que caminamos al lado del otro. Y que sabemos que todo cambiará si perseveramos y no nos cansemos de hacer el bien.   

La vida es la vida. Nadie nunca dijo que caminar sería fácil y menos se nos dijo que todo lo que hiciéramos sería de  regocijo, hay días de días, y como hay brillo hay oscuridad y de estos debemos aprender a soltar todo aquello que es un obstáculo. Puede ser nuestros anhelos o aquellas cosas que ya ocurrieron. La tristeza es buena, tanto como la alegría, pero quedarnos en ella ya es una decisión constante que podemos tener porque no vemos el horizonte. Y es ahí donde volvemos a lo simple, ver, respirar y callar todo lo que ocurre para que las lágrimas salgan y nos ayuden a soltar el estrés de nuestra ciudad, de nuestra realidad o aun de los deseos que hemos puesto en otros.

Sembremos lágrimas cuando en verdad conozcamos la Unidad, el amor, la lealtad, y porque no la fe, sembremos más de estas cuando entendamos que la verdad es la libertad y que nuestras palabras hacen que caminemos hasta lo milenario. Lo cual es vida después de la vida. Y eternidad cuando nacemos de nuevo y entendemos el sentido del vivir. Ya que esto es ganancia cuando no nos centramos en nosotros, sino que avanzamos en que otros puedan ser y entendemos el mensaje que viene desde los cielos y es “hacer el cielo en la tierra”.

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