Las creencias se convierten en algo que debemos compartir con otros y no para nosotros mismos.
Conquistar lo que poseemos hace parte del creer, ¿en qué estamos creyendo? No solo somos la consecuencia misma de lo vivido, de lo esperado y lo que necesitamos dentro del olvido. Hoy es un buen momento para emprender en esas preguntas que hacen del conocimiento nuestra mejor comprensión, como también la resignación de entender las dimensiones de lo que se puede esperar.
Estamos muertos en la vida y la vida es de los que buscan la libertad, ya que con tanta monotonía somos seres pensantes y aburridos de la misma manera. La sociedad debe llevarnos a una reflexión personal y colectiva de todo lo que nos rodea y genera en sí una dualidad de verdad y mentira.
Si avanzamos emprendemos todo buen conocimiento, pero para ir paso a paso debemos enfocarnos en que nosotros somos la construcción de nuestro contexto, este es solo la continuidad de nuestras ideas y las representaciones abstractas que tenemos en la mente, cuando contamos, escribimos y le damos una representación artística a todo lo que deseamos describir.
Esto es la singularidad y la individualidad de la posesión, por ello explotarla es superar nuestro estado de ensimismados y dar acción para tener un nuevo sentido. Por eso que este sea el momentum de volver a la felicidad, esa sensación primaria del gozo, ya que si se tiene no se agotará, no importa las aflicciones del pasado o del presente continuo, este nos permite tener los espacios para aprender con el corazón sencillo, falto de razones y razonamientos, para que todo obre en sí.
Somos de este tiempo, de este lugar y de las experiencias de otros, recordar es parte de alcanzar la verdadera forma y peculiaridad del mundo. Sentimos pecado por lo que dejamos de hacer en pro del bienestar de otros, ahora pensemos en la infidelidad, esta se torna natural cuando la traición es la sensación conocida desde nuestros relacionamientos. La envidia la poseemos por aquellos que creen que el éxito es solo tener fama, reconocimiento y plenitud de la vida misma. ¿Pero reconozcamos que el éxito solo se mide si nosotros nos sentimos y hallamos en el tiempo la función pragmática de nuestro propósito?
Encontrar esa función pragmática es disponernos a la dedicación más pertinente de saber que somos desde un pasado, un presente y la eternidad que nos falta por conquistar, porque la vida existe aun cuando nuestro cuerpo mortal deja de respirar. Las desgracias llegan por la insatisfacción de nosotros con nosotros, y por la crueldad de atribuirles a otros nuestros infortunios, la opinión pública se asemeja a la estima que nosotros poseemos de nosotros, es decir, si aceptamos nuestros errores y los asumimos, o si solo nos entristecemos de ellos y dejamos que las emociones perjudiquen nuestras relaciones y pensamientos. Encontraremos en la vida, la ira, donde unos quieren acabar con otros y el resto los deja.
La opinión pública es necesaria para cumplir la enmienda de brillar o dejar que otros brillen, es desde este tiempo para la grandeza, donde tener manías persecutorias es solo el delirio constante de nuestra enfermedad moderna, la apatía, porque la mente tiene destellos de inferioridad, y de soledad acumulada en los ojos de quienes solo conocen lo esencial del otro, hay más cosas que dan unidad que separación y esto debe ser una verdad revelada.
Las desgracias son merecidas de acuerdo a nuestro espíritu, poseemos miedo como muchos, olvidamos como pocos, nos encanta encerrarnos en nosotros mismos para creer que lo que acontece solo es parte de nuestra abnegación ganada. Pero el comprender las desgracias es ver de qué estamos hechos, somos acciones, sucesos, momentos y no solo esas debilidades que escondemos para no ser desechados en la sociedad, ya que esta es cruel y cuando algo no sirve se convierten en basura y otros dirán obsolescencia programada.
Volvamos a la felicidad ¿para que esta exista? debemos comprender que todo lo que hacemos se forja en la coexistencia de lo bueno y lo malo, de la desgracia y la bienaventuranza, de lo privado y lo público, de lo que damos valorar y de lo que le quitamos valor, de nuestras relaciones sociales, interpersonales y aun de aquellos que actúan desde la traición, porque cuando esta llega, es muy difícil alejarla de nosotros.
Demos el tributo de la felicidad al entusiasmo de lo que somos y de lo que nos convertiremos, ya que al hacerlo entenderemos que este es un estandarte que podemos levantar una y otra vez para que otros y nosotros lo veamos. Ya que la conquista es una secuela de hechos que nos forman para dar la mejor versión de lo que somos con sencillez y humildad.
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