Tener preguntas es la claridad cuidadosa que debemos aprender a poseer.
Por eso, es bueno estimularlas en nosotros y en otros.
Desde el ahora a la posteridad, donde la existencia se convierte en claridad y cada individualidad debe trabajar para comprender, debemos reconocer que todo lo que deseamos poseer es producto de nuestra imaginación como de nuestros esfuerzos.
Somos interlocutores de todas las pequeñas formaciones de nuestro pensamiento y de nuestro accionar momentáneo, ya que este nos lleva al quehacer, y es ahí donde las dudas aparecen para cuestionar lo que hacemos.
Estos son los pequeños interrogantes que nos ayudan a entender la realidad y a trabajar en pro de la realización de la misma vida que poseemos en el tiempo presente, ya que unos avanzan con ligereza, otros solo se estacionan en el ahora y muchos otros no saben cómo vivir.
Porque piensan que se debe hacer de una u otra forma, negando la posibilidad de construir para sí el éxito y la fortuna desde lo sencillo. Lo cual cuesta la vida, los hechos, los aprendizajes y aun los contextos que habitamos y luchamos para entender con mayor disposición.
Todos lo intentamos de una u otra manera, y de eso se trata. De perseverar hasta el final y ver tanto el camino recorrido como la cima de la montaña como nuestra mayor conquista, ya que bien diría Russell, estamos en la conquista de la felicidad.
El tiempo es un ladrón de recuerdos, historias, voces y por supuesto de risas que se esfuman en los momentos que compartimos con otros. Las fotografías nos llevan a lugares que quizás conocimos en la dualidad de nuestros pensamientos, a esos momentos en la historia que nos han marcado y por qué no a esos lugares donde nos cuestionamos con otros el por qué de nuestra realidad. Todos hemos de compartir nuestras dudas existenciales.
La música solo se escucha en la radio, en la tornamesa y porque no en los eventos masivos. Lo moderno y lo clásico hoy se unen, ambos hacen un espectáculo que debemos considerar con detenimiento y discernimiento, porque ya no hay valor en la técnica, o en la letra que se corea, más bien hay otros valores que predominan a la sociedad siendo estos la apatía como la autoflagelación constante y porque no la humillación del otro.
Nuestra alma es bastante vieja, como aquellos paisajes que recorrimos en algún momento, hoy algunos de ellos están hechos de trincheras, desiertos o esas estrellas que ya dejaron de vivir, la naturaleza reina, pero no como al principio, hoy la condicionamos y buscamos domesticarla. Como el amor el cual es egoísta y se centra solo en nosotros mismos y olvidamos darlo de forma desinteresada a otros.
Las dudas nos siguen rondando y estas nos alcanzan en todo lo que es la vida, las respuestas pueden llegar en la política, en las creencias, en el tipo de educación que tenemos, con quien o quienes nos relacionamos, qué país o lugar visitamos, a quienes seguimos o que compartimos, ya sea en la literatura, las artes, las humanidades pero todo esto puede ser la mejor oportunidad para creer que todo es posible y tiene una representación, que nos obliga a construir posiciones y disentimientos.
Estas pueden ser una semilla, un grano de arena, o quizás un gusano que entra y quiere volver a salir del fruto. Y ahí es donde debemos observar el tiempo, el lugar y el contexto para contar lo que nos representa, ya que a veces podemos tener salidas en falso que nos cuestan todo lo que hemos construido y en otras ocasiones podemos ganar el reconocimiento que podemos considerar como fama.
Recordemos esa historia de que un labrador salió a sembrar, la semilla cayó en distintos terrenos, en uno se ahogó, en otro se quemó, en otro se la comieron las aves de los cielos, pero llegó el día en el que cayó en buena tierra y dio su fruto, así son las dudas, las preguntas y los interrogantes que poseemos y construimos en tiempo.
Son esas certezas que vamos descubriendo, que nos llevan a más, a un nuevo camino que debemos cuidar, construir y dedicar una vez más, con ternura y verdad para llegar a ser como las flores y los frutos que satisfacen a otros.
Por eso consideremos que podemos resistir, persistir e insistir en cómo queremos ser, ya que a esto se suman conversaciones, tradiciones y nuevos pensamientos para enfrentar lo que viene por delante. Aprendamos, cuestionemos y veamos más allá de lo que tenemos. La naturaleza no enseña en todo momento aun cuando nosotros la matamos una y otra vez, y pese a ello la lluvia se disfruta y el sonido del viento trae calma a nuestra alma, dándonos a entender que la noche termina y el día vuelven a comenzar con nuevas ilusiones que son el motor para seguir.
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