Lo que nos corresponde hacer, es vivir en plenitud para saber que de todo aprendemos.
Somos creadores de nuestros propios padecimientos, estamos en nuestra propia enfermedad, somos la humanidad deshumanizada y esto nos lleva a pensar, que no superaremos la crisis aún cuando esta está pronto por terminará. La decadencia nos ha tocado y esta nos consume poco a poco llevándonos a la muerte matutina de anhelos, sueños y deseos.
Hemos crecido y creído que tenemos el conocimiento mundial de lo que es importante, de lo obvio, y de lo que es momentáneo, al hoy nos falta mucho por conocer y descubrir, tanto de nosotros como del mundo que nos rodea, desde la creatividad de los otros, como del imperio de la naturaleza, esa que no deja de asombrarnos con su riqueza y biodiversidad.
Pensemos sobre el desconocimiento, el egocentrismo y sobre lo que podemos hacer para ver más allá de lo que estamos dispuestos a ver, es decir, andamos como girasoles ciegos.
Preguntémonos ¿qué ha pasado? ¿por qué en este tiempo? ¿Esto debía pasar? somos de los milenios, los años y del tiempo, esto ha demostrado el proceso de nuestra “evolución”, nosotros hemos evidenciando todo esto con el pasar de las estrellas, las particularidades de nuestros comportamientos, y las características que se desprenden de principios, valores, posiciones y formas de adquirir conocimiento, que junto a las tradiciones y los aprendizajes se han volcado a nuestras concupiscencias y así el sesgo de nuestros padres, abuelos y la sociedad en general (amigos, maestros, compañeros…).
La perversión es la cuna de nuestras propias fracturas, y estas comienzan desde el origen de la humanidad, somos una sociedad caída que cree en mentiras y genera oposición a la verdad, esto ha pasado de sociedades primitivas a sociedades modernas, dándonos demencia y olvido permanente, ya que si hoy nos relacionamos es un milagro de transmisión generacional.
Lo que creemos que nos liberta produce en nosotros un adoctrinamiento que conjugado con el miedo se convierte en fanatismo ideologías y hegemonías tanto desde los pensamientos, como desde las acciones que dan sentido a la forma en cómo vemos la realidad desde un ámbito público. Ya que todos quieren la tarima del otro, y no saben cómo estos han sorteado el mundo que los rodea lleno de alianzas y violencia a sus propios principios.
¿Esto es indiferencia? ¿falta de preocupación por lo que nos rodea? o sencillamente es la consecuencia de algunos ideólogos de la sociedad, ya que estos se mantienen en el anonimato para no ser reconocidos y llenos de consecuencias sociales que los atormentan en la esfera pública. Ya que otros dictan y quieren cambiar el curso de la historia, creyendo ser reyes y amos de lo que es de todos, la humanidad.
Los ideólogos, como los idealistas siempre han existido, algunos son políticos, líderes religiosos, científicos, empresarios o ciudadanos del común… Su mayor particularidad es que conocen el contexto y saben que las relaciones efectivas son las que ayudan a implementar toda noción que su mente pueda producir, tanto desde sus preguntas como desde sus ideas, estas son sutiles que se imponen en otros tanto desde la seducción, como desde la fuerza, generando así gusanos que carcomen los pensamientos propios y dan control del otro, tanto desde lo que es, como desde lo que consume y esta puede ser la mano invisible de la verdad.
Consideremos, cada persona en absoluto tiene estima, valor y conocimiento propio, donde el relacionarse hace parte de su expectativa de vida y de comprensión con la realidad, pero existen ocasiones donde ello falta, porque somos entes de soledad y al no comprenderla alejamos lo bueno que hemos conquistado con nuestra anterioridad. Dudando de que si nuestra existencia es real, por qué ocurren estas cosas. Y ahí es donde debemos pensar, en que todo lo que atraemos a nosotros es consecuencia de nuestra construcción social.
El reconocimiento se emana por naturaleza, este crece, se transforma y no es mayor entre todos los humanos, ya que algunos tienen pensamientos profundos y otros son oportunistas, todos creemos entender las cosas de la vida, tanto desde lo que poseemos como desde nuestras carencias, las cuales pueden ser básicas o complejas, y podríamos decir que van desde los horarios, hasta las actividades que hacemos dentro del tiempo determinado de estar despiertos (estudio, trabajo, citas médicas, tertulias..).
Aún tenemos la posibilidad de ver toda acción dentro del corazón, como dentro de otros, por eso debemos dedicar tiempo a pensar, reflexionar, construir y meditar nuestros condicionantes para ahí contestar ¿qué sucedería? A lo cual diremos que podemos apartar el mal que yace dentro de nosotros y comenzar a hacer el bien para no volver a ser el hazmerreír de muchos que nos considerarías locos… Sirvamos bien al tiempo pero entendamos que este se puede convertir en esencialismo.
Hoy vemos el tiempo para disponer de nuestros conocimientos y virtudes para engrandecer a otros, ellos lo merecen al igual que nosotros, y la carrera es sencilla, dado que hay tres tipos de personalidades, unos brillan, otros ven brillar pero los terceros son los que están detrás de los que brillan, o más bien, unos necesitan ayuda, otros son nuestros pares, pero muy pocos son los que admiramos, y esta puede ser una acción reduccionista, pero que condicione nuestra formación e interpretación de la realidad, actuamos no por gloria, ni por nombre solo porque volvemos al pertenecer y al esencialismo.
Todo lo que somos es desde la procedencia, es conocimiento, curiosidad y el avasallarnos de aprendizajes y verdades, que merecen el contexto para siempre aportar lo mejor a la construcción de la sociedad.
Sociedad decadente, merecedora de un todo y de la parcialidad de las teorías, sus hechos son las crónicas y estas nos han catalogado como humanos, dentro de la subjetividad y la imaginación. Todo tiene un color y este es el hilo conductor de la sabiduría. Somos la verdadera esencia de lo indispensable, de lo lógico y lo logarítmico. Ahora construimos el mundo y de él hacemos nuestro mejor lugar para vivir.
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