Lo que buscamos está dentro de nosotros.
Existen muchas posibilidades de hacer magia, conocer, descubrir, comprender y compartir de lo que se sabe y de lo que no también. Las experiencias son nuestra herencia y los nuevos saberes nos hacen cuestionar lo que está a nuestro alrededor y nos dicta que todo lo que conocemos y debemos trabajar está en un sentido contrario.
No es hablar de tendencias, colores o visiones de la realidad, es encontrarnos con lo que dicta nuestro corazón y entender que la verdad, se crea, se persigue y se mantiene en nuestra libertad, no en el libertinaje que hay desde el sistema, porque esta hace parte de nuestras decisiones y las llevamos hasta el límite, en ocasiones hasta la misma muerte como una convicción personal de lo que hemos anhelado.
El mundo todo lo dicta, y esto está de cabeza, desde las relaciones personales, sociales, políticas, económicas, y culturales, se han vuelto folklore y no de nuestra propia ancestralidad, sino más bien del sincretismo existente, ya sea en lengua, en nacionalidades, o en formas de decir que todos nos desarrollamos, y esto en vez de traer respuestas trae consigo miles de preguntas que debemos comenzar a hacernos para encontrarnos a nosotros mismos.
Ya que somos diferentes y únicos en nuestra forma de ser, somos seres contemporáneos, generacionales que poseemos un tributo a la medición, al tiempo, a lo invisible y a lo visible, somos seres limitados, que se detienen para avanzar y en otros caminos que se pierden tratando de imitar.
Hemos perdido la curiosidad y así mismo hemos construido la indiferencia como solución a todo lo que nos ocurre, y esto lleva a que aceptemos más la razón que la espiritualidad y así divaguemos en el conocimiento que nunca hemos conocido. Porque en la unión de estos dos, hay sentido y aliento de vida que nos lleva a ver los misterios más grandes de la humanidad.
Creemos saber muchas cosas, pero lo esencial lo desconocemos, ya que aún divagamos en ¿cuál será el mejor futuro para nosotros?, pero repetimos una y otra vez lo mismo de siempre. Más violencias, más indiferencias, más olvido y por supuesto menos perdón de los unos con los otros. Pensemos en esto. Solo tenemos un mañana para caminar, para hacer algo nuevo o distinto a lo que ya hacemos. Y esto nos permitirá entrar en un espacio desconocido, anhelado y místicamente entendido, donde la razón, la emoción y el conocimiento, nos lleven a un verdadero despertar de autonomías. Qué se piensan para sí el desarrollo, desde lo que hoy tenemos.
Nuestras propias contradicciones se asemejan al reflejo de nuestro ser en el agua, si hay turbulencia se llegará el momento de la quietud, a lo cual pensamos en que algo no anda bien, rechazando así las acciones conscientes de nuestro ser.
Ahora, en nosotros hay tanta modernidad que nos está llevando al mundo de la crisis o mejor dicho de las decadencias, ya que somos tan permeados por las noticias falsas que se nos olvida pensar en la verdad y así pensar en nuestra propia humanidad.
Alguien dijo “los que controlan el sistema hacen sus caídas y las demuestran en fortalezas al momento de dar explicaciones”, si no entendemos esto, ¿como podremos crear alternativas? ¿Cómo podremos unir fuerzas para aceptar las diferencias? ¿Cómo caminaremos en sentidos contrarios si todos “buscamos” lo mismo? ¿Entendemos bien el concepto de no pasar por encima del otro, o solo vemos esto como debilidad? ¿Creemos más en el yo?
La cuestión es la misma, ¿dónde estamos nosotros? en el que lo intenta una y otra vez, o en los que hemos dejado de hacer porque otros no hacen. Y es necesario ver cómo la mundialización dicta lo que somos, o nuestras creencias nos ayudarán a superar todas las crisis.
Ya que lo que está fuera de nosotros es tan destructivo como las voces del exterior, entonces debemos cuestionar nuestros escrúpulos que solo se basan en satisfacciones pasajeras que nos destruyen y nos hunden cada vez más, por eso colocarle un nombre es atender nuestra propia destrucción. Y podemos ver lo que dice el salmo 139:23-24, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Es decir, veamos en nuestro interior para saber que muchas de esas incógnitas externas ya tienen respuesta y no están afuera de nosotros, más bien están en que podemos cambiar el destino que ya hemos comenzado a construir.
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