Ayúdame, necesito saber cómo te veo sin expectativas.
Me encantaría saber cómo mirarte sin pretender que seas como yo. ¿Será que sí es tiempo de dejarte entrar a la complejidad de mi mundo?
Hoy, desde este tiempo de la historia, miro hacia atrás y no logro comprender cuánta gracia hay en nuestro día a día.
Trabajamos tanto por entendernos a nosotros mismos, para saber qué límites poner, para comprender cómo acercarnos al otro, para buscar de manera incansable cómo sanar nuestras heridas, cómo romper ciclos, que la vida se nos va en ese gran temor de permitir que otros entren a conocernos, a confrontarnos, a oírnos, o quizás a compartirnos de ellos mismos.
Y sí, así fue como llegó aquel día, en el que una pequeña conversación me trajo a ti.
Si fuera sincera, diría que ya estaba cansada de la idea de la amistad, pero más aún, totalmente perdida en siquiera pensar en tener una amistad con una persona del sexo opuesto.
¿Podría ser tan transparente, tan respetuosa, tan responsable? Qué temores tan inciertos, tan sutiles se colaban en mi mente, y sin lugar a dudas, entendía que era más fácil decir: “No, gracias, no es tiempo”, o seguir como estaba.
Pero, por alguna razón, encontré que la base de una sabia amistad consiste en esa posibilidad en la que tú puedes, sin pretenderlo y sin imponerlo, retar al otro a ser cada día una mejor versión. Y es que así también hablan del amor.
Dicen que la persona correcta te hace brillar, no te roba nada, más bien permite que de manera natural todos tus matices resplandezcan.
Fue por eso que me aventuré a conocerte, a contarte, pero sobre todo a callar. Y, sin ánimo de tomar postura, siento que muchas mujeres entienden lo difícil que es guardar silencio.
Me retabas, pero entonces, con el tiempo, dije: “Esto dejará de pasar”. ¡Qué error tan ingenuo de mi parte! Porque no ha sido así. Incluso llegué a pensar que con el tiempo los temas se acabarían, qué tanta transparencia nos llevaría al otro extremo de sentirnos con derecho de juzgar al otro.
O incluso dije: ¿Será que aquí no se despertarán sentimientos más allá de la amistad?
Y es por ello que hoy deseo agradecerte, porque me enseñaste que la amistad perdura, que su base primordial es el respeto, la lealtad, la sinceridad, pero sobre todo el amar al otro sin negarle la posibilidad de ser como es.
Es aquí donde logro entender que, muchas veces, somos nosotros mismos quienes, por el afán de no sufrir, o en ese desgastante camino por procesar todo rápido, y en ese agotador cúmulo de ítems en una lista para parecernos más a los estándares de lo que la sociedad nos pide, nos perdemos la oportunidad de construir desde cero: imperfectos, equivocados, sin máscaras. Porque podremos estar rodeados de miles, pero ¿cuántos de esos son los que de verdad nos permiten brillar siendo lo que SOMOS?
Entonces te vi, pero elegí mirarte al detalle para descubrir que, con tu ayuda, me estaba viendo a mí misma en una mejor versión de lo que algún día imaginé ser.
By: @aea.villamil3
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