Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Algo que necesitamos, que queremos, pero qué le tememos en lo cotidiano.

Muchas son las circunstancias que nos hacen pensar lo que somos, en quienes nos hemos de convertir, y aun en aquello que trabajamos desde lo cotidiano. Pero estas ideas parten de nuestros anhelos, de esos deseos que tenemos dentro de nosotros y de aquello que aprendemos y lo tomamos como nuestro y lo narramos para estar en la sociedad y desde ella superar nuestra soledad.

Sí, la soledad como ese espacio con nosotros, que le tememos, le hacemos el quite y aun lo condicionamos con música, con ruido o con estruendos de la monotonía para no sentirnos ausentes. Ya que esa si puede ser la causa de nosotros como seres sociales. Es decir, nuestros miedos, nuestros anhelos, y aun las frustraciones las disfrazamos para habitar en el contexto que hoy tenemos, y eso nos cuesta la sinceridad y es ese hecho de poder cuestionar lo que somos.

Somos hombres, mujeres con roles, con especificaciones y costumbres, somos aquellos que dan sentido a lo que les rodea y en muchas ocasiones, nos acostumbramos a las personas, como a sus acciones diarias, que al adentrarnos en sus no entendemos o procuramos omitir su sinceridad.

Palabra grande, corta, que nos lleva a ver no solo la verdad dentro de ella, sino el cuidado que esta tiene para relacionarnos, para unir mundos y aun para aprender a ver desde otra perspectiva, ya que para cuestionar debemos conocer y este conocer nos lleva a revelar lo qué hay en el ser, en la persona y aun en su alma, escrito esta, sobre todas las cosas guarda tu corazón porque de él mana la vida.

Y claro, entender esto es saber que sinceridad es pedir mucho a otros, que en su discurso haya coherencia y consecuencia, que haya verdad, que haya ganas de construir y avanzar, que en sus relaciones haya ese cuestionamiento sobre lo que les rodea y que cada acción sea una manera de permitir la compañía del otros, ya que con este conocemos, exploramos el mundo y aun nuestro interior.

Ahora bien sabemos que el hombre es tripartito, es decir, alma, cuerpo y espíritu, y la espiritualidad es la base con la que este construye su vida, y claro está no solo la vemos desde las acciones, costumbres o ritos, sino de aquello que se busca y se transmite a otros, podríamos decir que es la palabra, la promesa o esa energía que fluyen de nosotros hacia los demás y que recibimos de vuelta.

Nuestro cuerpo esta compuesto de energía, y también del fluir, como del esforzarnos, encontrarnos y aun distanciarnos, porque hoy en la sociedad, construir equipo es complejo, es relacionarnos una y otra vez, es concretar ideas, planes y sueños pero también es ver como otros se aprovechan de otros para ganar, y de eso se trata de aprende e y avanzar, de no condicionarnos por las acciones de uno pocos que son egoístas, sino que se vale ver los procesos de las personas y saber acompañar estos estados.

De encontrarnos con la soledad, el silencio, el duelo, la tristeza y aun la alegría, y decidir quedarnos no solo un día más, sino una, dos, tres o miles de temporadas porque hemos encontrado en esos otros amigos y compañeros sinceros de la vida. Ya que más vale un amigo en tiempos de angustia, que nos levantan y no nos deja vencer por las vicisitudes de la vida.

Por eso, hoy hablamos de sinceridad, de encontrar espacios para hacer conexión y avanzar, para reflexionar y porque no instantes que se convierten en momentos para abrazar mucho y permitirse encontrar esa energía con el otro, que te nutre el espíritu y que alienta no solo el contacto físico, sino el que toca el alma y confronta ante el mundo.

By: @marce.canor90

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