Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Es tu nombre la esperanza de saber mantener un legado.

Podremos decir que el fundamento del hogar es la esencia de los hechos posteriores a nuestro tiempo, cabe recalcar que lo primordial es declarar que cada espacio es nuestro y que el amor que siempre demostraste es lo que nunca podremos dejar ir. Mujer buena, digna de imitar, que todo lo dio y que de nada dudo. A cada uno de sus hijos, amigos y conocidos, les brindó de su alegría, de sus fortalezas, y del buen humor que los caracteriza, desde sus sabios consejos.

Hizo de cada uno de los que la rodearon algo bueno, y no se limitó ahí, alcanzó lugares, espacios y tiempos diferentes para demostrar quién eras. Tan solo con acercarse ya existía en ti el develar cuáles eran las penas y los miedos que siempre aquejan a todas las personalidades que podías abrazar. Tu consejo era lo que sin medida siempre llegaba, no importaba si era en el tiempo o fuera de él, siempre era tu gran práctica. 

Eras grande y poseías esas ganas de vivir más allá de la vida, sin importar los momentos siempre caminabas de madrugada, y volvías donde tuviste hábitos de café al desayuno, entendiste que las penas hacen parte de los desahucios, pero no te quedaste ahí, soportaste tanto que mantenías el ánimo y aún así solo sabías que llegaría tu día, pero no fue con tristeza, fue con la fe de que los que más amaste siempre estarían bien.

Arraigada en ti era la psicología, el movimiento y la prudencia, tu presencia las paredes la comprendieron y las puertas no se cerraban, tu fuerza era el símbolo de respeto, y como mujer defendiste otras. Tu transparencia era la ayuda a todos los que un día conociste, y tu espíritu era dador de afecto aun cuando el mal estaba cerca.

Mediadora y esperanzadora, de tu boca salían palabra de ánimo, cometiste faltas pero asumiste los riesgos, la violencia te marco pero pudiste vencerla con violencia en su momento y luego con diálogo, diste tu casa a todos y por herencia nos enseñaste a mantener sus puertas abiertas, ya que el ayudar ayuda aun en crisis.

Hoy nos damos cuenta, cuanta falta nos haces, nos da nostalgia recordar, ya que eras, eres y siempre serás la parte crucial de nuestro legado, ese que falta comenzar a tener con herencia en los que siempre te reconocerán -nuestros hijos y sus hijos-,  ya que era el motor de una familia, de una vecindad y de los reconocidos e invisibles que pasaban por tierras centrales, solo de paso o por un trabajo de independencia, tu fin fue pronto, tus memorias pocos las conocen, pero agradeciste el conocernos a todos. 

Lágrimas van, y otras vuelven, tus pocos amigos quedaron para tus hijas, partiste con calle de aplausos, esperando y creyendo poder volver a vernos, tu eternidad comenzó, y alcanzaste a otros que se fueron antes de tiempo, gratitud a ti por todo lo que fue una vida, de acertijos, correcciones, de magia con la electricidad y con él siempre dar a otros sin esperar recompensa. Sencillamente eras tu en tu nombre que dio el aumento del día hasta demostrar la culminación del esplendor de la luz.En tu tiempo espero oh tuuli, nos diste de su aprendizaje y nos demostraste que desde ella, esa mujer podemos nosotros ser lectores, de todo, de la vida, la muerte, la alegría y la tristeza, aceptando tus disposiciones y planteándonos la mirada en él adelante, porque esa es la meta una fija y es volver a ti.

A la memoria de Bertha Aurora Verdugo de Angarita.

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