Sopla, vuelve a soplar,
no dejes de unir a los que están lejos.
Hablemos de autenticidad, combinemos lo que pasa y comprendamos el quehacer, esté unido a los antepasados y a los pasados, es de la liberación, la integralidad y así la humanización. Es para el territorio, el carácter, la melancolía, los sueños, la superación y todo espíritu que siempre nos ha dado la espiritualidad. Por gracia, consagración, trabajo y entendimiento.
Somos de veinte edades, y cada edad cuenta setenta años, el antiguo mundo dispersa a el nuevo, podemos ser la referencia cronológica y cronistas, somos hoy ante nuestros propios mitos. Leyendas hicimos como sacrificios, no como los antepasados que hicieron cremación al maíz, nosotros creímos en la palabra y esta se perdió, ¿que hicimos? lo mismo, dar esfuerzos vanos a la construcción de nuestra identidad.
Somos cosmogónicos, vitales, valorativos, poéticos, simbólicos, es decir muiscas – humanos. Nuestro pensamiento ha de perdurar, nuestros días contar y desarrollaremos la imaginación con creatividad. Esta es la bondad, primeramente nos cobijó como la claridad y esta hace parte de la primera luz, luz del omnipotente, es decir de existencia y el Verbo.
Este tuvo en el origen aves mensajeras, que impartían vida. Como el aliento de vida que se le dio al polvo para dar humanos. Con su toque especial y si, hablamos del polvo de estrellas el cual se resume en oro. Estos deben ubicarse en el ante y en el dentro de la realidad. Sin ella no hay existencia, y desde ella desarrollamos contextos, anhelos e historias escritas. Adentrémonos un poco en el mundo muisca y aprendamos a los números que hoy tenemos desde lo grecorromano.
Ata, uno en significación, complemento ajustado a la veracidad de lo que se percibe, lo natural audiciona para ser reconocido y tratado con respeto y valoración genuina de conservación.
Bosa, dos son los astros que siempre nos vigilan, y demos relevancia porque se trasladó al cielo para que fuese mujer del Sol y alumbrarse de noche, dadora de vida en las metáforas que sabemos, y en la mileniaridad.
Mica, tres componentes del ser, unificados en el cuerpo, mente, y alma. Son éstos los consagrados para demostrar la unidad que existe en relación con la eternidad.
Muihica, cuatro los periodos de exaltación universal, donde coexisten las relaciones y los choques que generan la confianza dentro del conflicto, su apuesta es una y esta se crea, porque es la verdad.
Hisca, cinco hechos que dan valor al nombre poseído, a la tierra que siempre se quiere conocer y al pertenecer con autonomía es el despertar desde el interior.
Ta, seis momentos para desprender y contemplar que la vida está en el más allá y el alma es eterna. Se vieron esos ojos que dan claridad, propósito, inmortalidad y trascendencia, solo es el acto de darlo todo. No por pobreza sino porque somos lo que damos.
Cuhupcua, siete son las corrientes de tuuli, que salvaguardan la vida de las bestias y de la humanidad.
Suhusa, ocho son los colores que se dan desde la quietud de las aguas, y donde ver el maíz es como ver trozos del sol en la tierra.
Aca, nueve son los pasos que empoderán el autoconocimiento, su base es el amor, seguido de la confianza, la lealtad, la verdad, la justicia, la ayuda, el servicio, la fe y la esperanza.
Ubchihica, diez son las realizaciones que podemos anhelar, el tiempo solo nos da esos momentos que se guardan en nuestras sonrisas. Afecto tenemos, y ese somos en cada momento con la ayuda desinteresada.
Es por eso que hablamos de Tuuli, es más que realidad, es el mensaje que buscamos, damos, y guardamos en silencio. Se desprende de la eternidad, demuestra tardanza, pero siempre está ahí en el momento, que dicta pensamientos desde preguntas hasta respuestas, habla con certeza y consejo, es la palabra que nunca pierde ida y huida. Sale de las sombras, envuelve el corazón, viene de la selva que es humana, demuestra el eco de los ojos, y nos lleva a la mejor iluminación.
La cual es la forma, el sentido de entender que somos importantes, valiosos y llenos de destino con gratitud. Por eso, aprender del pasado no es repetir es saber que desde lo que hacemos hoy tenemos sentido y vamos para contar las historias que están encarnadas en nosotros. Hoy somos de esa historia, mañana seremos de la que cree en lo invisible y avanza a entender y hacer su voluntad, no la nuestra porque ahí estaríamos, en el sentido perdido de nosotros mismos y el deseo del mundo que nos adormece.
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