En él vivimos, es el encanto de la vida y es la forma de pausar todo.
Son las cicatrices las que traen a nosotros los recuerdos, unas de nuestra alma, otras del cuerpo, estas últimas valen la pena pensarlas y nos dicen que nunca debemos olvidar cuál ha sido nuestro origen, desde este hemos de aprender y conocer a los experimentados, ellos han vivido mucho más en el tiempo y sus historias serán nuestros relatos, y esas memorias que nunca debemos callar, por las secuencias que tenemos de interconexión los unos con los otros en el nosotros.
Hacemos parte de lo nuevo, un día de trabajo es la fuerza justa de nuestras ideas, ideales y esas nociones de la realidad, las conversaciones nunca deben terminar, es por ellas que brindamos entendimiento, y conocimiento de los hechos que nos dan emociones, todo puede entrar en la obviedad, pero no podemos permitirnos que esa sea la forma cruel de ser nosotros en esos otros.
El consumismo del mercado nos hace consumidores a todos, unos impulsivos, otros pasivos, todo este consumismo se basa en la necesidad de convertir en bienes y servicios lo que es esencial y necesario, no debemos caer en el engaño programático del sistema y su publicidad.
Los consumidores del mercado deben cuestionar las nociones de la vida, porque está en muchos momentos y nos puede estar cargados de monotonía. Esta determina si somos pacientes o no hemos encontrado lo que en verdad nos lleva al sufrimiento y a la pasión de nuestros anhelos y sueños.
Estos pueden ser exaltados con rabia y fanatismo, acercando al mundo o siendo egoístas. Conversemos sin preceptos, estudiemos nuestras palabras y aprendamos de la risa del que no nos conoce, ya que este en su momento nos puede acercar a lo que nos falta. Momentum, ratitos que detienen el tiempo.
Tiempo de verdad, esclavitud y libertad. Todo esto se resume, se dicta y se cuestiona cuando no existen espacios para emprender y cuidar lo que se ha buscado. ¿Cómo se hacen esos espacios? con intimidad, acercamientos, recuerdos, relaciones, aficiones, ritos, hábitos, conocimientos, contradicciones, gustos, confrontaciones, humildad, perdón, reconocimiento, identidad, verdad, lealtad y muchas otras atribuciones que siempre están en la disposición de darnos a nosotros el valor para mantener la diferencia.
Detener el tiempo es apreciar los instantes, los momentum que compartimos y construimos con todos los que nos rodean y nos recuerdan aquellos que ya no están, podemos ser de antaño, o la sensación del momento, debemos ser parte del otro siendo nosotros mismos, no desconociendo la pregunta del ser. ¿Ser o no ser? ese es el dilema al que debemos siempre volver.
Nuestras respuestas son múltiples, aceptemos la diferencia y hagamos de ella el respeto a saber que en primer momento nosotros somos egoístas y que con el pasar del tiempo podemos ser colectivistas, sabiendo que primeramente debemos basarnos en el yo de nuestra construcción y seguido a ello en la del resto, porque es así como sabemos la palabra asertiva que debemos dar para ayudar al avance de otros en medio de la cultura.
Compartamos y aprendamos, todo lo que existe ya fue, este no es el problema del éxito, lo que nos falta es lo desconocido, esto puede ser la repetición de nosotros o de aquellos que dejaron de existir, todos poseemos sombras que nos alienta, el viento que nos guía y enseña y la música que siempre nos unirá. Los lenguajes que poseemos los desarrollamos si tenemos un corazón atento y dispuesto.
El ahora vendrá, todo se escribirá, y lo que somos siempre se compartirá, somos la razón de nuestros desahuciados mundos, la meta siempre no exige un esfuerzo más, el tiempo se detiene si nosotros lo deseamos, sólo es una acción sobre una decisión y la subversión siempre nos tocará. Dilemas de la vida, el sentido y lo que creemos.
Nuestras palabras son las declaraciones de nuestro corazón, debemos ser parte de la historia, contando la y viviendola.
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