Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Nuestra historia nos permite conectarnos…

Para alcanzar cualquier comprensión debemos entregarnos a la realidad, esta es parte de nuestra construcción social, de nuestros conocimientos y por supuesto de nuestra experiencia. Todas estas acciones deben estar catalogadas dentro de la honestidad a las emociones y a los sentidos compartidos que tenemos con nuestros pares.

En el mundo no podemos ser pequeñas islas, todos tenemos un camino y un trozo de historia que debemos compartir para poder vivir, ser influencia y no solamente estar, porque si cumplimos lo último solamente podemos decir que hemos muerto en vida y de ahí nadie nos saca aún si esta fuese su convicción.

Nuestras influencias pueden ser muchas, bastas o pocas, todos hemos aprendido de alguien muy cercano, y de alguien distante, solo basta con observar al detalle y podremos decir que de donde venimos siempre hay un espíritu de lucha, perseverancia y entrega total a las causas, sin estas no tendríamos sentido, solo dualidad, miedo y cobardía para levantarnos una y otra vez hasta convertirnos en ese fuego que contagia a muchos otros para que vivan y vivan abundantemente.

Sabemos esto pero tememos, comprendemos cuando estamos en la soledad, en las caminatas sin fin, y en esos recorridos de la ventana, todo procura siempre hablarnos y contagiarnos de lo que en verdad es agradable para el mundo, nuestra humanización, la esperanza y el afecto desinteresado, ¿que nos sucede? locura, diferencia, anormalidad, No, sencillamente nosotros siendo lo mejor ¿por qué? es la única posibilidad para cambiar, ¿cambiar? Sí, cambiar lo establecido, lo que ha sido puesto por imposición y por miedo.

Todos, y cada uno de nosotros somos historia, con un origen que debemos aceptar, valorar, honrar y en su tiempo contar, no a todos, ahí podemos ser egoístas, pero debemos hacerlo, para que exista desde lo que es nuestro, la credibilidad de un mensaje, un ejemplo, una exhortación y ese ánimo que sale del corazón para alentar el caminar. Ya que si no caminamos sencillamente el tiempo nos hace insatisfechos de lo que hemos construido para nosotros.

El mundo conocido y desconocido nos ha dado la oportunidad, ¿que es? nosotros mismos, hemos de aprender a relacionarnos, comunicar nuestras ideas, aceptar la de otros, contagiar de verdad  a la sociedad y esclarecer toda impugnación que se levante en nuestra contra.

La vida sabe recompensar aquellos que se esmeran por aprender, por compartir y por demostrar que siempre el otro es primero que el yo, desde ahí puede nacer la convicción más grande y es que desde lo que hay no es queja sino oportunidad de instaurar hábitos, que dan por sentado el mundo de hoy, más allá de su productividad sino de su cooperación por un ahora diferente.

La iniciación es sencilla, es comprender, sentir celo y dolor por todo lo que está mal, esta maldad se llama injusticia, despotismo y humillación.

En muchos espacios y tiempos personales las hemos sentido cercanas a nosotros, ¿pero qué hacemos con ellas? ahí está la diferencia de nuestro corazón, sentarnos a llorar o levantarnos tan fuerte que ese resplandor contagie a los que están cerca y emprendan con nosotros la lucha que no tendrá pronto final.

Y cuando este llegue seremos la mancha y el recordatorio de que el mundo siempre ha sido el lenguaje de nuestras generaciones y el polvo cósmico que da certeza de que hemos crecido para dar gracias a la vida y a la muerte conjunta.

Seremos mejor que esto, la preposición está en camino, todos lucharemos y alzaremos la voz cuando nuestras calles dejen de estar manchadas y lo que no tienen voz sean reconocidos, deberes muchos pero de convicciones pocas, contaminemos sin estar contaminados, y que los sueños vivan y sean nuestra libertad. Porque no es de volar sino de vivir dejando de lado el sobrevivir.

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