Hablemos, contemos, vivamos confiados de que la certeza nos llevará a creer en la construcción de lo que somos, una forma distinta de reconocernos.
Hace muchos días que vengo pensando cuánto tiempo llevamos aferrados a nuestras ideas, cuánto tiempo hemos argumentado nuestros porqués si y por qué no, pero en particular hoy es bueno cuestionarnos y ¿qué de todo esto?, será que debemos comenzar a mirar hacia adentro, es decir volver a ello, o son tiempos donde debemos naturalizar todas aquellas expresiones que tenemos y las hablamos desde el orgullo y la negatividad de trabajar desde la humildad en reconocer al otro.
Y es que, si dimensionamos esa expresión, partimos de la idea de que quien no es humilde no reconoce lo que social o económicamente tiene en su vida. Pero esto debe tener más atención dado que es lo vital de la vida y si hablamos de la esencia de las personas, de lo distintivo que son ante los diferentes roles a nivel social, político, cultural, económico, profesional y personal que se tiene, y claro también entendiendo el yo, el superyó y el ego.
Incluso, buscando de manera profunda, la humildad como concepto nos acompaña, nos permea y nos hace diferenciadores en todos los momentos del vivir, y este concepto va ligado a nuestra identidad, a nuestros planes y propósitos, ya que verla etimológicamente es decir que esta es la “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento” porque nuestro camino lo labramos con un corazón sencillo o con la altivez que nos limita y/o debilita, por eso naturalizar la humildad es un trabajo que cuesta y que debemos tener en nuestra mayor constancia.
Las circunstancias son nuestras, pero el corazón del hombre debe moldearse en todos sus aspectos, chocando con uno, con otros, pero siempre limandose con sus pares para ser su mejor versión, y claro acá todos chocamos, ya que aprender a vivir en sociedad es reconocer nuestras limitaciones y demostrar que tan débiles somos para levantarnos una y otra vez. Para así superar la idea nociva de que el más fuerte es el que más se acomoda a los cambios.
Y acá la mayor falencia, y es que como no vamos a chocar, si lo que hacemos es disruptivo, es pensar de otra forma y hacerlo no como lo que hemos aprendido porque el mundo está construido desde la soberbia, la arrogancia, el egoísmo, la individualidad y desde el yo, y este solo piensa para sí.
Por eso, humanicemos la humildad, algo que yace muy dentro de nosotros, y nos reta a obrar desde lo que conocemos, desde un lugar de enunciación, desde nuestros valores y aun desde lo que creemos, ya que ser humildes es ver la oportunidad para que otros brillen y sean el punto de referencia, ya que sus metas, planes y sueños son buenos al momento de compartirlos.
Estos son tiempos para seguir, perseverar, esperar y aguardar la fe, la esperanza y el amor, no como muchos lo dicen, sino cómo en verdad es, desinteresado, excelente e incondicional, por eso perseveramos en el camino. Hoy los tiempos son distintos, difíciles, pero son nuestros momentos para reconocer que la vida no es nuestra sino es una causa mayor y está desde nuestra misionalidad. Superando la conquista de la felicidad.
Sirvamos, ayudemos a otros, aprendamos algo distinto, compartamos de lo que tengamos, la recompensa vendrá, A lo mejor desde esas comprensiones mayores o menores pero que nos hacen libres, no para elegir, sino para vivir de una manera distinta. La vida no es nuestra, es de la soberanía que radica en la posición que tenemos nuestra visión, reformados todos aquellos que dan su vida por la de otros.
Imperfectos siempre, por eso tenemos el devenir de la vida para mejorar en nuestras acciones, en los cambios profundos e ir avanzando en que la ayuda desinteresada hace un eco generacional y este es dejar una semilla como la mostaza para que crezca.
For @erikavanegasvalencia & @luis.serna09
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