En el viaje es donde se encuentra la hermosura.
Peregrinos son aquellos que poseen el pensamiento de inconformidad por excelencia, no imitan a nadie, han aprendido a apartarse de la multitud, no porque la multitud fuese mala, sino que su visión del mundo se engrandece y así es más fácil compartirla, compararla y cuestionar la realidad que el sistema ha establecido, los peregrinos se pone en marcha y pueden contagiar al resto de transeúntes con diferencia, no poseen un solo conocimiento, saben hablar y sobre todo han conocido el derecho a guardar silencio, ya que en este derecho saben quienes los acompañan y pueden emprender la lucha de su reconocimiento y la construcción de sus valores.
Su primer valor es el compromiso, de ahí saben que el comenzar implica dejar muchos pretextos y argumentos de lado, perciben desde el caminar las consecuencias y de ahí la toma de decisiones se convierten en radicalidades, estas van ligadas al colocar en riesgo su hogar, su familia y la vida misma, esto puede entenderse que cada día al levantarse todo lo que se es debe estar cargado de convicciones y desde es saber aportar a que otros desarrollen la misma intención en vida.
No existe el estancamiento, se camina con la esperanza tardía y la fe de ser parte del ejemplo de un mundo mejor, se sabe de antemano que el caminar a solas es la mejor forma de reflexionar, observar y romper el esquema de lo cotidiano, se comprende que el caminar con alguien es invitarlo a reflexionar, sobre lo que pasa en el interior y el exterior lo cual siempre nos ha de llevar a la toma de decisiones de vida (políticas, económicas, culturales…). Las relaciones humanas son las que tienen profundidad y que emprenden toda lucha, estas son importantes en todos los momentos y épocas del tiempo, se puede comenzar por la educación, esa que rompe barreras, y nos deja la invitación a una inspiración espiritual y al componente histórico de nosotros en nosotros sin perder la noción de verdad.
Accionar esa búsqueda es encontrarnos con el ser bondadosos, consejeros, gentiles y curiosos, esta última es la consideración a no dejar de ser niñas-niños, ya que el mundo y sus acciones nos llevan a olvidar esa primera etapa de la vida para condicionarlos en la última, y es ser adultos.
El choque de las culturas permite a los peregrinos ser ellos mismos con los valores familiares, que por la tradición los han construido y constituido para él ahora, es decir para este presente que debe cambiar, todos hacemos parte de la riqueza de la multiculturalidad y del mensaje de aceptación, que con respeto y amor todo puede lograrse. Ese puede ser el comienzo de la subversión que nos llevará al trastorno del mundo actual. Somos la secuela del polvo y la arena, en las sombras de la selva que ya no recuerdan los nombres de aquellos que volveremos a conocer.
Un paso a la vez, un hecho que nos cambia, la relación se convierte en la convicción y la honra es solo la cadena que nos lleva a la elevación de nuestra fe, que nos involucra con el momentum de poseer una identidad. Somos la secuela de una perfección y la destreza de un aprendizaje mayor, éste solo es el aliado a nuestro tiempo y es el mejor de todas las épocas vividas, vivir es por esencia, lo esencial y lo que da vida.
Peregrinos son aquellos que caminan y conocen la desobediencia civil, la argumentan, la estudian y la comparten como ideas que pronto llegarán. No dudan de su alcance, pero saben que la violencia puede tener efectos nocivos cuando se atenta a la propia integridad. Esta que es destrozada por las generalidades, por las doctrinas y por la ausencia del conocimiento y la divergente conversación con el otro, y yo interior.
Despertar es el inicio para violentar la realidad, muchas cosas en la realidad suceden de forma contraria y en esa contrariedad está la no obviedad de la objetividad. El carácter se afirma reconociendo la raíz, esta fue antes de la primera luz y era en el vacío. Desde donde la magia habló y todo se hizo, donde la primera vida fue y esta seguirá siendo a la tierra.
El peregrino sale una vez y no vuelve a ser el mismo, es parte de la secuela de un ayer merecido y un ahora a interpretar. Está convencido de lo que sabe y de lo nuevo que puede aprender, no juega con razones y procura encontrar la palabra y cumplirla hasta el final. Ya que lo correcto es entregar la vida por una causa aun cuando el final solo sea abnegación.
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