Comprender lleva tiempo, y este es del conocimiento que nos rodea, es esencial para creer y emprender.
Cuando poseemos saberes todos estos nos dan un camino que debemos recorrer, ocasionalmente lo que hacemos nos da una razón para emprender y descubrir las nuevas formas de ver la vida, somos de las letras como de los colores y estos atributos siempre están encaminados a nuestras verdaderas conversaciones. Porque tener la claridad nos da el brillo ajustado, a lo que estamos comenzando a permitir.
Aceptar, es sencillamente ser más humanos, auténticos y porque no sensibles a lo que nos rodea con asertividad, en el tiempo siempre lo esencial son las notas, las cartas, las canciones y esos indicios de dedicación al tiempo, porque pensar se convierte en un arte, pero transmitir lo que sentimos merece la responsabilidad de cargar con sentimientos el conocer al otro aún sin tener respuestas.
Estas siempre se tardan en llegar, pero en otras ocasiones nunca llegan. Dado que si llegarán es porque todo entra en sintonía y esta merece la historia de nunca acabar, conociendo el principio y el ahora, traer el pasado al presente es dar las posibilidades a las oportunidades, esto sería el primer error de creer que todo tiempo pasado siempre ha sido mejor. Y este sencillamente es volver al tiempo y estancar todo avance, creyendo que si lo tenemos ahora todo será igual.
El camino es distinto aun cuando en él hemos estado, muchas veces lo hemos grabado tan dentro de nosotros que creemos que es el único que podemos caminar, pero más allá de todo, existe la nada, y esta nada sencillamente es el conocimiento de lo que en verdad debemos emprender y en ese emprender todo va desde la reflexión que ahora nosotros hagamos.
El principio de todo es oscuridad, esta fue y siempre ha sido la primera luz, dentro de ella conocemos la luz que tenemos, pero sencillamente opacamos lo que en verdad es esencial para los ojos. Ahí entra todo, el mundo, los pensamientos, las creencias, la cultura y esa hechura misma de nosotros, nuestros errores, las victorias, la soledad o esos anhelos que tenemos pero que sencillamente han muerto con nuestra monotonía.
Está siempre llega por los ajetreos de la cotidianidad, donde se nos ha mentido, traicionado y aun puesto en mentiras la libertad. Ya que nuestras condiciones sociales e intelectuales están limitadas por la información que siempre poseemos, ya que se nos ha enseñado a repetir más no a crear, y esto esta desde que las normas implementaron la anormalidad bajo el canon de sus leyes.
Pensar es un acto de rebeldía, argumentar es la confrontación para que las ideas puedan vivir, confiar es un sinónimo de lealtad, pero esta se hace desde la creatividad, el juego y porque no desde la armonía de los colores de nuestra propia tranquilidad. Somos solo el argumento que la vida puede tener de nosotros, nunca buscaremos la perfección, pero si trabajamos en que las acciones estén realizadas bajo el estándar de consecuencia, y coherencia para los más cercanos.
Todos hemos pasado los caminos de la vida, donde conversar se vuelve tan de nosotros que ya no es suficiente dejar de hacerlo, una palabra cambia y da simpatia, argumentos y valores sobreentendidos de lo que siempre estará por descubrir, caminar y sencillamente escribir para no olvidar, porque si se olvidase algo de lo que hacemos ya es tiempo de buscar lo que siempre poseerá nuestro epitafio.
Morir es vivir y vivir es la ganancia que pocos tendremos al momento de llegar a la meta. Nunca sabremos cómo realizar todo, pero solo nos escucharemos una que otra vez en el eco de los otros, porque somos un referente de diferencia, y esta solo llega cuando en nosotros creemos.
Cada ser es otro, y cada ser es sí mismo. Esta verdad no se ve a partir del otro, más se comprende partiendo de uno mismo.
Zhuang-zi (Chuang-tzu).
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