Jardinería, semillas
un momento.
Para comenzar la esperanza se convierte en el sinónimo que se desenvuelve desde el sol, todo lo que toca se convierte en brillo, el está de mañana, al mediodía y también se despide con un ocaso, estos momentos se entienden para comprender la suficiencia que este a tenido, ya que ha existido desde el siempre y con él puede llegar nuestra misma inexistencia, su poder es tan grande que se han hecho miles de relatos a nivel de las generaciones pasadas y la posteriores trataran de entender su fuerza y calor ya que esto mantiene despierto el universo, hemos escuchado que han existido estrellas mucho más grandes que el, estas han muerto y solo son el repaso de su polvo cósmico en nuestros libros, todas las historias hacen la realidad, la unión y la comprensión de múltiples actores sociales que caminan y brinda desde sí el vivir ahora, con ambiente, naturaleza y ejercicios de enseñanza.
La altura es moldeada por el tiempo, para echar raíces y decir que si hemos de conversar es con los viejos, árboles que han sido de juego en juego a una generación, que sus ramas son cortadas para que “entendiéramos” la cordura de los cambios, y desde ahí la sapiencia que tenemos desde la comunión con el ambiente y lo que siempre ha sido su hojarasca, esa que nos acompañará en los caminos para escuchar su craqueo, pero en otras circunstancias nos ayuda a hacer los filtros del agua, o nos estanca en las canaletas, pero que en su mayoría de usos es parte de la humedad y cuidado a los cultivos y plantulas que hemos de sembrar.
Una conversación con viejos árboles es desearles el bien, la abundancia y su larga vida, para que ellos también nos ayuden a nosotros a poder cuidarlos con resistencia. Pareciera que esto es toda una locura, pero hemos comenzado a traer a nuestra vida la consciencia, ya que esta es la única que nos dará la coherencia para con los que estamos cerca y con los lejanos consecuencia.
Volvamos a las raíces, dispongamos a mantenerlas y a compartirlas, sepamos que ellas son las que nos mantienen a nosotros y las que nos demuestran que un vida acertada es posible, todo trabajo con nuestras manos y a la tierra en su tiempo será recompensado, este ejercicio es el que nos da comprensión, sensibilidad y unidad para preservar, contar y encantar la vida misma desde su esencia natural.
Los días son pasajeros, el orden puede parecer un caos, la coexistencia lleva su naturaleza, culminemos lo que es parte nuestra y sepamos decir que los días son de jardineria, de máticas y de comunión, hay vistas de aprendizajes, y lugares que vale la pena siempre conocer, compartir y detallar de principio a fin. Todo lo que nos construye es el saber, hemos considerado nuevas dimensiones para mantener la historia y desde ella brindar una reveladora forma de sentir dentro de nosotros la paz que solo proviene de más allá de nuestro propio universo.
Árboles, eugenias, geranios, tulipanes, flores y claveles, todos parten del mismo recurso, la tierra, esa que es negra, que posee microorganismos, que sirve de abono y que genera vida, que es la constante de descubrimientos, y aun la que permite su propia destrucción. Ya que como ser vivo se estresa del conocimiento de la misma humanidad, no tiene fin y siempre quiere más.
Todo se convierte en polvo, el lodo mancha las manos, y nos demuestra que los recursos como las acciones a la naturalea nos dan estabilidad en el cuerpo, un poco más de esfuerzo la tranquilidad siempre esta por llegar, el cansancio es tenido como fatiga, pero dicta que somos una vez más resistentes a los tiempos, las canciones dan mística para acompañar labores y sembrar esas semillas que solo en sus periodos culminan con la producción de un mejor producto que en nuestro semblante solo es la la paciencia en el tiempo y el riego.
Semilla de tiempo, productos de soles y nostalgias de saberes.
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