Somos la construcción y la destrucción de nosotros mismos y de lo que nos rodea.
La vida es un cúmulo de experiencias, sensaciones, reflexiones, fracasos y muchos sentires que nos permiten avanzar y retroceder con lo que poseemos, pueden estas ser las sombras o sencillamente argumentos sólidos que no nos dejan quedarnos quietos, es decir, nuestras propias motivaciones o esas que hemos compartido para estar en medio de una cotidianidad diferente.
Movernos es avanzar en los deseos profundos de nuestra vida, de nuestros pensamientos y aun de esas ideas que compartimos con muchos para ver la realidad de otra forma. Todos poseemos una revelación de la vida, que la perseguimos hasta alcanzarla o nos acostumbramos a lo que otros quieran.
Lo que poseemos hemos de considerarlo como una formación y una apuesta a ser nosotros en un mundo que invisibiliza a los que actúan de acuerdo a sus principios y sus valores. Ya que desde que se fundó el sistema económico actual todo ha comenzado a transformarse, desde las libertades sociales hasta lo que en verdad afecta de manera integral al ser social.
Su pensamiento ya no es el mismo, ni aun las creencias o la búsqueda de verdades como seres políticos, la ética paso a un plano inferior donde hablar de ella es sentir que el mundo observa actos retrogradas y no liberales, la moral solamente juega el papel fundamental de los dogmas y de las creencias compartidas, ya que hablar de ellas es el juego permanente para distraer a las masas mientras las políticas de privatización se instauran en una representación participativa llamada democracia y aun en todo lo que es público.
Puede ser una defensa al cuidado del otro, o como diría una autora, a la ética del cuidado, el mundo que vivimos y habitamos, no es personal, es más colectivo de lo que creemos aun cuando unos pocos intereses se establecen y marcan caminos, la bola redonda es de más habitantes que de intereses, pero a eso el sistema y sus influencias ideológicas nos hacen pensar que es lo contrario. ¿Qué nos falta?, a priori diría que reconocimiento, que ver al otro en sus zapatos es saber ser, pero aventurémonos y creamos que desde la subjetividad política que somos, debemos hilar con cuidado y verdad los espacios de relacionamiento, ya que todos tenemos una familia, una escuela, unos pares y aun una sociedad que compartir.
El daño se ha ocasionado, la humanidad es perversa y destructiva, tanto con el ambiente es decir, su paisaje y su hábitat, hasta con su semejantes, estos que en ocasiones dan de sí mismos para efectuar vida desde su sangre, sus costumbres o sus estímulos permanentes de evolucionar en “razas mejores”, pero no tenemos razas como seres humanos, sólo procesos de radicalización, y este último puede ser el cliché de nuestra dominación social y de los ejemplos categóricos de las tiranías, las repúblicas o todo ese simbolismo de subyugación.
Tenemos un pasado compartido y este sencillamente se da desde los grilletes que en alguna ocasión esclavizaron a muchos de los nuestros, que hoy por hoy sólo no se dan cuenta de sentir la esclavitud, y no solo física, sino social, espiritual y aun cultural de que sino tenemos el éxito como muchos no somos nadie, y ¿qué es el dinero?, si solo es una representación de nuestras ausencias, de nuestros miedos y aun de esos mecanismos de superioridad que decimos tener, pero eso solo nos muestra que desde nuestras capacidades todo es más funcional, si se puede decir de esa forma, es desde las respuestas que todo el consumo, la apariencia y el estilo de vida no lo damos nosotros mismos desde lo que poseemos y nos comparamos con otros, quienes son solo una secuencia de lo extendida y vacía es la ideología de consumo desmedido.
Poseer es aceptar y pertenecer, para cambiar, agradecer y en ocasiones callar, guardar ese silencio y omitir las voces que hay en nuestra mente. Todo lo que poseemos hoy es solo el daño que toleramos, nuestra única permanencia en vida es el tiempo, ese que pasa y solo desaparece.
Y eso lo creemos solo con mirar el universo, los astros nunca se pagan, pero la vida humana solamente desde lo que es, llegará a su propio y deseado fin. De buscar, de cuestionar y de saber que ante un vasto cielo no solo somos una especie que se aniquila, sino que en sí misma cree que sin los otros, sean los recursos naturales, los animales o nuestros pares encontraremos sentido, pero no, a todos ellos los necesitamos para saber que el sentido de la vida no es correr contra el viento, sino es vivir, agradecer, perdonar y entender que todos tenemos un destino mayor y no es como aquel que dice que debemos volver a la época en donde se decía que la tierra era el centro del universo, porque eso, no es cierto.
El centro del universo que se expande una y otra vez es el autor del mismo, es la razón de que nosotros existamos, y compartamos con otros lo que en verdad es necesario, la vida, la muerte, el acompañar y el sentir las ausencias, de eso se trata de saber que si no paramos el daño No se ha cambiado mucho. Y es posible que esta sea la oportunidad las “mentes” más brillantes, porque hablan y son escuchadas para creer formalizar vida fuera de la tierra.
Pero si no nos cuidamos en un lugar que ni alcanzamos a conocer, como creemos que nos cuidaremos fuera de esta. Por eso miremos con atención, dañamos más nuestra inteligencia con creer salir y hacer las cosas mejores. Entender que todo está basado en una ley y es que gracias a ella la lógica se convierte en ontología y está en nuestras metáforas históricas que solo son mitos de mundo alternos al que tenemos.
Y esta ley es la Gracia.
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