Caminar sin destino es comprender que el rumbo está en la ruta.
Existen muchos pueblos escondidos en esta tierra lejana y distante, todos los que habitan son los que despiertan para no volver a dormir, este es el paso desentendido que debemos emprender para comprender el transcurso de los días, único lenguaje que es apropiado al aprendizaje, luchando una y otra vez a la misericordia de la naturaleza, esa que por gracia sencillamente se mueve. Los vientos hablan, y llevan mensajes a todas las dimensiones y distancias, solo una corriente es de nacimiento, habla con fuerte voz y redunda en todas los espacios existentes.
Hay que comenzar y volver a intentarlo todo, el inicio es solo la comprensión del ejercicio y a este es sumado la contemplación, todo debe verse ya que el cielo se convierte en el límite, pero reconozcamos que hay muchos cielos, uno tras otro, nos lleva a la revelación, son sus colores, sus matices, y aun el abstracto de sus nubes lo que nos habla, y nos invoca una vez más a la tranquilidad y a la subversión de nosotros mismos, el más necesario es el que solo saliendo de la tierra podríamos ver, es vacío, oscuro y sin tiempo, pero trae consigo el temor de lo desconocido y la revelación de la luces más distantes, a ese deberiamos subir para reconocer que el silencio estalla en ruido, y permitir su sonar para entender que a la tierra debemos dar tranquilidad, ya que de ella dependemos para dar dar vida y permitir que el tiempo traiga la muerte.
Todos, sin importar poseemos un destino, No existen hombres sin destino, esta es solo la razón para llorar, ya que en esa acción tan íntima conocemos nuestro interior, permitiendo la timidez, y el autoconocimiento como sensación de nuestro encuentro más necesario para abrir nuestros ojos. Caminar nos dará la ruta, ahí conoceremos a quienes van a caminar con nosotros, de esa acción debemos aprender a que no es el destino lo que significa, sino el trayecto lo que nos dará las mejores anécdotas.
Este es en verdad el rumbo la voz, la experiencia y el consejo sabio para compartir las calamidades como la mejor historia, esta que es única e intransferible por nuestra identidad y construcción social. Todos sufrimos los mismos males, cada interior siente con denuevo pero en ese lugar es donde en verdad maduramos para no volver a ser nosotros mismos en una versión primaria.
La vida nos pasa, nos prueba y constituye en nuestro corazón la grandeza desde la sencillez y la simpleza de nuestro afecto, todos merecemos ser queridos, amados y ciento por ciento responsables de la influencia que ejercemos en otros, no como opción cegadora sino como opción que procura encontrar la libertad.
Respetando y admirando, soñando y muriendo, compartiendo y caminando en soledad, porque esta última es la grandeza de nuestros encuentros. Ya que una risa sincera apacigua el dolor y la enfermedad de nuestros propios miedos. Dándonos la mejor correlación que hay entre el ser y el permitir.
Unamos fuerzas, y dispongamos de lo que somos para crear y romper todas reglas de juego no autorizado, el camino es la lectura, la literatura y el conocer desde los vientos las sombras de nuestra humanidad, productos de la historia y no de las proyecciones, una raíz de origen y un momentum presente para sentir una vez más el eco del rocio que nos da esperanza para el mañana levantar nuestra luz y brillar.
Chile – Colombia – Ecuador – México – Perú.
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