Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Nuestras historias son voces milenarias, 

han existido y son para nuestra era, 

miremos el cielo, hablemos al viento

 y soñemos con las estrellas.

Una historia a la vez, un momento que perdura en todo el camino, hablemos de millas para leer, y de esos kilómetros por correr, la vida es la mejor analogía que nosotros podemos contar, en ella encontramos aciertos y esas derrotas que nunca creímos tener, siempre hay tiempo fuera del tiempo y esa acción, es el consuelo de la existencia, el arrebatamiento de los mejores instantes conocidos.

Nuestra existencia nos pasará y todo lo que hemos podido construir será el anhelo a lo que nos aferramos para acompañar el movimiento, comprendamos algo y es que todo lo que acontece se sustenta en lo eterno, en su gozo y esa la plenitud de poder seguir, estas son nuestras posibilidades, encontrarnos, ser y construir desde el cuidado y la ternura, nuestras historias son de cartas escritas y de las que se dejaron de hacer, de susurros, gritos y de esos abrazos de nunca terminar, como también de esos sueños que siempre hemos comprendido, y hemos aprendido a morir en el intento, ocasionalmente estando de pie más nunca de rodillas.

El ayer ya estaba, nosotros llegamos a este tiempo y hemos gemido por conquistarlo, esto no lo podemos hacer, dado que nuestras intenciones son efímeras y sólo lograremos entrar en él por un corto espacio, la mejor condición es perdurar, estar y dejarnos guiar, nuestras voces han luchado una y otra vez por comprender la repetición de los sucesos históricos, es por esa acción que hemos descuidado el trabajo de los detalles es decir, la formación meticulosa, sutil y franca, de estar y saber la cercanía a lo esencial y a todo aquello que se ha podido evitar. 

Nos acontece la hechura del anonadamiento, las enseñanzas de otros en nosotros y de esos recuerdos que son hechos en nuestras memorias, demostrando una vez más que los lugares son para alzar la voz con tonalidades altas y aliarnos a los que luchan por su existencia, en nosotros hay comprensión y destreza por los acontecimientos que sobresalen con sencillez, transcribimos nuestra canción personal y brindemos por el tributo a nuestra pertenencia de raza, identidad, carácter, y cultura mostrada desde lo alto.

Negarnos a nosotros mismos y a nuestros egos orgullosos es caminar sin cargas, soñar es más que estar despiertos, es darle a la imaginación rienda suelta confrontando la realidad y logrando la continuidad de las contradicciones, sabiendo los ejes de engranaje y la posibilidad de los debates, estas son las tertulias de nuestro ser y el juego puede ser un gran escape. La realidad merece nombres, historias y voces que marquen el nuevo rumbo. No es posible perder la esperanza, dado que después de la noche oscura el amanecer llegará.

Refrendamos nuestra lengua, contagiemos la mejor conversación y seamos la apuesta, de formación de realidad. No somos cumbre, ni prosperidad, somos la parte de supervivencia que seguirá luchando, porque él vivir se convierte en buen vivir y todo nos falta por conocer. Nuestra hora ha llegado, es tiempo de unirnos más que nunca y no perder la visión, aliarnos con los que comienzan es una estrategia, pero si hemos de quedarnos en el olvido que esta sea la mejor resistencia de todos los tiempos.

Escuchemos lo que el milenarismo quiere decirnos, sus consejos son los referentes de nuestra primera y mejor éra, debemos encontrarlos no por mirar atrás sino para no repetir sucesos que nos han destruido. Miremos el cielo y hagamos un mapa celeste, planeamos nuestros sueños y que la meta sea el alcanzar ser como las estrellas.

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