Hoy la vida está en un ciclo tóxico de felicidad inmediata.
Pasa el siguiente tik tok, ese post que merece visibilización, o esa historia que es publicidad, parece que la vida ha perdido su sentido y todo suele ser más de lo mismo, reels, videos, shorts, o una pequeña fracción de instantes para dar un contenido que muestra nuestra fragilidad, desde los miedos y ese millón de dudas que estos nos crean. No todos tenemos las mismas posibilidades, mas bien somos un instrumento del sistema y la modernidad.
La realidad cada vez no escarba más en lo que poseemos, ya no hay privacidad en medio de tanta tecnología, vivimos en un mundo sumergido en el yo, en el ego y en el superYo para decir que todo hace parte de la individualización de lo que somos, un estado de veinticuatro horas que solo ven nuestros contactos y nos volvemos a reiniciar.
Ya que la posibilidad es una, es estacionaria y a los que bloqueemos se pierden de lo que somos, de lo que proyectamos y establecemos como nuestro en un mundo de imágenes, conceptos, y melodías que se propagan como un virus sin fundamento. Solo estamos estancados en las ideas de otros y hemos dejado de crear.
Es ingenuo creer que las cosas las podemos recuperar o esa es la pregunta que hoy poseemos para escribir más letras, ¿las podemos recuperar o solo es una fantasía de la imaginación? Quizás vamos caminando y recuperamos dinero, cargos o posiciones, pero lo que no recuperaremos son los momentos, los instantes y la verdad del tiempo. Ese que nos desarrolla, nos enseña y fortalece para vivir en muchos momentos lo que hemos construido, una parte de la historia de la humanidad, sin chascos, sin mentiras y solo desde lo que somos.
Es aquí donde empieza la paradoja, ya que vivimos con una lista de cosas que debemos hacer, ya sea para recibir esa felicidad inmediata, para ser tendencia en redes, para ser amados, para ser exitosos o tener un trabajo o prosperar en tus finanzas. Sin embargo, esta lista suele ser tan larga y muchas veces tan sesgada por la sociedad consumista e idealista en la que vivimos, que no nos da espacio para analizar qué ocurre con lo que dejamos pasar, ya que la vida en sí misma es un no retorno.
Quizás jugamos a la mentira y decimos que aprendimos del error, que buscamos ser mejores y entonces seguimos con el siguiente punto en ese check list, pero si pudieras evitarnos esos, si comprendiéramos que no solo se trata de vivir la vida bajo la lógica de lo que demanda la sociedad, sino que cada momento es tan valioso en sí mismo porque no volverá, podríamos aprender a valorar más cada escalón que nos lleva a cumplir esos sueños, cada puerta cerrada que no se abrió, que nos pudo romper, pero claramente nos retó a ir a otro lugar y momento en busca de ser cada vez mejores.
Pero si nos vamos al otro lado de la orilla, nos encontraremos con aquellos que viven en la culpa por no cumplir los puntos establecidos, o que viven en el remordimiento de haber hecho lo mejor y no alcanzado el objetivo, pero esos no deben ser los pensamientos que deban correr por nuestra mente. Debemos entender lo valioso de un momento, por lo que dejamos en otros y por lo que a su vez ellos dejan en nosotros. Pocas oportunidades para respirar desde la conciencia y el amor, porque así lo hemos decidido, ya que hacemos simples elecciones como mirar al día en promedio nuestro celular 344 veces y esos espacios de no retorno nos alejan de la posibilidad de vivir la vida con la lógica del cuidado y el disfrute de un día que transcurre y se acaba, ya que sencillamente no vuelve.
Entonces, te pregunto cuando una hoja de ruta, se convirtió en un lista de control , cuando te robo la posibilidad de frenar en seco ante el afán de la vida, cuando te dijo que si no publicas en las redes dejas de ser más o menos o que si te desconectas del ruedo del mundo perderás lo construido, cuando te dijo que las horas de sueño perdidas en compararte foto tras foto con otros iban a recuperar tus días de brillo ante el espejo.
Esta es la realidad en la que vivimos, miles de horas en la tele viendo cómo el mundo se destruye entre guerras por poder, por manipular la economía y apenas unos pocos segundos de noticias donde la esperanza tiene un espacio en medio del caos que vivimos.
Pero así como no retornamos para recuperar lo perdido, lo que hubieras podido hacer mejor, las palabras no dichas, las decisiones tomadas de otra manera, debemos empezar a ver que si la balanza cambia y esos no retorno se llenan de oportunidades con ilusiones, confianza y más cosas buenas por contar, a lo mejor no retornar es la mejor posibilidad para hacer del mañana uno mejor, un lugar seguro en el que seremos nosotros mismos, en el que encontramos posibilidades para ser más y mejores en medio de lo que ya no podemos cambiar.
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