Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Hay tanto tiempo en el mundo, que este no regresa si lo desperdiciamos.

¿Cuánto puede ocurrir en el camino?, son segundos, minutos, horas que son marcadas en el reloj, de la vida, de las relaciones o de los aprendizajes. Nuestras vidas puede significar una decisión, una pausa, una mirada, una sonrisa, o un ¡basta ya! Desde esos momentos, miramos el cielo y pensamos en la grandeza de la vida o incluso al mirar al suelo, vemos lo lejos que estamos de la meta. 

Cada día, el mundo nos reta y en ocasiones captura nuestra atención, esa que le damos en retribución a los otros en menor tiempo marcado. El mercado trae sus excesos y ahí debemos pensar en dónde está nuestra vida, en la realidad o en las plataformas virtuales, ya que estas se han convertido en  la aparente realidad, pero no es más que un escape. 

Todo lo que ocurre en las plataformas virtuales nos muestran lo complejo que es el permanecer, el esforzarnos, o aun lo que nos produce satisfacción y esto se debe a que el mundo hoy, nos dice que todo gusto es inmediato, momentáneo y efímero en sí mismo. Lo cual nos lleva a trabajar en el lenguaje, la marca y en los ejercicios de comunicación.

Todos comunicamos algo, sea asertivo, positivo, realista, franco, humano, espiritual, desesperanzador, todo ello hace parte de lo que somos, de la realidad, las circunstancias o las formas en cómo aprendemos a ver la vida, porque esta si que tiene distintos destinos para cada uno de nosotros. 

Por eso, veamos con claridad lo que falta, ya que cada acción o disposición nos acerca o nos aleja de la profundidad de la vida, y esta tiene pocos segundos que corren en el tiempo vital que poseemos, dándonos así significados sencillos, o complejos, de acuerdo a la intención que tenemos para vivir. 

En ello meditemos, y veamos que los segundos del diario vivir pierden su sentido o incluso pierden su lógica por creer que la vida es una libreta abierta en la virtualidad, donde las grandes compañías solo muestran las tendencias o los estudios que nos hacen detrás de cuentas unos consumistas. Fijamos un instante en todo lo que puede ocurrir detrás de bambalinas, ya sea una  madre que carga a su hijo en brazos, un stand en la calle, o un comercial que muestra la expresión sin sentido del rostro de las personas que consumen un producto, ¿Nos damos cuenta? que ellos mismos son una mercancía, o solo un pensamiento del cruce en el transporte público, quizás a lo mejor podríamos entender que está lejos del disfrute de la realidad.

Hoy, la mejor posibilidad que tenemos es el disfrute de esos pocos segundos que tenemos por delante para compartir, donde damos calidad de lo que somos, tanto en lo afectivo, lo físico, lo intelectual y porqué no en lo espiritual, ya que esto nos define y nos aclara la búsqueda del vivir con felicidad. Ya que nos desafía a sacar esos monstruos que llevamos dentro, a encontrarnos con la desesperanza y a saber que el mundo está lleno de motivos tanto para sonreír como para agradecer y meditar en todo lo que pasamos.

Los motivos son esas excusas que tenemos para ver al otro, junto con sus necesidades y dejar de lado el egoísmo de la felicidad momentánea o tóxica, para crear pequeños instantes que perduran en los otros, convirtiéndolos así en recuerdos eternos para contar las historias en conjunto con una sonrisa, un saludo o una palabra de motivación, ya que reconoce al otro por lo que es, como por lo que necesita. No estamos solos en el mundo, o en esta isla desértica, somos más que ilusiones de consumo, de comparación, de logros y de riquezas, somos un mar profundo de convicciones y deseos infinitos. 

El tiempo es un recordatorio de nuestras limitaciones, de nuestras historias, que nos estanca, y condiciona, que nos reta y retrasa, que nos dice que solo estamos por un tiempo determinado en la existencia y que antes y después de nosotros vendrán otros que harán del vivir una ganancia, una tristeza o una sencilla razón de ser para alentar y vivir con otros las circunstancias que llegan.

Y ¿si cambiamos el tiempo podríamos pensar la realidad de otra manera? Quizás si, porque sabríamos que este no vuelve, que para completar una hora deben pasar 3600 segundos, que estos forman 60 minutos y estos una hora, y para que el día sea una realidad deben pasar 24 horas, para establecer el vivir, ¿pero sí lo aumentamos o lo disminuimos viviríamos mejor? Quizás debemos plantear que el tiempo es escaso, limitante y dudoso, por eso, vivir fuera de él, es saber que muchas cosas podemos hacer, desde tempranas horas de la mañana, hasta altas horas de la noche.  

No lleguemos tarde a esta invitación de vivir, ya que cada segundo que tenemos nos hace más y menos reales dentro de la sociedad, donde pasar tiempo con el trabajo, con amigos, con tu pareja, tu familia, tu esencia, son de vital necesidad para superar las incertezas de la vida. Pocos son los que se arriesgan a vivir en contravía, pero estos son los que hacen la diferencia. Son pocos segundos, son nuestra realidad, nuestras historias, y nuestros recuerdos los que determinarán si hemos hecho el eco suficiente para saber que no pasaremos desapercibidos.

Hoy, mañana, ayer, todo el destino del tiempo nos moviliza, nos establece y nos da el horizonte que merecemos para ser, con nosotros y con otros. Aceptemos la invitación de pocos segundos, y rompamos el esquema del tiempo. Ya que todo lo que hemos hecho, ya ha sido establecido con anterioridad y nada debajo del cielo es nuevo.

By: @alejavillamil2231

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