Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

El dinero vuelve todo una mercancía de consumo, ya sea la educación, la salud, o la tierra.

Mucho se ha hablado de las relación que se construyen desde el capital, ya sea con la economía, la política o la religión y estas dan el valor a las personas, a los procesos, a el medio ambiente y porque no, a la producción de bienes y servicios, claro no debemos olvidar que al ser humano muchas cosas lo vuelven esclavo y a su vez consumista de todo lo qué pasa en su entorno de desarrollo y de creencias. 

Por eso nosotros como sociedad, podemos meditar y mediar en esto, y es saber que mucho se ha dicho de lo que somos, como de lo que valemos, y es determinante para nosotros, como para aquellos que nos rodean, ya que el medio o el hábitat que tenemos es lo que nos define y transforma para mejorar o empeorar en nuestra naturaleza.

Todos somos seres sociales que socializamos, nos establecemos y seguimos patrones establecidos por la estructura de la sociedad, la cual es parte sustancial de nuestros pensamientos, relacionamientos o destinos llenos de fracaso, porque nadie ha aprendido a mediar este como propio. Ya que día tras día nos comparamos y creemos tener la vida de otros en vez de construir la propia.  

Como seres humanos estamos en un continuo proceso de cambio, transformación o adaptación, en otras palabras en la curva del aprendizaje, ya que somos la única especie en la tierra que debe enseñorearse sobre otras, pero como que el ejercicio de mayordomía nos queda grande y lo poco o mucho que hacemos lo hacemos mal, por eso disponemos de creatividad, construcción y aplicación de los conceptos que nos dominan.

Que nos dan una reflexión continua de lo que podemos hacer y de lo que debemos olvidar, ya que si bien los errores nos enseñan, parece que estas enseñanzas son nuestra propia condición y destrucción. Ya que hasta que llegamos al límite es cuando reaccionamos de que debemos dejar conductas nocivas para aprender de las nuevas.

Hablemos del capital no solo como ese producto económico, sino como esa herencia que tenemos dentro de lo que somos y deseamos reconocer, ya que nuestra historia nos da cuenta que tan profundos o profanos somos en relación al mundo, con sus vicios, sus contactos y su autodestrucción, porque todo esto sale de lo que nos rodea.

Estamos sumados a una sociedad de la información como de la negación de la verdad, todos ellos, visualizan, se establecen y quieren dominar a otros, pero cuando muchos comienzan a pensar y saber que la información es eso, un concepto recíproco que cuenta historias, aprendemos a considerar las posiciones de los medios para crear una visión propia de la realidad que puede o debe ser compartida.

Todos somos una secuencia, somos esa veracidad de los hechos, pero también de la cultura, del folclor y de esas tradiciones que nos permiten recorrer, establecer y saber que nuestra cultura compartida es el proceso de fortalecimiento de nuestra identidad.

Por eso, el capital cultural es el que ganamos a medida que avanzamos, construimos, o vamos creciendo en la sociedad con nuestras creencias, nuestras formas de educarnos o como ampliamos nuestra zona de confort. Si viajamos aprendemos, reflexionamos o nos damos cuenta que el mundo tiene sus mismos pesares, y es que entendemos la desigualdad, la pobreza y aun la opulencia de unos pocos.

En nuestra nación todo se habla desde la política, y como esta alcanza los distintos factores, pero para entenderla debemos convertirnos en seres políticos que desde el principio lo somos y lo ampliamos con la participación, la cual es activa, pasiva o mejor como una enfermedad desde la indiferencia.

Volvamos al capital cultural y sepamos que esta está diseccionando desde lo que proyectamos de nosotros mismos, con fortalezas y debilidades. Y aun con esos mismos miedos infundados por creer ser o saber lo que desconocemos. Desde ahí podemos avanzar, podemos establecer y saber que lo que hoy tenemos a la mano es el producto de nosotros en construcción.

Prestemos atención a la cultura, a ese papel que juega en nosotros y es de importancia, ya que desde ahí se construyen vínculos, relaciones, hábitos y disciplinas que nos hacen pensar más y más en nuestro desarrollo. Y no hablamos de la cultura pop que tenemos, sino de lo que en verdad establece una sociedad, una nación o unos nacionalismos metodológicos para estudiar los cambios que tenemos dentro de la sociedad, ya que todos somos unos nómadas por excelencia.

El capital cultural es una riqueza que construimos, establecemos y compartimos con aquellos que no tienen las mismas posibilidades, por eso, entrarnos a él, no es ser superiores, sino es poder mantenernos sencillos y humildes de corazón para saber actuar, entender y meditar con otros. Solo basta una conversación, un momento dedicado y construido, para saber que si queremos cambiar, entender, y ayudar a otros, los primeros que debemos sanar somos nosotros. 

Si, somos excelentes en movernos, en querer cambiar nuestra vida, nuestros ingresos, nuestras riquezas o nuestras ruinas, pero también debemos serlo en volver, en sanar, en cuidar y en servir a otros desde lo que son, humanos imperfectos todos. Por eso, hoy, no es cualquier día, sino es nuestro momento para asumir lo que tenemos, y es que si la cultura se vuelve ese capital y lo compartimos con todos comenzamos a sanar nuestras sociedades. 

No como idiosincrasia, sino como verdad que merecemos. Hagamos nuestra parte y echemos suerte santas para ver que lo que nos falta es camino por hacer.   

for: @dy_anarin 

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