Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Somos de la vida, pero así mismo avanzamos dejando todo atrás.

Este es el momento justo para sentir la soledad, desde ahí se puede conversar recíprocamente, si es que esta forma existe aún, nuestros propios desiertos son la excusa para cometer error tras error, y así nunca asumirlos por el miedo a sentirnos olvidados, dado que esto solo creer estar en esta posición. La nuestra.

Toda conversación es necesaria, para calmar las ideas que algún día se tuvieron para con el otro, todo a quedado como las palabras escritas en un papel, las cuales demuestran la verdad que se nos olvida aceptar, esta es dolorosa y directa, por eso hoy recordamos el eco de estas,  se escucha tan adentro de nuestro propio silencio, que esconden una ilusión tardía de lo que alguna ocasión se sintió, y nos distanció, para así perder en el camino. Vivimos en una realidad distante y olvidada de nosotros.

Construir es un caminar, caminar en muchos aspectos que nos invita a superarnos, aceptar lo que somos y lo que hemos sido, también es una cercanía al olvidar, dado que este es el nuevo espectro común que tenemos, llenos de espejismos, y de no entendimientos de lo que es la vida, la cual tiempo atrás era de ideales y falsas promesas, que solo hemos hecho para quedar bien, pero no sabemos en verdad que tanto daño hemos ocasionado al ser faltos de nuestras palabras, o de aquellos juramentos que son las ruinas misma.

Tiempos para olvidar, para volver a encontrar nuestro propio rumbo, el olvido nos lleva a tener memoria y esta dicta el mañana, podemos seguir siendo, tanto como una historia o como un viejo camino que a puesto todo en marcha para entender las razones, y las convicciones que solo se ven desde el meditar y comprender nuestros errores, todos somos la misma cara de la moneda y el tiempo nos ha hecho sus esclavos.

Todo lo que éramos, somos y fuimos son la puesta en marcha de lo que debemos sacar de nosotros, debemos ampliar nuestro estado de confort, para así romper nuestras limitaciones y poseer nuevos ideales, no olvidando nunca la historia que ya hemos conocido, contado o silenciado, más bien debemos aclarar que nuestras posiciones al momento de alargar o callar nuestra historia, todo se puede contar, lo bueno, lo malo, pero siempre asumiendo nuestra responsabilidad de que somos ese recuerdo presente que tiene la confianza para acompañar. Nuestros ojos verán nuevamente las historias, aceptarán al otro y entenderán que el mundo debe conocer quienes somos.

Esta puede ser una forma de escribir para olvidar, pero hace no mucho alguien decía “que cuando uno escribe lo hace para que otros comiencen a cargar lo que ya nosotros hemos soltado”. Soltar es sentir miedo, miedo a la verdad, a nuestra realidad, a lo que nos trajo hasta acá y nos dejó ese rastro y esa huella imborrable que atesoramos como horizonte para seguir conversando con el Viento y dar nuestros buenos deseos. 

Cuando nos encontremos que seamos esa versión que anima al otro, que lo cuida desde las orillas y que desea el bienestar, ese que es formativo, tierno, justo y amoroso, con miedo te quiero, te extraño, lloro tu nombre, pienso y respeto lo que hemos hecho. Tú tienes mi nombre y yo el tuyo. Y ante eso digo, que la vida nos llene de tributos y acciones para unirnos, acercarnos a los que en verdad alguna vez estuvieron con nosotros, y que podamos recordar nuestros pasados para decir lo importantes que son. Sí, escribo con miedo, porque este es quien hoy nos gobierna y nos limita a cuidar como siempre lo hemos hecho.

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