El trayecto comenzó desde hace mucho tiempo atrás, por eso tratamos de seguir buscando el destino que deseemos caminar.
Lo que nos lleva a caminar es la racionalidad, es el adentrarnos en nuevas experiencias y desde ellas poder vivir, ver y sentir con notoriedad, esta puede ser una forma autorizada y compartida de lo que descubrimos desde la autónoma, ese sentido amplio de aprender, descubrir y decir que el mundo es lo que decimos tener y pertenecer desde nuestros intereses, los cuales maduran, se establecen y llegarán al sentido compartido.
Caminar es ir en pos de lo desconocido, es levantarse uno que otro día a la madrugada y huir de lo que nos aprisiona, lo cual es una construcción de rumores, además de ello, es ver como los otros se levantan y hacen lo mismo, ya que cada uno lleva consigo una bitácora, una realidad y un sentido de pertenencia que lo definen con el tiempo, con las circunstancias y aun con las conversaciones que existen con los otros.
El tiempo es aquel mismo sentido que limita y obstaculiza la creación, toda acción conjunta o individual que procura ser compartida. Este, es un invento humano, divino, mítico que da control a lo que se ha naturalizado y en ocasiones da generalidades, ya que ejerce control sobre la naturaleza que existe desde antes de nosotros y seguirá su rumbo cuando nosotros no estemos, por ello, creer controlarlo es mentir con descaro. Lo necesitamos para existir, y aun así buscamos con deseo superar nuestros límites para decir que estamos sobre él.
Por eso, entender el trazo que hoy tenemos es saber que hay control, sumisión y aun construcción de identidad y reflexión para todo lo que nos agobia. Ya sea político, cultural, económico, emocional. Todo esto nos parte, nos divide o nos hace ser íntegros en ver la otredad y desde ella aprender a ser, ya que esta se define desde lo que creemos y desde lo que persistimos.
Nuestra realidad se construye de muchas maneras, representaciones, imaginarios, ideologías, creencias, percepciones y aun de lo que olvidamos, ya que esto es parte de nuestra plasticidad mental, pero, ¿donde estamos?, estamos en la infinidad de pensamientos que nos hacen retarnos o ser faltos de visión, y es por eso, que buscamos llenar nuestros vacíos, los cuales son afectivos, de reconocimiento y de alabanza. Y acá la sociedad sí que nos da contenido para consumir y/o para depositar lo poco que somos.
Es a esto, que para superar lo que nos genera dependencia, debemos descansar, alimentarnos y alejarnos de lo que nos hace daño, quizás ahí lo más radical para estos tiempos es apagar las pantallas, leer un libro, escribir una que otra carta y solo meditar y compartir lo aprendido con otros. Ya que debemos estudiar para descubrir el más y no el menos de la sociedad, ya que podemos volver a las costumbres pasadas y es transmitir de forma oral, los relatos, las historias, los mitos y las leyendas que la academia convirtió en analogías de nuestro pasado sociohistórico.
Pasado que dicta no sólo un origen y un destino, sino una ley creacionista de lo real, lo imaginario y aun los trayectos de invisibilidad que debemos perseguir. Debemos superar nuestras fijaciones, nuestros estados consumistas y psicodependientes de los fármacos, ya que hoy occidente sí que acepta la medicación para olvidarse del dolor y el sufrimiento, que a fin de cuentas es una parte de nosotros que asumimos para avanzar. No desde un reduccionismo, sino desde la completa formación de origen.
Aceptemos, la sociedad moderna sí que ha cambiado, muchos de sus representantes han dado nuevos valores, hablan de la moralidad y de ética, pero, todo esto parece llevarnos a un precipicio de reduccionismo y de intolerancia de los unos con los otros, las jugadas políticas aceptan todo, pero nadie se compromete con la veracidad de las acciones. Por eso, ver las transformaciones es saber que si los cambios son desde los extremos, solo nos queda una consecuencia y es predecir los acertijos de la vida, las apariencias y aun los niveles de vida no correspondidos que nos hablan con vitalidad en todo el sistema de comunicación tecnológica.
La verdad es una causa, la lealtad es nuestro compromiso, y el compartir con otros es la especialidad de entender que todos desde donde estemos, podemos aportar a diferentes trazos para que otros reconozcan a los diferentes actores de la sociedad y desde ellos comience la transformación.
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