Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Es para conocernos, es para temer lo que poseemos y así sacar lo que no sirve.

Se nos ha contado que la basura que existe en nuestro medio, es la que nosotros como animales racionales producimos en todo momento, ya sea virtual o física, pero acá, hablamos de aquella que contamina el alma, y nos lleva al reflejo mismo de lo que somos, el desprecio de lo que otros son con nosotros, y también pensamos en aquella que se hace desde nuestros propios bienes comestible, es decir la naturaleza. 

No existe temor, solo un apaciguamiento de lo que hay en la mente, hoy, tenemos altos índices de incredulidad, desprecio y de nuestra propia condena, vamos caminando a la extinción de lo humano. 

Todo lo que consumimos nos hace acreedores, y aun dueños de esa recesión del bien más preciado, el tiempo y el movimiento continuo, ya que estamos en el vaivén de los regímenes autoritarios que “direccionan” el mejor bien para todos, hablamos de la “igualdad” en las oportunidades.

Pero nuestro tiempo, nuestra igualdad es tan flexible que nada de lo que tenemos es suficiente, ni aún para consolidar las propuestas integradoras de las visiones sencillas y que pueden cambiar el mundo. 

Estamos en el afán desprendido de conocer y aceptar otros, aun cuando esto no se cuestiona, pero cuestionarlo es, vamos por buen camino, o solo es por la interpretación de las ideas negadas de anterioridad, vistas de la moral. 

Todos en un principio somos extraños, distintos, diferentes, temerosos de lo que el otro representa para su propio contexto, y al interactuar con él ese contexto, nos habla de que las diferencias se dan por la cultura, concepto abstracto que rompe lo lineal de las secuelas históricas que dicen que estamos hechos de razas. Pero este concepto, razas, solo hace parte de ese colonialismo intelectual.

Que se establece desde la ciencia y dicta como otros se comportan, piensan, sienten y en cómo es la mejor forma para creer, ya que lo único que nos hace diferentes es el color de nuestra piel. Aquel cuero que demuestra que todos somos parientes lejanos y cercanos que están dispuestos al mestizaje.

En el mundo podemos encontrar distintas formas de vivir, de compartir o hacer caso a lo que los medio de desinformación, estos nos hablan de la crisis que hay en el mundo por nuestra propia concordancia, y desde esa opción generamos más desigualdad que condiciones de cambio.

Por eso, estar hartos de estas condiciones nos permite levantar nuestra voz y hacer un eco para que exista un cambio estratégico, unamos las visiones del mundo para que estos quepan en la mejor forma de entender la vida, unos caen, otros ascienden, pero la esencia de vida es que como sujetos debemos despertar de ese sueño profundo que tenemos –y es, la basura la acumulamos, la sacamos, la reciclamos o la volvemos compos para vivir–.

La basura que nos gobierna es un papel llamado moneda, que se alimenta de las apariencias que “dictan” nuestra identidad, otro que es un consumo sin precedentes, o más bien uno habilidad que destruye a otros solo con ver arder el mundo. 

Nuestras posibilidades las marca el mercado, las direccionan los que dicen tener todo bajo sus manos (comités, organizaciones, Estados…) lo cual demuestran la personificación de nuestros errores. 

Todos somos la basura de otros y la relación inconstante de no tener mafias (palancas, roscas…) que configuran la disposición ante el cambio, ya que si no dominamos el ego, este se convierte en nuestro enemigo, es decir, el yo interno, que avanzar, crece y se convierte en narcisismo para caminar. 

Avancemos, disfrutemos las tensiones, y vivamos el recorrido, lo que es bueno, malo para nosotros mismos, y para el contexto, que merece no un proyecto sino una intensión de vida, que nace desde la basura que nos gobierna y se transforma abono a lo que siempre hemos buscado, aquellos que son inquietos desde su propia y compartida felicidad.

El límite comienza con lo que hacemos, pero se consolida con aquello que perseguimos desde lo invisible, desde lo que da propósito, intención y vida para otros, son conversaciones con el viento, con asumir nuestros errores y apartarnos de nosotros mismos para ver la vida, la cual es todo lo que nos da la experiencia desde la sabiduría del hacer.

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