Noche
No hemos superado esta larga oscuridad.
Somos una sociedad enferma, debilitada por los datos y aun por las propias percepciones de identificación, tememos a nuestros propios demonios y esto se demuestra, como la única causa de la pérdida nacional de la identidad. La cual es comparada, robada y asesinada en medio de las dificultades sociales, ambientales, económicas y políticas que tenemos dentro de nuestro contexto público como privado.
Pero las más graves son aquellas que se extienden como sonidos ensordecedores, hablamos de las balas que están tocando paredes, ventanas, y pórticos familiares, que se han constituido desde las montañas hasta las ciudades, y que siempre muestran la marginalidad y el olvido, tocando los corazones y el alma de hombres y mujeres modernos.
Ahora, recordemos esta frase celebre, “olvido seremos” y esto es a la medida que vamos dejando pasar en el tiempo, todas esas anécdotas en los días pasajeros, nosotros, como humanos somos el tributo a la guerra, y esta solo la usamos cuando nuestros argumentos no son efectivos, ni escuchados, y queremos demostrar el poder a otros, a los más pequeños, además de sacar el terror al movilizar masas, y claro está a muy pocos pensamientos, por eso en nuestras plazas hay estatuas, que conmemoran la violencia y el legado de nuestra propia destrucción.
Somos la única especie en el planeta, que le encanta destruir a toda medida. Unos lo hacen por deleite, otros porque obedecen a las “autoridades” pero otros intentan hacer de este lugar, un espacio donde el cielo se pueda vivir. Ya que si vamos más allá de todo, nosotros somos mayordomos de la riqueza que hoy existe en el mundo, tanto en los aires, la tierra, el mar y lo que no se conoce, por eso esos misterios se les revelan a los que creen, aguardan, viven con humildad y servicio a otros.
La mayoría de nuestros “héroes” son militares, son pocos los científicos, escritores, humanistas o hombres y mujeres comunes y sencillos en su forma de vivir. La guerra siempre ha traído trajes, banderas y estrategias que “deslumbran” la historia de las naciones, la patria y la humanidad, pero en toda guerra se nos dicta que hay un ganador y un perdedor, pero en esta parte de la vida, podemos analizar y saber que todos son perdedores, ya que dejan atrás su sensibilidad, su humanidad, su carisma y su verdad por intereses paganos –egoístas– construidos desde nuestra individualidad.
Somos el contexto del conflicto más antiguo de la tierra, somos los que hemos hecho atrocidades en el semejante y hemos hablado tanto tiempo del miedo a la muerte que cuando esta nos llega, solamente la vemos en ella el descanso justo antes del dolor perpetuo.
Muchos lloran, otros se establecen, pero las cicatrices aún no cierran, el horror marca nuestras mentes, y el ser víctima ya no vale nada más allá que el propio desprecio citadino. Nuestros hermanos mayores y menores nos necesitan, las niñas, niños y adolescentes quieren un lugar mejor, los jóvenes más oportunidades y los adultos como los mayores, solo esperanzas para los que los siguen.
Hablamos de Noche, de día, de amanecer y de atardecer, pero todos necesitamos un espacio seguro para sentirnos, para ser y para permitir en el otro, la mejor revelación de sí mismo, por eso, hoy estamos acá, leyendo, escribiendo, recomendado libros, canciones o poema, para hacer de este tiempo el mejor para vivir. Por una noche mas, por un momento en silencio, por las historias que nos cuentan y las que no, por todo lo que falta recorrer y por saber que esto es nuestro. Pitkä yö, una larga noche.
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