Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Es un precio tan alto que en ocasiones solo la sangre la compra.

No existe base alguna para creer en palabrerías que se nos cuentan como historias, leyendas o mitos, estas solo son sucesos que han hecho de hombres o mujeres seres completamente diferentes, cada uno representado tiene un mismo fin, este fin, es la singularidad de poder alcanzar la mejor comprensión de lo que en acciones dictaron desde tiempos atrás, tiempo que para nosotros es la raíz y para el presente la mejor expectativa que pensamos y anhelamos conquistar, ya que estas palabras se pueden definir como verdad, mentira o creencias. 

Para este caso, para el hoy, para nuestra realidad, la palabra seleccionada es libertad, se cuenta como un valor agregado a la razón de nuestro siglo, de hecho la hemos comenzado a interpretar del suceso histórico tal como la revolución francesa, la revolución industrial y por qué no la migración de todos y aquellos que huyen de sus penurias y penas, hoy la libertad tiene en sí mismo consignas que se proclaman como democracia, trabajo e igualdad. 

Pero acá podemos preguntarnos varias cosas: ¿hemos reconocido el valor de la historia de la humanidad?, ¿conocemos los alcances de la interpretación general de todos los sucesos humanos?, ¿poseemos todas las verdades inimaginables?, ¿somos una construcción sociohistórica?, ¿qué pasa si no llegamos a la vida y nos quedamos en sobrevivir? 

Todas estas preguntas o los interrogantes que nos faltan, debemos pensarlos bien, ya que donde estamos es un producto de aprendizaje, de indagación personal e indignación ante los hechos históricos, sociales políticos, económicos y culturales de nuestra era, esa que tiene información sin fronteras y que satura al humano en sus propias penas, ya que nos limita y nos hace autómatas en el acceso a la misma. Ya que no es lo mismo escribir y/o leer en alemán, español, francés, inglés, italiano, portugués o ruso.

Ya que cada espacio de geolocalización nos muestra una verdad construida, cimentada y hecha hábitos para preservar la historia personal del sujeto y/o actor social. Cabe aclarar que los sucesos de mayor importancia son esos que han cambiado la historia y han dicho que todos somos un solo pueblo, catalogando así el prefijo de ser humanos, y de ahí la trascendencia de la humanidad, la primera partición de la historia se da en el año cero y desde ahí occidente ha marcado el principio y el fin, por eso conocemos el  A.C y D.C, después la edad media, edad moderna y edad contemporánea, pero veremos los hechos más representativos de la edad moderna es decir lo contemporáneo y es que desde ahí la revolución industrial y la revolución francesa dictaron singularidad, profundidad y caos al mundo moderno. 

Enfatizamos en la última por ser la que proclama ideales, ideologías y nuevos nombres a lo que conocemos como derechos, del hombre, de los pueblos, de las minorías y porque no de los humanos – acercándonos así a las democracias – los gobiernos representativos, autoritarios y esclavistas, la libertad del pensamiento, el credo, del mercado, de la globalización, e igualdad y por qué no la equidad entre todos. Aun cuando seguimos en la dicotomía de “creer” que somos razas, harías, e impuras, hay una “superioridad” que no existe, por eso decimos que el desarrollo lo trae el primer mundo y nosotros hablamos desde el tercero y el decolonial. 

Todo acontecimiento histórico se da desde la sed de poder, la utilización y abuso de la autoridad, la influencia y gobierno -hegemonía-, haciendo así la guerra, la justificación necesaria para creer o mentir sobre lo que es la “independencia”, la cual solo nos engaña como una cortina de humo para aceptar la dependencia al más fuerte, pasamos de un reinado a un virreinato, de un sistema (feudal, colonial, capitalista…) a otro y así llegamos al actual, al que se ha mofado de su influencia de su imposición en el poder mediático, y todo esto para decir que se deben proteger los intereses de los grupos poblacionales más adinerados, y el resto del mundo, que sufra en sí sus propias consecuencias, miserias, y aun destierros y olvidos. 

La democracia es solo la imagen representativa de lo que se nos educa, conocerla a profundidad es saber que las mejores representaciones del orden social no se dan por años sino por ejemplos claros de la vida misma, y no como objeto de crear ídolos sino de primar lo colectivo antes que lo individual. El poder destruye, corrompe y compra sus propios intereses, cuidarnos de él, es enfrentar, dictar, chocar y asumir los roles que hay en sociedad. Los cuales siempre están resumidos en tierra, empresas, seguridad, estatus, y posición cultural que rigen la social.

Por eso, romper esquemas, pensamientos, paradigmas y aferrarnos a convicciones es caminar en libertad, ya que esta está construida desde la verdad y por eso siempre la buscamos, como una alternativa y una contracorriente para asumir nuestras relaciones y vínculos con la sociedad. Libertad para todos, para aquellos inconformes, para los que caminan, lloran, ríen, abrazan, bendicen, y entienden que la lucha no es contra lo que vemos sino contra lo que no.

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