Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Las tonadas son la mejor forma de unir los mensajes personales con lo que dice el viento.

Cada sujeto tiene una luz propia, esta crece, decrece y se establece en el tiempo, y así se convierte en una canción para dar gratitud al viento de lo que este sabe, y de lo que hace en pro de la transformación de lo cotidiano. Esas acciones mínimas revelan el valor sustancial del reconocimiento personal y de la otredad desde sus inicios hasta el final. Poseer la voz, es transmitir influencia a otros, desde lo que se predica y aplica desde lo que se ha leído en el transcurso de la vida.

¿Cómo podemos emprender la búsqueda de nuestra canción personal? Conociéndonos, caminando y no comparándonos con la esencia y la virtud de lo que otros han sido dentro de sus días. Todos somos del ayer, del hoy y del siempre, no importa nuestra línea del tiempo, lo único relevante es saber que en pos de nosotros mismos tenemos un propósito y/o esencia que se explota desde las virtudes y habilidades que hemos poseído y desarrollaremos ahora. ¡Este es nuestro tiempo!

La canción se compone en ocasiones por días brillantes, por otros opacos, pero todos estos son formas y melodías que dan la letra de su interpretación, es decir, somos artistas de nuestro destino. Siempre hemos de cambiar, por nosotros, por nuestros semejantes que desde su esencia nos enseñan lo simple que es el vivir, no con orgullo o apatía, más bien con reflexión y meditación de los sucesos que hacen las desigualdades sociales. 

Ya que una verdad es, existen personas en el mundo con dinero, y son generosos pero otros solo se mofan de que eso es la vida y de que con ello se compran canciones. Y quizás es cierto, pero la felicidad no la da solo el dinero y la adquisición de los bienes materiales e inmateriales, más bien estamos llenos de momentos y vivencias que al compartirlas dan nuevas interpretaciones de la realidad. Por eso, no debemos olvidar la única razón de nuestra igualdad que es la misma humanidad. 

Humanidad que olvida paulatinamente, como si este solo fuese un ocaso más para lo que hoy es una necesidad relevante la cual es la voz de los que construyen desde abajo. La periferia comienza a hablar más. No sólo es cuestión de perspectiva y de franqueza a lo que hoy es el mundo. Es entender la lógica de unos pocos y la evolución de otros, que creen que con ellos todo cambio se efectuará. Y a su vez desconocen los misterios o la mano invisible de la realidad –poderes ocultos–. 

Pero cabe aclarar que los cambios deben ser estructurales, personales y totalmente colectivos, entre lo cual debe primar educación, salud, necesidades básicas y oportunidades de desarrollo, libertad de violencias, para poder accionar con imaginación e indignación. No olvidando el papel de la ciencia, las creencias y la cultura. No todo debe pensarse en el bien económico, también hay realidades que solo piden reconocimiento. Esa que está arraigada dentro de lo que somos, sin nacionalidades, regionalismos y fronteras que nos separan ante el ente dominador, el cual dicta políticas regresivas al olvido y la destrucción. 

La canción personal rompe todo silencio, ayuda a pintar de esperanza y de gozo los días venideros, no olvidando a los que ya no están, pero siempre construyendo puentes, leyendas y formas de hacer concreta la realidad y sus mecanismos abstractos de información y relaciones interpersonales que cada uno debe tener para evidenciar el cambio, la justicia, la verdad y en su efecto positivo la venganza, que resulta como inconformidad ante la desigualdad de muchos.

  • ¿Qué canción hoy cantamos?

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