Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

La vida se compone de distintos acertijos que procuramos entender, con el paso del tiempo aprendemos más por aquello que nos obliga a levantarnos, que por aquello que nos da gloria.

El mundo es una construcción en todo sentido, la ciencia, la fe, el razonamiento se unen para que en nosotros se vayan estructurando los sueños, las metas, las visiones o esas claridades que procuramos tener para saber que somos más de los desaciertos que de los aciertos, desde este análisis comenzamos a construir nuestras posiciones.

El éxito, como el fracaso siempre están juntos, uno de ellos muestra lo que es sensato y real, y el otro solo es la alabanza que la sociedad nos da, para decir y/o hacernos sentir que somos importantes. ¿Somos importantes para la sociedad?

Quizás, pero esto va más en lo negativo que en lo propositivo, ya que a muchos se les instrumentaliza para que otros adeptos lleguen y crean que la realidad se construye como ellos dictan, y que el ser famosos o reconocido por las masas hoy, es tan complejo como visceral en su misma forma, a la sociedad como al mundo no le “interesa quien eres”, solo que eres valioso si cumples algunos de los estándares preestablecidos y obligas a que otros consuman igual, o más que tu.

Hablar de estos estándares es saber cuales son y entre ellos encontramos 1. el ser hermosos, 2. figura esbelta, 3. sonrisa diseñada, 4. buen nombre o apellidos, 5. tener dinero y 6. tener miles o millones de seguidores en las redes sociales virtuales, ¿pero esto nos satisface o nos muestra aquellos deseos de alabanza?, una cuestión para cada uno de nosotros, pero respondiendo decimos no, más bien nos sigue condicionando para llenar las ausencias personales y sociales, con likes, o comentarios que en verdad no aportan, ni construyen al otro, más bien muestran cómo el tiempo juega en contra de la salud física y mental como con aquellas construcciones profundas que tenemos.

Por ello, hoy, mañana, bueno cuando dispongamos debemos hacer un alto a lo que la sociedad impone, y pensar en lo que en verdad importa, la vida no puede pasarse de la noche a la mañana, más bien, actuemos si es nuestra opción la virtualidad o si le apostamos un poco a la vieja escuela y es a la construcción de los vínculos personales que debemos cuidar, tanto con nuestra familia, amigos, compañeros, conocidos y sobre todo con nosotros mismos, porque así podremos ver lo que todos estos nos aportan, nos dictan y nos enseñan sobre las circunstancias, ya que somos como una esponja que absorbe todo lo que pasa a su alrededor.

Hablemos de esas equivocaciones, de esos fracaso que nos acompañan, en las relaciones afectivas, hemos fracasado una y otra vez en la felicidad, en el gozo y hasta hemos construido dependencias, que nos dan invisibilidad y nos hacen daño, ahora bien, también podemos ver los fiascos académicos, esos que nos cuestionan, nos oprimen o sencillamente nos creemos rechazados.

Por que si, lo hemos sufrido, y hemos aprendido, pero que tal si nos vemos en lo económico, en lo social o en lo político, cuantas veces nuestras actitudes y acciones marcan ese precedente, de hacer, intentar pero siempre errar, por que si, hasta ahora comenzamos a ver cambios, porque le apostamos a ellos, pero hemos anulado todo lo que somos por no defender como hoy hacemos nuestras ideas, económicas de consumo o ahorro, de izquierdas o derechas, o de que todos podemos tener solución a nuestros problemas si lo intentamos de la mano de otros.

Los errores son vistos en el tiempo como algo malo, algo que no se puede cometer, ya que si vemos nuevamente los estándares de la sociedad, esta nos habla de la perfección, de que todo debe tener un 5, 10 o un 100 dependiendo la rúbrica o el estándar de calificación, y que decir de lo laureado, lo excelso, lo que todos deben hacer, ¿pero alcanzaremos a ser perfectos?, no, acá podemos decir que somos más de los inciertos, que de los aciertos. Y aun si el hombre quiere ser perfecto, que refrene su lengua, que sea de Sí y No, y  que su posición sea una ante las circunstancias y es que reconoce desde el principio que puede ganar o perder todo en un simple abrir o cerrar de ojos.

Miremos los errores como en verdad son, aprendizajes, circunstancias pasajeras y entendimiento sincero, que nos hacen disfrutar del proceso y no rechazar lo que ya hemos constituido, porque todo nos suma, y es que desde nuestra anterioridad, nuestra mente es tan poderosa, que nos advierte, nos reta a ser distintos y a creer en nosotros mismos pese a las equivocaciones que hemos tenido, ya que habrá tiempo para remediar, perdonar, restituir, pero siempre para actuar.

Aun cuando este actuar cueste tiempo, soledades, silencios, lágrimas y aun resignaciones autorizadas, no como un acumulativo momento, sino más como una certeza de que sentir es una opción, domar las emociones una convicción y volver a hacer una composición que merece ruido, tempo y tiempo para concordar la mejor melodía, que lleva un ritmo, para que otros aprende a ver.

La vida junto a la felicidad se define en instantes, de esos que nos ayudan a construir lo que hoy somos, lo que ayer éramos y lo que mañana solo seremos si el tiempo nos alcanza, ya que tener muchos planes no significa que lo vayamos a lograr, más bien que estos muchos sean pocos y podamos contarles a la menor cantidad de personas para poder cumplirlos.

Eso es lo que tenemos y con ello actuamos, nuestras ilusiones, fiascos, errores, para poder seguir escribiendo la historia o pausarla y así darle un respiro de los que están cerca y los que están distantes, ya que ellos pueden ayudar a comprender de mejor manera todos nuestros acontecimientos, por eso arriesgarnos a hablar de los errores es creer.

Es aguardar la mejor disposición y sobre todo cambiar, evolucionar, confiar que el mañana ya se está haciendo, como la mejor construcción que tenemos, porque todos sin importar donde estemos, hemos aprendido de lo que nos ha ocurrido y esto forma el carácter para caminar la senda que nos lleva a destruir los montes. 

Por ello, el error es romper la margen, es aceptar lo que somos y todo lo que estamos dispuestos a cambiar. Ya que estos nos han traído hasta él ahora y nos enseña a no repetir los hechos y si lo hacemos tengamos la certeza de caer de otra manera para seguir aprendiendo.

Deja un comentario