Todo lo profundo es importante, trae calma, serenidad y confianza en lo que somos, como en lo que aún estamos por descubrir.
Son las palabras las que esconden y dicen todo, las palabras escriben los hechos que pueden traer aceptación o rechazo, o en los sentidos más cercanos aquella necesidad de querer escuchar y compartir cada respirar, esos que son ligeros, intensos, o profundos. Ya que hablar de ellos es entender que en ocasiones estos no son así, ya que algunos desconciertas la razón, la convicción y la aceptación que venimos trabajando en el tiempo, es decir, lo que está permitido en lo somos y lo que no en la mejor secuela de lo que nos debemos, ya que la cuestión es el ser y aquello que rechazamos, ya que lo hacemos por el miedo que nos apodera.
Por eso pensar las palabras, es meditar las acciones que nos han traído hasta acá, el tiempo nos sigue pasando, ya que cuando éramos niños pensábamos como tal, cuando somos jóvenes nos aventuramos, pero cuando lleguemos a ser ancianos muchos otros nos dirigirán, es por eso que en el saber está el entender que hay personas que no miden el uso de sus acciones, y estos son más de las circunstancias ajenas que los han marcado que de la misma reflexión de su vida, ahora, vivir el respirar es saber que podemos estar acompañados, pero que en otros momentos estaremos solos y en ese espacio para nosotros nos mediremos para superar el estadio de incertidumbre que nos gobierna, y así levantar vuelo.
Al presente, al porvenir, a todo lo que nos define y aquello que nos cuestiona, por qué hablar es evidenciar con serenidad que antes de lo que nos ha acontecido ya somos, hemos sido y que todo eso nos trae a la matutinidad. Esa que catalogamos en el trabajo, el estudio, o en los viajes sea en carro, bici o servicio público, todo pasa rápido pero que a su vez no, ya que si vemos lo resumido del ahora las ocupaciones nos roban la tranquilidad, tanto así que no creemos en el poder de salvaguardar, la vida tiene su ritmo, nos dicta cansancio, estrés, sufrimiento y desesperanza, pero ahí es donde podemos aprender de esta para superar nuestros propios límites.
Tanto en la cotidianidad, como aquello que ocurre en casa, en las calles o en las relaciones que consideramos nuestras, todo influencia a todo, y si lo creemos podemos esperar, aguardar, cuidar y considerar que todo esto es ganancia, porque no nos damos por vencidos, más bien la perseverancia dicta el camino del triunfo, y el triunfo no es existo, es la capacidad de coexistir con todos los vaivenes diarios, es decir la alegría, la tristeza, la unión y la traición, el silencio o el ruido en fin con todo aquello que nos ocurre y está cargado de emoción y sentimientos.
Respirar es estar en ti, es ser parte de las circunstancias, aprendiendo a manejar el hoy y el mañana, es ser parte de lo que se construye y nos destruye, es saber que en esos momentos personales somos y sabemos que existe la compañía presente y ausente, es como ver las gotas de la lluvia que descienden del cielo en el momento oportuno, reconociendo que estas pueden traer paz o conflicto.
Pero ahondemos un poco más en la paz que en el conflicto porque este si que tiene muchos matices para ver, paz de respirar a profundidad, de sentir la calma y reconocer que todo lo que nos construye nos ha traído al hoy, al momento “perfecto” de saber que lo que hacemos es una construcción colectiva tanto así que compartimos reflexiones y acciones, y a esto lo podemos llamar reflexividad, lo cual es el crisol de todo lo que nos pasa y nos define, acercándonos y alejándonos un poco más de esas conductas nocivas que hemos considerado como definitorias en nosotros.
Pasemos el tiempo, las relaciones y los vínculos, miremos donde estamos y para donde vamos, extrañar es bueno, pero que este sentimiento no supere la condición de ser sentimiento, más bien que nos enseñe a que debemos soltar para ser, ya que estamos en un constante cambio, por eso definir nuestro estilo de vida es optar por aquello que requiere tiempo, intenciones y circunstancias, vivamos, disfrutemos y no huyamos de la realidad, más bien permitamos que lo real nos alcance, nos toque y nos transforme, ya que si respiramos a profundidad lograremos entender que este se hace desde el creer y desde el profesar palabras que nos motivan a continuar.
Inspirar es tranquilizar, es domar y es descansar en todo lo que hacemos, por ello, que el ahora sea ese momento para sostener todo lo que hacemos, dedica tiempo a respirar suave, ligero, en profundidad, todo ello nos hace bien aún cuando hemos dejado de tener fe.
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