Lo que tiene sentimientos y emociones conjugadas permanece y así se establece siendo esto único.
Parece ser que los instantes pasan, las horas también y el tiempo hace qué sintamos los días como un vaivén. Sentimos el domingo, ya sea lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado donde todo puede pasar, la historia, se hace desde los sucesos y desde aquellos inciertos que nos pertenecen y nos relatan un poco.
Somos el mar de historias, unas alegres otras tristes, pero todas ellas son parte de nosotros, de la construçao. Contamos lo mejor y lo peor de nosotros, sonreímos con el tiempo, tomamos café con la soledad y en nuestras meditaciones pensamos en aquellos que deseamos y que de una forma están cercanos a nosotros. Los pensamientos nos unen, nos ligan, nos enseñan y nos dan la certeza de que somos unidad.
Hemos vivido mucho, pero con el tiempo de otros parece ser poco, las vivencias nos enseñan, las historias nos sitúan, ¿pero quienes en verdad somos?, ese puede ser nuestro interrogante, somos hombres, mujeres, pero ese es nuestro género, somos blancos, negros, mestizos, esa es nuestra raza, somos de aqui o de allá, esos pueden ser nuestros recorridos.
Pero ¿quiénes somos?, puede ser un inicio desde el hoy hasta la culminación de los hechos necesarios para saber que todo lo que hemos trabajado esta a nuestro alcance, es decir, somos una temporalidad (pasado, presente, futuro), un mensaje y una razón para continuar, el mundo más allá de lo que ya es, necesita de nosotros para seguir, no como una consecuencia fallida, sino como una esperanza tardía.
En nosotros está la contruçao, de las relaciones, los vínculos, las cercanías y las distancias, somos la capacidad resumida de ver y cambiar los hechos. El destino nos precede, el silencio nos cobija, y en la multitud de consejos está la sabiduría, esa que es inteligencia y conocimiento, tanto para crear como para ayudar a otros a superar sus propios estados de cobardía.
Todos hemos sido cobardes, y eso está bien, está en nuestra humanidad. Debemos pelear contra nuestro yo, contra nuestro super yo también. Algo de lo que somos debe menguar para que lo otro crezca. Esa es nuestra guerra constante. Encontrarnos para desencontrarnos, para seguir siendo distintos y únicos a la vez. Lo que hoy hacemos es por el entendimiento y el bienestar que seguimos buscando.
Somos las plazas de la ciudad, el legado de aquellos que ya no están y el destino de lo que está en nuestro corazón, aún cuando este ha sido maltrecho, intentamos otra vez. Como mayor determinismo y como mejor afectividad, algo que es carente en el mundo hoy.
Deja un comentario