Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Estamos en una cultura que juzga más por las opiniones que por el contenido, y esto es descubrir el papel hegemónico.

La cultura no es algo más que la acumulación de pensamientos, opiniones y percepciones de lo que está bien y lo que no, está se expone, nos expone y así dicta la aprobación de esta modernidad cansada, dañada y obstruida por los estereotipos sociales y virtuales que existen, además de ello las redes sociales virtuales juegan un papel reinante y gobernante sobre todo lo que hay alrededor y es que desde ellas se dice lo que es bueno y lo que es malo. Dictando una y otra vez lo que se hace necesario para comprender la realidad y esto no es más que develar cómo los distintos procesos históricos han demostrado que lo que siempre ha reinado es la maldad sobre la bondad.

Podemos decir que actualmente estamos llegando al exceso de la aprobación y esta nos está llevando al límite de nuestra propia decadencia y así mismo la anulación del otro, a su negación y en poco a su misma destrucción tanto por lo que se es, como por lo que cree y aun por lo que acepta y rechaza, parece ser que hoy en día ya no son necesarias las posiciones, sino más bien la tolerancia a todos los discursos sociales, y parece ser que la tolerancia en vez de ser positiva se está convirtiendo en algo negativo para nosotros mismos.

Y cabe preguntarnos ¿está bien aceptar todo o más necesitamos una respuesta contraria para ver la verdad?, y acá no hablamos de verdades absolutas, ni mucho menos de aquellas que hacen que los pensamientos de otros sean reduccionistas, hablamos de aquella que se esconde a primera vista y a su tiempo producen libertad, pero esa que está destinada a la realización del yo, desde el asumir las acciones y las decisiones para mejorar la calidad de vida tanto propia como de todos los que nos rodean.

Recordemos que las posiciones muestran la historia que nos precede, y esta no es una invitación a caer en radicalismos, sino más bien en aprender a escuchar lo que el otro dice y unir fuerzas para poder trabajar. Nuestras posiciones muestran de lo que estamos hechos, todos hemos tenido distintos procesos para de aprendizaje, algunos a temprana edad, otros a mediana y quizás los que han realizado muchas acciones lo hacen de forma tardía pero quizás estos han ganado más que conocimiento, han ganado la forma para enfrentar, asumir y hablar con sinceridad ya que todas estas maneras de aprender son diferentes en sí mismas, y desarrollan el conocimiento que merecemo articular con la vida y la relación con los otros, por ello escuchar, replicar y decir que todo somos iguales es solo la utopía de los que han dictado el control de la sociedad y son aquellos que solo ven en sí la forma para ganar y establecerse sobre otros para humillarlos, desterrarlos y dejarlos sin nada.

Ya que si no tenemos nada (tanto en lo físico o en lo mental) es más fácil que seamos manipulados y creamos a ciegas lo que otros dicen. Y esta no es la posibilidad, más bien es la forma de replicar y creer que lo que hoy vivimos es la naturaleza de nuestra condición humana.  

Por ello decir que la desaprobación es hoy necesaria, es poder hablar por los que no tienen voz, por aquellos que lo han perdido todo y pese a esto siguen perseverando y resistiendo a lo que está establecido, a estos podemos llamarlos inconformes, locos, desadaptados, creadores de su propia realidad, ya que han creído que el ayudar a que los que no tienen es la mejor posibilidad para existir.

Reflexionemos, develemos, la realidad nos está pasando y las distintas opiniones hacen que la podamos ver de la mejor manera, hoy podemos entender el poder y a los que lo tienen, por eso gestar procesos para que lo suelten es romper los ciclos de dominación en los que hemos estado inmersos, es acallar los actos de “humildad” que dicen tener, y no es porque no sea nacida del corazón sino quieren la aprobación del mundo y el medio en el que gozan de privilegios.

Por ello conocer lo originario es saber que la esencia de vida es una y todos la poseemos, y que con el pasar del tiempo esta se ha ido perdiendo y contaminando con múltiples visiones sesgadas de la realidad y es porque hemos decidido caer en los extremos ideológicos y en los sentidos libertinos de la moralidad, la cual merece una interacción directa tanto para su acompañamiento como para mejorar los procesos educativos que se enseñan a todos pero unos pocos son los que lo ponen en acción.

Buscar es preguntarnos, es cuestionar lo establecido y decir no cuando corresponda, no es acentuar todo y pasar por desapercibidos, es romper los índices de ignorancia un poco, y así hacer partícipes del conocimiento aquellos que no lo han tenido y fortalecer las distintas capacidades que no son mostradas en redes sociales, sino que son atesoradas por aquellos que viven los espacios de encuentro, diálogo. 

Nuestra cultura originaria está maltrecha, está siendo transpuesta pero aun así esta es trascendental, ya que de ella aprendemos lo necesario para emprender viajes, recorrer sendas y pasear distintos senderos los cuales gestan la identidad que necesitamos para enfrentar los días y las noches, para dejar de hablar en palabra y convertirnos en acciones, ya que lo primero, es saber que no todos ni en todo momento tenemos algo que contar, más bien acallemos las voces y trabajemos para permanecer en otros.

El mundo necesita cambios, pero estos comienzan cuando conocemos la información suficiente para dar nuestras opiniones, todos los temas son relevantes, no hay unos más importantes que otros, solo son temas que están en la opinión pública. Y como ciudadanos, hombres, mujeres, jóvenes debemos responder a esas claridades y respetar las diferencias.    

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