Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Todos en un sentido amplio somos de la misma familia.

En nuestra sangre, como en nuestros pensamientos más profundos hay un rastro de lo que somos como seres humanos, la genealogía de la humanidad está en nosotros. Hay una historia que siempre debemos conocer para poder contarla, ya que como hombres, mujeres hemos construido un mar de creencias que nos definen, nos demuestran y nos dan las miles de interpretaciones de lo que hoy tenemos en la sociedad y como esta se ha construido.

Mirar al otro es saber que detrás de los miles de rostros que hoy existen, hay millares de formas por descubrir e interpretar el mundo que nos rodea, por eso nuestro corazón está inquieto y es por lo que estamos en una constante búsqueda de lo que somos, de lo que reconocemos y del destino que podemos comenzar a caminar, sea estrecho o sea ancho.

La historia de la humanidad puede resumirse de dos formas, una relacionada a los mitos creacionistas, la segunda aquellas leyendas que nos contaron los científicos sociales o antropólogos para así describir quiénes éramos, qué somos y para donde vamos si lo vemos en el sentido amplio de lo que ha sido, por ello aceptar ambas visiones de nuestro origen es ver el panorama más completo, pero no queremos sonar pretenciosos, sabiendo que estas son las únicas formas, hay más, pero desde estas podemos reflexionar lo que ha pasado, ya que aceptar o rechazar alguna de las dos no esta mal o no esta bien, solo son las decisiones que siempre nos acompañan para entender y comprender lo que hay detrás de nosotros.

La humanidad hace parte del proceso histórico y evolutivo del mundo y el universo, este nos define como seres racionales, llenos de materialismo que repite una y otra vez lo que ha sido de nosotros desde nuestros aciertos y desaciertos, enseñándonos a pensar en esto o en aquello, podríamos decir que son las posibilidades, lo que nos hace pensar en el cambio ya que a veces nos corresponde y otras veces no, por eso que tenemos ciclos infinitos y otros de corta duración cuando somos conscientes de estos, por que los distintos estadios hacen el conocimiento, el cual en el principio y el fin de nosotros como especie, es decir, vivir o morir.

Elegimos para sobrevivir, y cual sea nuestra elección nos ayuda a crear espacios de interculturalidad, donde se unen todas las cosmovisiones de lo que representamos, para así poder trabajar en conjunto por un bienestar compartido o separarnos para construir nuestra individualidad y crear el destino.

Todos tenemos una línea en el sentido amplio, somos indígenas, campesinos, rom, negros, minoritarios, excluidos, llenos de racionalidades no entendidas por occidente y por sus bases hegemonicas del capital, si ese que nos hace instrumentalizar las cosas y las personas, la cual rompe todo vinculo con nuestras raices gestando ideas sesgadas de conexión, libertad y consumo.

El capitalismo piensa no en el bienestar de muchos, sino más bien en la acumulación del capital en pocas manos, donde la explotación y la discriminación son las fuentes reinantes de su poder, que conjudado con otras instancias tales como la política, las fuerzas militares y los credos -engañosos- dictan no solo un deterioro a la cultura, sino a todo aquello que se acerca y muestra otra forma de vivir y poseer la tierra es así como este se alimenta cosntruyendo desde el miedo las faltas de oportunidades que todos merecemos.

Hablar de interculturalidad no solo es hacer mención a las distintas poblaciones que definen y defienden la tierra, sino también es hacer un alto para conocerlas, intercambiar saberes y construir con ellos, otra forma de interpretar la realidad, es caminar y transitar las sendas que nos han definido, ya que esta es la mejor parte que podemos hacer para aceptar las diferencias y desde ellas trabajar, conquistando lo que es real y lo que une a todos, hablamos del buen vivir, o el buen convivir, que se relaciona con el reconocimiento de lo distinto dentro de la otredad, y seguido a ello, cuidar comenzado por lo que se hace a nivel personal y a nivel mundial, ya que todas las acciones que ayuden a los que no tienen una voz fuerte en la modernidad requieren de carácter, sencillez, felicidad y regocijo tanto para uno como para el otro.

Merecemos más de lo que tenemos, y eso está bien, pero que tal si todos trabajamos para construir un medio donde las posibilidades sean iguales para todos, para hombres, mujeres, jóvenes, niños, niñas y adolescentes, que se respeten la culturas y que si estas se combinan sea para aprender, compartir y saber que lo que hoy hacemos nos define y el futuro solo es una construcción más. 

Nuestra invitación es a que seamos culturales, interculturales y pensemos un caminar distinto al que muchos ya han creído, es tiempo de reconocer al otro y ser más por acciones misericordiosas que por sus discursos reinantes. Todos estamos destinados a algo mayor, nuestra tarea es descubrirlo, cuidar de lo que tenemos y si es el caso, soltar para que otros también crezcan y puedan ser lo que han decidido desde cuando eran infantes. 

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