Muchos dicen saber qué es lo mejor para otros, pero no han pensado en reconocer lo que siempre ha sido suyo.
El mundo es una causalidad y este es el efecto de lo que algunos hacen para otros, y estos en sus imaginarios creen que lo que reciben es un bien inmerecido, pero esa es la mayor falsedad, ya que nadie hace algo por otros de forma desinteresada, o bueno en su mayoría de veces no para así. Quizás todos podemos tener el mismo inicio, pero las circunstancias nos hacen distintos, entre ellas podemos ver las comodidades, los privilegios o la escasez de estos, lo cual nos hace omitir o creer que todos podemos tener lo mismos.
Pero tener lo mismo es una utopía, es un camino muy distante al que vivimos en nuestra realidad, ya que hoy premia la desigualdad, la falsedad, el individualismo y el siempre vanagloriar el yo, y puede que sea necesario resaltarlo, pero más que ello, podemos pensar en comunidad, en aquella tribu que nos cuida y nos defiende.
Ahora bien, pensemos en algo llamado educación, esa que por toda Latinoamérica se pelea, se exige como un derecho y lo que los jóvenes, no todos ven como una oportunidad para mejorar, aprender o poseer una disciplina es poder desarrollar vida. Ya que esta merece decisiones, convicciones, metas, planes y procesos de largo aliento. Sí, esa educación que se le exige a los gobiernos, a los políticos y a sus partidos, para que todos podamos tener las mismas oportunidades.
Educación, pueden ser muchas cosas, pero esta comienza desde casa, desde los pequeños hábitos, los modales y el respeto que se da a otros, por lo que son, por lo que han vivido y porque su experiencia les ha permitido vivir de una u otra forma. De esa educación hablamos, no de la que da conceptos o conocimientos, sino de la que nos forma de manera integral. Esa que siempre ha estado pero que hemos dejado atrás porque somos adultos, pero sí veremos con detenimiento a los niños, aprendemos a nunca perder la curiosidad ante el mundo, ante la realidad y la naturaleza que nos acompaña.
De esa educación hablamos, de la que nos permite construir una posibilidad para crear espacios seguros para la paz, la fraternidad, la ayuda y la construcción compartida de lo que somos, tanto desde los valores, las creencias y los sentidos científicos que están en nosotros. Ya que si discutimos, construimos, porque distintas voces hacen la opinión pública y esta se convierte en realismo, en confrontación con los que dicen hacer, pero deshacen, ya que sus intereses están reunidos con aquellos que no quieren que otros despierten de su realidad.
Por eso la educación debe ser emancipadora, debe llevarnos a construir un diálogo amplio sobre distintos temas, plan de vida, emprendimiento, administración de recursos, redes, alianzas, salud mental, inteligencia emocional, creencias contextuales, y por qué no, lo que se nos viene a la mente aun si fuese absurdo es decir, lo que nos mueve y nos hace despertar cada mañana. (Cuéntanos qué es, comenzamos nosotros, y es llevar esperanza a otros).
Hoy vemos la educación desde casa, desde los contenidos digitales, desde los cambios que hemos tenido, pero aterrizar la, es saber que no estamos solos y que todos podemos aportar a que el otro crezca, se desarrolle y cuestione lo que los rodea, ya que hoy a educación tiene la meta de comprender cambios, hacer ideas y luchar contra las injusticias, es desde ahí donde buscamos el despertar de la crítica como posición y las acciones para alimentar las, una de ellas es escribiendo en blogs, otra grabando podcast, haciendo piezas publicitarias, o acercando el conocimiento científico a lo cotidiano, hay muchas maneras.
Eduquemos para cuestionar, para alzar la voz y para ayudar a quienes no tienen las mismas posibilidades, para respetar, aceptar la diferencia pero sobre todo para hacer un mundo más habitable. Todos no tenemos las mismas posibilidades pero si lo intentamos una y otra vez podemos hacer que todos podamos tenerlas.
Y hablar de educación como exigencia es entender todo lo que ha hecho los movimientos sociales, estudiantiles ante los gobiernos, no es robarnos sus ideas o iniciativas, es más bien entender que ha sido un proceso largo y este es justo tanto para los que han puesto el pellejo como para aquellos que aún no han llegado. Por eso ver a los estudiantes, a los jóvenes, y a los movimientos sociales en acción es saber que sus luchas son reivindicatorias.
Acerquémonos a sus quejas, a la lucha de la universidad pública y privada, pero entendamos que todos somos partícipes y que construir conocimiento es no acoplarnos a lo que dicen unos pocos. Por ello, hablar de economía, de política, de educación de virtudes en las casas, en las calles es unir los saberes de todos para hacer la educación del siglo xxi, la cual analiza, cuestiona, vincula y comparte los análisis y reflexiones de la realidad.
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