Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Nuestra lucha debe ser en pro del beneficio de los que no han aprendido a luchar.

Muchas claridades poseemos ante la existencia, las dudas han de marcar la nubosidad de la visión del mundo, reconocer la injusticia es saber que todos tenemos parte en esta balanza, los conocidos, y los desconocidos deben juntarse para entender la objetividad y la subjetividad de los hechos que nos marcan, no son tiempos para huir, más bien son tiempos para construir vías rápidas que nos enseñen del esfuerzo y la vida.

La noche ha comenzado, ha caído desde el primer momento en el que comenzamos a extrañarla, parece ser que todos corremos a nuestros escondites, dejamos aun lado nuestras contradicciones y persistimos en sentirnos seguros en aquellos lugares que refugio, sea este un hogar, el trabajo, o quizás ese bar que ha conocido más nuestras penas que nuestras glorias, todos tenemos distintas maneras de relacionarnos ya sea con espacios, edificaciones o aun la misma naturaleza dentro del concreto que se llama ciudad, la cual dice que se desarrolla y se convierte hasta lo sumo en una metrópolis que mata una que otra vez algún transeúnte no por derecho sino porque no tiene un escondedero. 

Los barrios son conocidos, segregados y aun olvidados por sus tradiciones y aquellas luchas que se han gestado y han significado el mejoramiento de su calidad de vida de sus pobladores. Todas las ciudades comenzaron por uno de ellos. Estos son centrales para los que lo viven, pero son lejanos para los que desconocen su formación y sus nuevas fronteras invisibles, las cuales solo argumentan la discriminación social que se enmarca dentro de los estratos sociales, culturales, políticos y económicos, respondiendo así a las dinámicas de la globalización y la estandarización del ser. 

Acá cabe preguntarnos ¿cómo permitimos que gente menor se pierda en nuestras ciudades? sencillo, invisibilizando su condición de vida, rechazando sus conductas y sus modos de vivir, los hemos excluido y a la vez los hemos acercado al consumo de sustancias psicoactivas y a los excesos que contaminan a las ciudades, ya que somos expertos en romper vínculos naturales e imponer otros, la naturaleza nos habla, la economía nos instrumentaliza y no vale hablar del daño social porque este es uno de nuestro motores de desigualdad, robo, asesinato, usurpación y traición al pensamiento llevándonos a la anulación de lo que somos, seres humanos multidimensionales que necesitan de la fe y la ciencia para construir las creencias.

Esta última puede ser una claridad para comenzar vivir con caridad o sin ella, esta es una elección propia, no cabe relación injustificada donde no merezcamos ayudar a otros por sus acciones, solamente esta nace cuando en verdad existe la persecución y la mejoría de las ideas, las cuales comienzan a crecer, a establecerse y a saber que de ellas podemos hacer en virtud de la razón y la convicción, ya que todo lo que planeamos merece ser desarrollado con perseverancia. 

No nos cansemos de hacer el bien, nuestra disputa es saber llegar, necesitamos de otros para superar el camino y plantearlo nuevamente, son tiempos de reconocer, luchar y nunca dejar de caminar, porque el caminar es una esperanza tardía, es la relación con el mundo y es la grandeza de nuestra humanidad.

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