Caminar es conocer las sendas que otros han hecho y desde ellas crear.
Ser reflexivos es pensar en todo lo que nos acontece tanto de forma directa como indirecta, la vida es pasajera y más dentro de lo rural. En ocasiones hemos escuchado historias que al contrastarlas con la realidad nos muestran que todos hemos sido desplazados, algunos por la violencia, otros por buscar nuevos horizontes, y los más decididos por las aventuras, pero quizá, eso es lo que nos une, en nuestro interior yace el ser nómadas en este mundo lleno de intereses.
Una cosa es despertar en la madrugada en un lugar seguro, otra es salir a un incierto más, por las calles, las trochas que desconocemos y estas componen la cabecera o el corregimiento de aquel municipio que hoy no nos ve crecer, no todo es como nos lo cuentan, muchos despiertan con riesgos, otros con privilegios pero esa es la vida que tenemos, no son bendiciones o maldiciones, solo son los patrones de nuestra desigualdad.
Todo lo certero nos enseña el camino que debemos asumir, ver de lejos se convierte en aquello que debemos dejar atrás para seguir intentándolo, a veces es nuestra familia, nuestros amigos y/o compañeros, la tradición y esas esperanza de ser sabios en nuestra propia prudencia. Huir es una opción, pero asumir es la más grande de todas, con silencios, reflexiones, cuidados y esos miedos que siempre nos persiguen.
Nuevos rumbos dan miedo, enfrentarlos solos aún más, pero si no lo intentamos un remordimiento nos inundará, a veces con sentido de muerte, en otras ocasiones de desilusión, fracaso, frustración, pero si lo intentamos un día a la vez, podemos entender que todo se construye como una bienaventuranza de aceptar costumbres, culturas y personalidades distintas a nosotros. Es por ello que migrar es solo una intención para romper la tradición de la invasión y la rendición.
Quizás, montarnos en un camión a las horas de la madrugada trae consigo memoria, de los bendecidos y los malditos, aquellos que nos robaron de a poco y se unieron a los que tenían “todo” pero que al final solo se destruyeron así mismos, porque sus manos se carcomieron y sus historias fueron borradas como la de aquellos muertos violentos que tiene nuestra nación.
Esos que dejaron de existir porque plantaron destrucción, y no son como aquellos que defendieron a sus familias y sus comunidades y que desde los argumentos trataron de sembrar esperanzas, que muchos hoy recuerdan entre risas y lágrimas, sus historias solo han sido semillas para contar lo que es la eternidad y distinguir aquel que es justo contra lo que es malvado, por eso estas letras hacen parte del alzar la voz y comenzar a contar.
El horizonte es una ilusión, pero de igual forma es singular, es como la neblina la cual toca el suelo y se desvanece, creando la sensación desesperanza en nuestros ojos, pero esta neblina es la que nos cuenta la realidad que estamos conociendo y así enfrentando.
Miles de familias fueron y siguen siendo desplazadas, llegan con esperanzas rotas a la ciudad y asumen este nuevo problema, el problema de ser víctimas de esta realidad, la cual desconoce y ha creado miles de alcahuetas que les dan invisibilidad y los excluyen como aquellos mezquinos que los desplazaron, y algunos entendidos sólo los alardean por unos cuantos días sin sentir el flagelo del ser desplazados, es entendible, pero debemos tener más empatía, ya que todos vivimos condiciones similares y lo que todos buscamos es cómo sobrevivir.
Nuestra historia no es como la de muchos, muchos viven en la seguridad de un hogar, otros solo quieren construir un mejor mañana para aquellos infantes que los ven crecer, es por ello que buscamos empatía, y oportunidad para seguir alimentando el brillo de los ojos de aquellos que lo han perdido todo.
Sonará contradictorio pero solamente es una conversación para entender lo que se nos ha vuelto muy personal y es aquel temor que nos gobierna, que es reinante y que nadie sabe expresar, es curiosidad por expandir los milagros vacíos, es madurar nuestras conversaciones y saber que no todos la pasan igual a nosotros. Es actuar en pos de aquellos que conocemos y necesitan una mano amiga.
Todo esto lo podemos ver en la irisación de nuestra piel, en el día pasajero y en las arrugas de nuestra paz, son muchos los muertos que se han hecho santos, pero son pocos los rebeldes que han hecho del pasado su presente para seguir luchando y siendo ejemplo para muchos.
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