La indiferencia es tan nuestra que la tratamos como una noticia de periódico.
En nosotros yace una enfermedad moderna, que con facilidad nos hace ignorar la verdad con las mentiras que se repiten una y otra vez por los estamentos mediáticos de comunicación. Desarrollando en nosotros el mayor defecto de nuestra humanidad que definido es la ignorancia y así la construcción de las historias de la memoria colectiva sobre lo que pasa.
Todos despertamos una vez más con el dolor de ciudad, de patria y de contexto. No valemos más que nada para aquellos que dirigen el orden social. Creer da poder pero este puede tener su tiempo para caer. Las instituciones sufren del individualismo y la corrupción. Y las mazas se cansaron de ser más los oprimidos.
Hoy se viene alimentado una rabia que debemos saber canalizar, las mejores expresiones son las que acaban lo que en verdad le duele a los poderosos y esto va direccionado a su ego y su riqueza.
Caerán todos aquellos que pintan las calles de rojo, pero antes que eso ocurra debemos luchar contra el olvido es no querer lo que somos. No es tiempo para omitir lo que es antiguo y personal, más bien desde ello despertemos con más fuerza y expresemos, ya que venceremos aquellos que mal nos representan.
Aprendamos de la nostalgia y de la diferente, la violencia se acaba con verdad, el odio con amor y lo social se puede seguir trabajando. Ya que cada uno de nosotros somos como un pasquín informativo que cuenta una interpretación de lo que acontece en nuestro contexto. Pensemos en el mañana y en todo aquello que buscamos para los que nos siguen, ya que la añoranza se convierte en esa segunda milla que debemos aceptar y construir.
Ya que lo qué hemos estado viendo a lo lejos se suma a nuestros radicalismos, para aprender a sentir y aferrarnos a la vida como el camino en donde danzamos, escribimos, escuchamos y contradecimos lo que es falso.
Es tiempo de leer la otredad, tanto desde los textos como de aquellas expresiones que hablan de la realidad social y las ciencias, ya que no seremos más negligentes, ahora entendemos que llegará el día en el que volveremos a los valles, las trochas y la tierra que pisamos distinto, para ser militantes de la esperanza y la reconciliación.
No solo basta con ser optimistas, debemos ser realistas y romper el trabajo mecánico de nuestras ciudades, aceptando lo desconocido, y perseguimos distintos caminos para encontrarnos.
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