Los votos están cargados de vida.
Las palabras son el principal cúmulo de sentimientos, deseos y pulsaciones que nos hacen evidentes en distintos contextos, tales escenarios como los personales, políticos, educativos y culturales. La llegada de las palabras se da por un proceso de aprendizaje y de imitación, al comienzo es difícil su pronunciación, pero con el paso del tiempo conocemos el sonido y la vocalización que debemos hacer una y otra vez, se vuelve muy personal el pronunciarlas, es así como dentro de la inocencia que poseemos hemos superado esta barrera, y hoy podemos decir que en la actualidad todo es más práctico aún cuando existen difíciles escenarios para pronunciarlas, estas son vida y muerte, apropiación y engaño, pero muchas de ellas son solo interpretación.
Cada palabra tiene un significado y una etimología que brinda claridad para estos tiempos contemporáneos. Desde su creación estas poseen una definición que nace como respuesta a diferentes circunstancias. Nosotros debemos aprender de ellas y compartirlas, reconociendo de esta forma nuestros errores al momento de utilizarlas, para corregirnos y aceptarlas tal y como son.
Las palabras han estado escritas en piedras, en madera, en lugares visibles y aun en la piel del ser humano, dando un recuerdo, que hoy solo es un deseo para querer mostrarlo y así poder recordar la esencia de lo que ha sido y de lo que atesoramos. Las palabras ligan, expresan y están cargadas de experiencia, ternura, odio, rencor o incondicionalidad.
Podemos decir que las palabras son cercanas a las promesas, a las plegarias al viento y a los ecos que tratamos de mantener en nosotros para no olvidar lo importante que estas han sido en lo que somos. Muchas palabras nos recuerdan las voces que han estado ausentes en estos días y es por ello que buscamos una reflexión matutina para emprender nuevos planteamientos que nos enriquecen, nos ayudan a madurar y nos llevan a asumir otras facetas que están por reconocer. Es por ello que aprender es descubrir todo lo que nos da conformidad y experimentarlo en lo matutino, sabiendo el pasado que ya hemos superado y esos límites que debemos romper como anclas.
Cada promesa como cada leyenda que se hace, ha de escribirse. Porque el pronunciarlas es incrustarlas en lo más profundo del ser. Entendiendo así la esperanza al cumplimiento de esos votos puestos en ellas. Dando así la mejora a las actitudes y pensamientos que tenemos, las cuales son dadas y recibidas desde la cercanía y en ocasiones desde la lejanía de los nuestros, porque ellos nos acompañan en este caminar por una milla más.
¿Qué cabe en una palabra? cabe todo; definiciones, acertijos, sentimientos, sentidos, rechazos, ofensas, felicitaciones y aún las fracciones del tiempo que hemos consumido y que nos han dado. Hoy todo esto hace parte de un recuerdo y de la bondad de las experiencias, demostrando la crudeza de lo que nos hemos convertido tanto desde nuestras perversiones como de esos deseos que el universo ha traído a nosotros.
Es por ello, que ver las palabras en el mundo es entender el cúmulo de saberes y conocimientos que nos preceden. Gestando una construcción cotidiana de ideas resumidas, conversaciones sin fin y de esas acciones llevadas a la práctica que dan sentido a las convicciones, que con otros se suman para tener una metas personales y colectivas.
Para que exista camino, hubo alguien que comenzó a caminar primero. De esta manera se crearon las historias, los mitos y las leyendas, las cuales resumidas a las palabras nos han dado la certeza de aprender y emprender. Como para contar las visiones de lo cotidiano, asumiendo las diferentes formas de construir con otros las creencias. Conviviendo así lo nuevo y lo viejo a la vez, dentro de los hechos, lo cual une los mundos, haciendo de ellos comunidad sin importar los mares de silencios que hemos de pasar. Es eso el ruido convertido en estruendos que vivifica la utopía política que yace en nosotros. Humanidad solidaria y gentil con el mundo moderno.
Es por ello que las palabras se hacen promesas y estas son el recuerdo de la hechura de nuestras búsquedas, acompañadas de horizontes y de dolores que dentro del abandono gestan las ideas más grandes que podemos realizar en soledad y en compañía. Ya que tener propósito no es el mayor de los logros, solo es la forma y la veracidad con la que el mundo da su reconocimiento.
Que brillen las palabras, los consejos y esas promesas que se vuelven acciones, que estas lleguen a todos y que podamos desde ellas seguir enseñando, entrenando y cuidando a los que van a estar. Y es por ello que esta es una promesa y puede ser la más grande y la más resumida.

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