Nueva temporada de más escritos, más ideas, más reflexiones y conversaciones.

Nuestro ideal es encontrarnos para brillar en el camino aún si nuestra voz no vuelve.

Lo bonito da miedo, tener miedo es entender las palabras, hemos sufrido y alguna vez hemos hecho sufrir. Lo bonito da experiencias, por miedo se cambia la historia y sufrir es comenzar a correr. Todo conjugado trae nuevos pensamientos y querer compartirlos es poder transformar las dificultades. 

Si renunciamos a nuestras creencias hemos comenzado a perder nuestras convicciones, borrando paso a paso lo que somos. Hoy en día se nos bombardea nuestra identidad, se expresa que podemos ser lo que queramos, pero se olvida que para ser partícipes debemos reconocer al otro. 

Reconocer es caminar, es mezclarse y reflexionar la similitud que hay entre desconocidos, todo trato debe darse con serenidad y confianza, ya que desde esas acciones todas las actitudes pueden ser recíprocas; hemos de comenzar con palabras, sentidos y con los susurros que se convierten en sentimientos. Por ello construir las relaciones humanas es sembrar rosas y cultivar amistades

Todos los desconocidos poseen una semejanza entre si, existe en un primer momento el deseo de conocer y esto se da para romper los propios esquemas de invisibilidad, y así dar fuerza al el entendimiento de la realidad. Buscar sin prisa es entender lo natural, es mirar lo que siempre se ha escondido con otros ojos.

La descripción del hoy comienza con el reconocimiento de todos aquellos que nos aconsejan y nos escuchan, tanto desde sus planes como de esas ideas que nos ayudan a recordar la música, que en su tiempo nos ha traído calma ¿donde la escuchamos? en cualquier lugar que nos recuerda la verdad.

Somos una enfermedad que merece descripción, somos los rastros que hablan desde las particularidades, cada paso que damos impacta, y cada acción tiene la atención de otros, no somos solamente pensamientos, somos parte del tiempo, de los días y de las necedades, que sumadas son la cura del sistema que nos enfermo y nos trata de desechar. Es decir, somos la cura como la enfermedad, ser extraños y la amistad, transeúntes y fugaces.

Que revitalizan las secuelas tardías de los pasados comprendidos, que trabajan para funcionar como el motor de no cometer los mismos errores, dejando a un costado la forma egoísta de lo extraordinario, y pensando en el otro desde el gozo y la paz como una acción personal en lo colectivo.

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